Los hoteles contemporáneos, entre la floresta y el mar
Conozco a más de un habanero que disfruta sus paseos por la vieja barriada del Vedado y goza de sus sombreadas aceras y parques, de su trazado urbano rectilíneo y de sus grandes mansiones de principios del siglo XX, o tal vez fechadas en los últimos años de la centuria anterior. El calificativo colonial de vedado (prohibido) para esta zona se levantó siglos atrás cuando las autoridades hispanas comprobaron su inutilidad para impedir que el paso de transeúntes por el tramo costero pudiera conllevar el ingreso a la Villa de San Cristóbal de La Habana de asaltantes, piratas o enemigos.
El crecimiento de la zona como barrio fue tardío y cuando empezó a poblarse, corrían en la ciudad, y en Cuba, los aires neoclásicos que arribaban de Europa. Fue por esta razón que sus grandes residencias fueron marcadas por la opulencia y la modernidad grecorromana que, a esta altura del siglo XXI se reconoce como de una curiosa antigüedad. No por gusto algunos definen al Vedado como un museo urbanístico, con un grupo de casonas de esa hechura. Pero más que otra cosa los inmuebles están diseñados a la manera predominante de la ecléctica cubana, que mezcla detalles moriscos, barrocos y neoclásicos.
El Vedado no solo es admirado por sus elegantes casas y sus calles y avenidas de adoquines de granito importados y hasta cubiertos de metal, sino porque sus parterres, jardines y patios interiores se adornan con una floresta muy verde, poblada por infinidad de aves canoras del país o de las de paso que, provenientes de América del Norte, se hacen sentir aquí desde el comienzo del invierno boreal.
Hoy este museo, también naturista, se significa por sus anchas vías rápidas y por los altos edificios de viviendas, oficinas y hoteles, que han emergido en la segunda mitad de este siglo y después. Aprovechando los escalones gigantes de las emergidas terrazas marinas de su litoral, se han dispuesto estas obras en anfiteatro desde el Malecón.
Así escalonados, surgen los edificios más altos -como el llamado Focsa, con 39 pisos y un restaurante en el cielo-, y otras bellas construcciones contemporáneas que coinciden con los más importantes alojamientos de la ciudad: el Hotel Nacional de Cuba, junto al Malecón; el Habana Libre, que es el más elevado porque está en lo alto de una terraza plana; el Cohiba y el Riviera, con multitud de servicios. Todos estos hoteles tienen una gran calificación en el turismo de congresos, con sus diversos entretenimientos, piscinas, y gastronomía de primer nivel.
En un céntrico parque de esta barriada (calle 17) puede producirse un singular encuentro con John Lennon, el inolvidable creador e integrante de los Beatles. El escultor cubano José Villa logró su vívida imagen informal en bronce a tamaño real: sentado como cualquiera en un banco de ese lugar, el legendario Beatle, con su mirada apacible, como en éxtasis, tras sus espejuelos que muchos tratan de tomar indebidamente como un indispensable souvenir, por lo que ha debido ponérsele en compañía de un amable custodio. Lennon fue asesinado en Nueva York en 1980, pero su música se sigue escuchando en La Habana.