La Habana en su conveniente Ignotos navegantes hispanos que exploraban Centroamérica, Yucatán y México, a principios del siglo XVI, sucedieron a los aborígenes en el descubrimiento de la Bahía de La Habana, como abrigado y oportuno refugio. Se cuenta que una emanación natura de chapapote en su ribera, aconsejó a esos marinos calafatear los cascos de sus embarcaciones en este lugar, que pronto llamaron Puerto Carenas, años antes de la fundación oficial de la Villa de San Cristóbal de La Habana, en 1519.

Justo ese año fue que un osado piloto español llamado Antón de Alaminos descubrió al norte inmediato de esta bahía de bolsa, el luego llamado Paso del Nordeste, entre la Florida y el cercano archipiélago de Bahamas, por donde corre hacia mayores latitudes la rápida corriente marina del Golfo (la Gulf Stream). Por esta vía los veleros cargueros de la España colonial accedían a los vientos contra alisios del noroeste, que a pocos días de navegación daban aquí por la popa, y así podían efectuar un regreso atlántico más raudo a la Península, cosa que sucedió durante casi las cuatro centurias siguientes. La exploración y conquista del entorno próximo a La Habana, ahora con la Florida y el interior de Norteamérica, y la cercanía habanera al Paso del Nordeste, con sus ventajas para una rápida vuelta de los galeones cargados de riquezas a Sevilla, hizo crecer el caserío primitivo de la villa, las posadas, tabernas y facilidades portuarias, y las fortificaciones, e igualmente los huertos, la ganadería, la tala de bosques preciosos para astilleros, y los caminos.

En los finales del siglo XVI, ya La Habana operaba como punto de concentración de los buques de las Flotas del Nuevo Mundo, que eran grandes convoyes protegidos para el cruce oceánico, vía Paso del Nordeste. Se llegaban a reunir en la bahía cientos de embarcaciones con carga y pasaje, a veces por meses, en espera de la señal de salida. Esto derivó para la villa una numerosa población flotante –el primer turismo masivo que se recuerde-, y el surgimiento de servicios que aumentaron la prosperidad local, por demás sitio atractivo para el ataque y saqueo de piratas y corsarios, a los que entonces se les llamaba franceses.

La creciente actividad económica, no obstante el carácter monopólico del comercio exterior de la colonia, provocó que en 1762 se produjera la Toma de La Habana por los Ingleses. El hecho removió las alternativas comerciales de Cuba e hizo conocer a la opulencia española local y a su descendencia criolla, las oportunidades que significaban los libres tratos con las Trece Colonias de Norteamérica -pronto convertidas en los Estados Unidos-, y con otras naciones europeas. Es cuando emergen intereses dispares en la sociedad de la Isla y las ideas separatistas de España, de manera que en los albores del siglo XIX se hacían ver los primeros rasgos de la nacionalidad cubana. Entraron al país las influencias de las luchas emancipadoras de la región americana, los colonos franceses y sus esclavos que huían de la revolución negra de Haití y muchos de los cuales eran portadores de las ideas de la Revolución francesa. Se conocieron además las revueltas constitucionalistas de España y su propia lucha por la independencia.

El gobierno colonial, en La Habana, manifiestó su malestar inmediato e hizo creer en un alzamiento de negros esclavos en Cuba, imprescindibles para la nueva economía azucarera de plantación que dejó atrás los métodos productivos artesanales y multiplicó los grandes cafetales. La represión ahogó en sangre cualquier sospecha, pero no evitó que esa brutal expresión racista siguiera solapadamente viva hasta el propio siglo XX. La población criolla, seguida por los esclavos emancipados, proclamó el 10 de octubre de 1868 la independencia de Cuba y la abolición del trabajo de cautivos negros, y dieron comienzo las guerras emancipadoras. La ciudad de La Habana no fue ajena a ese reclamo y de aquí se nutrieron las filas del Ejercito Libertador y del martirologio cubano. La unificadora visión del habanero José Martí, Héroe Nacional, y el apoyo de gloriosos guerreros veteranos, logró preparar la guerra de 1895, que acorraló a los grandes ejércitos coloniales españoles.

La intervención militar norteamericana de 1898, con pretexto de la explosión del buque Maine en la Bahía de La Habana, entroniza una independencia formal y mediatizada que dio derecho a Washington a entrometerse en Cuba. Desde años atrás había entrado al país el capital norteamericano que, aprovechando la devastación de las guerras cubanas, adquirió tierras fértiles a muy bajos precios e inició la conquista económica del país, potenciada en el siglo XX. Dictadores pronorteamericanos y gobiernos corruptos, dependientes y represivos, hicieron impostergable la rebelión popular, que ya en la medianía del siglo XX se hizo imparable.

Con la Revolución en el poder -no obstante el temprano bloqueo económico, comercial y financiero de Washington-, emergió un activo sector socialista en la economía y la sociedad, y en la última década de esa centuria, con la desaparición de la URSS y el campo socialista, el país llegó a permitir la entrada ordenada del capital foráneo, el turismo internacional y llevó a cabo nuevas oportunidades expansivas. Cuba había desarrollado una vasta revolución educacional que le permitió contar con un calificado capital humano. Estos avances han facilitado las atenciones solidarias de la salud, dentro y fuera de Cuba, y la incipiente integración que promueve la Alternativa Bolivariana para las Américas, abre ahora al país novedosas perspectivas.