Juan José López Freire
Noel Castro Méndez
Saúl González

Exigente profesión de unos seres muy bien dotados en paladar y olfato, especie de guardia personal de la calidad, tradición y liderazgo de los Habanos, integrados a nivel de fábrica en las comisiones de degustación, instancia que funciona como tribunal de prueba para las marcas y vitolas producidas en cada fábrica en cuanto a parámetros de aroma, fortaleza y sabor según sus ligadas específicas; y que también es decisivo frente a cada propuesta de lanzamiento de nuevos Habanos al mercado.

A propósito del papel de este pequeño grupo de hombres y mujeres de tan decisivo papel, hemos conversado con Juan José López Freire, jefe de la División de Industria en el Instituto de Investigaciones del Tabaco de Cuba, reconocido catador, principal promotor y, de hecho, en la práctica, fundador de estos paneles de cata –hoy toda una institución e imprescindible eslabón de la industria del torcido en Cuba. «Esto surge en la pasada década del 70», recuerda. «Con anterioridad los dueños y administrativos aprobaban o no el resultado proveniente de las galeras y decidían en los temas de calidad.» El desarrollo del Habano requirió después del triunfo de la Revolución, en 1959, mayor especialización y exigencia en su calidad e incluso realizar nuevas propuestas de productos de cara al mercado internacional. Se fundaron escuelas de torcedores y se redimensionó la industria, con más trabajadores y mayores capacidades, lo que debía ser seguido de cerca. Fue de esta manera que se decidió establecer que por cada 100 torcedores, existiesen 10 especialistas de este tipo, de modo que son tantos cuantos demande el número de tabaqueros por fábrica, «hasta tres comisiones de cata puede haber en algunas de estas manufacturas más grandes, que funcionan en horarios diferentes para facilitar estas rigurosas y especializadas pesquisas», amplía Juan José. Como regla las comisiones deben ser renovadas cada tres años, pues algunos de sus integrantes cambian de puesto de trabajo o sienten que sus actitudes han disminuido para estas funciones. Precisamente es el Instituto de Investigaciones del Tabaco de Cuba, el principal responsable de la actividad en cuestión. Actualmente la industria del torcido en Cuba cuenta con más de 120 de estos especialistas que realizan diversas labores como torcedores, administrativos, fileteadores, despalilladoras, pues cualquiera puede optar –si tiene las condiciones– por integrar estos equipos, con la aprobación del Instituto de Investigaciones del Tabaco de Cuba. Exigentes requisitos Además de disponer de las cualidades propias de quien tiene la capacidad de identificar sabores, olores y fortalezas, para ser un buen catador de Habanos es necesario saberse expresar, ser valiente en la defensa de sus criterios y sentir un amor indiscutible por el tabaco. Los aspirantes deben acercarse a los jefes de calidad de sus industrias y realizar la solicitud al respecto en espera del momento de renovación del panel de cata en su fábrica. Llegado el momento, se enfrentan a una prueba en la que se les entregan tres tabacos sin anilla –dos iguales y un tercero diferente–, lo que el aspirante debe identificar. Esto se repite seis veces, para evitar casualidades. Luego de aprobarse la evaluación inicial, el futuro catador pasará un curso en el que representantes del Instituto de Investigaciones del Tabaco de Cuba, le ilustran sobre distintos aspectos técnicos propios de la especialidad, que además de dotes innatas, requiere también de formación y entrenamiento. Todo un homenaje a los catadores de Habanos, sus habilidades e importante papel en la preservación de la calidad de este producto o como instrumento de evaluación de nuevas propuestas de ligadas y vitolas, es la celebración por primera vez en el XIII Festival, de una gran Cata a Ciegas para la que fueron seleccionados 30 participantes, entre catadores de las comisiones de degustación de la industria, sommeliers y aficionados.

La industria del torcido cuenta actualmente en Cuba con poco más de un centenar de catadores de reconocida especialización

Entre catadores

Noel Castro Méndez Comenzó a trabajar en el sector tabacalero en 1998. Tiene 30 años y es fileteador. «Me interesó desde un principio poder participar en estas catas y fui a mi jefe de calidad a solicitar el ingreso a estos equipos. Ha significado mucho para mí, saber que participo o incido en la calidad del Habano, desde hace 10 años». Entre sus preferencias están las fortalezas medias, en formatos como Robusto, además de también tener predilección por las Julieta y la Mareva.

Tamara Jane Roche Más de 14 años de experiencia, primero como torcedora y luego como técnica en normalización de la calidad, tarea que comparte en con sus funciones como catadora. «Me parece una labor muy interesante, a pesar de ser complicada y de una gran responsabilidad, que exige saber de todo, comprender todo el proceso tabacalero en el torcido, desde la moja hasta la salida del producto final, lo que también ayudó mucho en nuestro trabajo y a la hora de emitir cualquier juicio o conclusión en una cata de Habanos.» Tamara prefiere los cepos medianos y la Dalia, como primero.

Juan José López Freire De sus 68 años, la mayoría los ha dedicado al Habano. Comenzó a trabajar como rezagador en la Fabrica José L. Piedra cuando tenía 16 años. Después de 1959 se formó en cursos de administración y luego continuó estudios de técnico medio hasta graduarse en 1979 de ingeniero químico. Finalmente ingresó al Instituto de Investigaciones del Tabaco de Cuba y realizó diversos cursos de especialización. Fundó las comisiones de degustación. Es el principal responsable de los catadores de Habanos de Cuba. Sus gustos personales transitan de un Siglo VI de Cohíba a la más novedosa línea de esa marca, el Behike, que considera de muy alta calidad.

Saúl González Lleva 23 años en el mundo del tabaco, donde comenzó como torcedor. Reconoce: «los catadores tienen un papel fundamental en la industria para valorar la ligada exacta y atajar cualquier problema que pueda presentarse en el torcido. Me encanta el mundo del tabaco, me fascina por la dedicación necesaria para trabajar en esta industria, lo minucioso de las labores, la comercialización, el cultivo y toda un cultura que aprendí mediante diplomados y otros cursos». Se confiesa amante de los Habanos con cepo entre 48 y 50, como la Corona Gorda o el Robusto y se considera fumador de media de Cohiba y Hoyo de Monterrey.