Un único disparo… fallido, del mayor cañón de Cuba
En la colina donde se levanta el Hotel Nacional de Cuba, en el saliente costero de Punta Brava, en el Malecón de La Habana, está emplazado aún el mayor cañón que instaló la artillería colonial en el siglo XIX. Se trata de un pesado Ordóñez de fabricación hispana, de 305 milímetros de diámetro en su ánima y 10 metros de largo, dirigido allí contra posibles objetivos navales. Colocados en el área con igual propósito, otros poderosos artefactos de esa centuria, pero no tan grandes ni pesados, son hoy un curioso atractivo para los cientos de turistas y paseantes que se recrean en los jardines que cubren buena parte de este segundo morro del litoral habanero.
El viejo y poderoso Ordóñez estaba activo en 1898, cuando la intromisión norteamericana en la guerra de Cuba, y fue llamado a tirarle al crucero Montgomery, de la armada de los Estados Unidos, que participaba del bloqueo naval a Cuba y se había acercado provocativamente a la ciudad. La enorme pieza cargó y disparó un obús, ante la mirada esperanzada de sus sirvientes, pero… ¡no dio en el blanco!, y no hizo un segundo intento. El hecho quedó como otra anécdota, dentro de las tantas del Hotel Nacional.
El gran recinto de alojamiento de lujo, inaugurado en 1930, fue el mayor y más selecto hospedaje de la ciudad, y sirvió desde entonces de punto de convergencia de muchas figuras de relieve de la política mundial, la cinematografía de varios países y de otros personajes de las artes y letras. Y dentro de ese torrente de viajeros, los muy distinguidos capos de la mafia siciliano-norteamericana, que lo invadieron casi desde su apertura e hicieron acto de presencia aquí en interés de controlar el juego y del tráfico de narcóticos hacia Estados Unidos desde el Viejo Mundo.
Hoy el magnífico edificio se halla como el primer día, o mejor, pero ya no alberga gansters, ni delincuentes de cuello blanco. El Hotel Nacional de Cuba se ufana de recibir a los más relevantes jefes de Estado, políticos, artistas, científicos, deportistas y vacacionistas anónimos del mundo entero, quienes son vistos aquí tomando el fresco con tranquilidad, junto al silenciado Ordóñez, que tanta historia ha hecho de su primero y único disparo…fallido.