Hemingway adquirió el Pilar y tras perder a su primer patrón, Carlos Gutiérrez, consiguió que Gregorio aceptara ser su nuevo capitán.
El 11 de julio de 1897 nacía Gregorio Fuentes en España. Ese mismo día, pero cien años después, fue presentada en La Habana la revista Excelencias Turísticas y del Caribe.
El amor al mar y a la pesca selló una amistad entre Hemingway y Gregorio a la que solo la muerte puso fin.
Casa de la calle Pasuela 209, en Cojimar, que Gregorio logró comprar con los 250 dólares que le pagaba Hemingway como patrón del Pilar.
Cuenta Rafael Valdés Fuentes, nieto de Gregorio, que más de una vez escuchó decir en su casa a amigos de Hemingway que su abuelo había salvado del naufragio a la literatura norteamericana

100 años de historia

LA REVISTA EXCELENCIAS MOSTRÓ SU VOCACIÓN CARIBEÑA CON LA ILUSTRACIÓN DE SU PRIMERA PORTADA CON UN ANTIGUO MAPA DEL INMENSO LAGO MARINO ENCERRADO POR EL ARCO DE LAS ANTILLAS, UNA INNATA INSPIRACIÓN DE NAVEGANTES DESCUBRIDORES DE SITIOS FASCINANTES, IDEALES PARA EL ARTE DE LA PESCA, LOS DEPORTES MARINOS Y EL REPOSO, AL MÁS PURO ESTILO DE LAS AVENTURAS VIVIDAS POR ERNEST HEMINGWAY Y GREGORIO FUENTES A BORDO DEL PILAR

El  tributo en aquella primera edición al autor de Islas en el Golfo y El Viejo y el Mar, Premio Nobel de Literatura en 1954, en una revista dedicada al Caribe y las Américas –es decir, que reconocía la relación inevitable y fecunda con Norte y Sur– surgió naturalmente, a partir de las numerosas huellas del escritor y su inseparable timonel en Cuba y los mares vecinos.
Por una feliz coincidencia, en aquel julio de 1997 del lanzamiento de Excelencias, Gregorio Fuentes cumplía sus primeros 100 años y con mucho orgullo nuestra revista lo trajo a sus páginas en su segunda edición, como protagonista y testigo de tantas leyendas volcadas a la literatura por el gran Papa.
El principal promotor de este sueño editorial que ahora celebra su vigésimo aniversario, el Presidente/Editor del Grupo Excelencias, José Carlos de Santiago, visitó a Gregorio en su casa de Cojímar y compartió con él recuerdos de su nativa isla de Lanzarote y anécdotas de su vida como capitán del Pilar, el famoso yate de Hemingway.
Un niño de Canarias que se hizo hombre en los mares de Cuba
Ahora, 20 años después, evocamos su presencia inextinguible con su primer nieto varón, Rafael Valdés Fuentes, reunidos en la misma casita de la calle Pasuela 209, en Cojímar, que logró comprar con los 250 dólares que le pagaba Hemingway como patrón del Pilar, según narran sus biógrafos.
Los recuerdos atesorados por Valdés Fuentes, quien nació en 1953, mezclan las historias que le escuchó contar a su abuelo, cuando ya rondaba los 70 años, a las muchas personalidades de todo el mundo que venían a visitarlo en Cojímar, y sus propias vivencias como su más cercano y confiable acompañante hasta sus últimos días de vida.
Gregorio nació en Charco de San Jinés, en Arrecife de Lanzarote, en Islas Canarias, el 11 de julio de 1897. En más de una ocasión su nieto le escuchó los cuentos sobre su llegada a Cuba. Tenía 6 años cuando abordó el velero en el que trabajaba su padre, que había zarpado rumbo a La Habana.
El padre murió en la travesía y al llegar al puerto habanero el pequeño muchacho se vio solo. Recibió el apoyo de otros canarios que se dirigían al poblado costero de Casablanca, donde recibió alojamiento, creció y se hizo un verdadero lobo de mar. Atravesaba a nado la bahía para cumplir uno de sus primeros trabajos, bañando caballos de tiro en uno de los muelles a orillas de lo que es hoy la Avenida del Puerto. Luego aprendió todos los secretos de la pesca y a dominar una embarcación.
Gregorio tenía 31 años cuando conoció a Hemingway. Fue en medio de una fuerte tormenta que amenazaba con hacer zozobrar al Anita, la embarcación en la que navegaba el joven norteamericano, cerca de las islas Dry Tortuga, en las proximidades de Key West.
Según el relato de Valdés Fuentes, más de una vez escuchó decir en su casa, a amigos de Hemingway, que Gregorio había salvado del naufragio a la literatura norteamericana.
En realidad, el entonces ya experimentado patrón del velero Joaquín Cisto transportaba pescado fresco a Estados Unidos. Al ver los aprietos en los que se encontraba el Anita, donde estaba Hemingway, decidió tirarle un cabo, ponerlos a buen resguardo y los acogió en su nave.
El propio Hemingway relató la historia en su crónica El Gran Río Azul, publicada en julio de 1949. «Estuvimos a bordo de su embarcación con objeto de comprarle unas cebollas, cuenta. No quiso cobrárnoslas y nos agasajó con ron. Recuerdo que su embarcación era la más limpia que he visto».
En ese mismo artículo el escritor cuenta que a partir de 1938 Gregorio se convirtió en «el pilar del Pilar». Sus conocimientos náuticos salvaron el Pilar en el transcurso de tres huracanes, añade en otra línea.
Habían pasado 10 años desde su primer encuentro. El ya famoso narrador visitaba La Habana con frecuencia, había adquirido el Pilar y tras perder a su primer patrón, llamado Carlos Gutiérrez, según explicó, tuvo la suerte de conseguir que Gregorio aceptara ser su nuevo capitán. Aquella decisión selló una amistad y una camaradería a la que solo la muerte puso fin.
Ernest Hemingway había nacido en Illinois, 21 de julio de 1899 y falleció en Idaho, 2 de julio de 1961.
El 23 de agosto de 1961, Mary, la última esposa de Hemingway, hizo público el testamento del escritor, fechado en 1956, en que dio instrucciones para que el yate Pilar fuera entregado a Gregorio para que dispusiera de él como mejor considerase.
La embarcación –valorada en 500 000 dólares– tenía sobre todo un valor sentimental que, según sus palabras, no había dinero para pagarlo. Estuvo anclado en Cojímar hasta que llegó a la conclusión de que su mantenimiento era demasiado para un humilde pescador. Entonces decidió entregarlo al Gobierno Revolucionario de Cuba para que le dieran el mejor destino. El entonces primer ministro Fidel Castro, al conocer de su gesto, ordenó darle a Gregorio una lancha en la que pudiera seguir pescando. Le entregaron el Hill Noe, de 20 pies de eslora y con un motor de 25 caballos, en el que prosiguió su vida de pescador. El Pilar fue enviado como objeto museable a Finca Vigía, la residencia del escritor en San Francisco de Paula, tal como se dice le había profetizado Gregorio a su amigo, en una tarde de tragos y disquisiciones filosóficas.
Sin embargo, la muerte de Hemingway transformó su vida. Lo convirtió en el testigo excepcional de la vida del escritor. Gente de todas partes acudían a verlo e indagar detalles de la vida de Papa, aunque era muy difícil extraerle revelaciones de la vida del amigo entrañable.
Falleció el domingo 13 de enero de 2002, en Cojímar, el pequeño poblado pesquero situado a unos 10 km de La Habana. Allí vivió como un verdadero patriarca hasta su muerte.
Según su nieto, fue a consecuencia de un carcinoma en el cuello, que se le había descubierto poco tiempo antes. Su fortaleza era tanta, aún a los 104 años, que solo lo trataron con analgésicos. «Yo siempre afeitaba a abuelo y un día me doy cuenta que tenía una bolita. Lo llevé al oncológico. Le hicieron las pruebas correspondientes y la segunda dio positiva. El médico me dijo ‘en nuestra bibliografía no hay nada para tratamiento de cáncer en un hombre de esa edad».
Tuvo una muerte poco dolorosa, no utilizó medicamento alguno. El tumor le atacó la carótida. Estaba normal, se quedó dormido y cuando lo fueron a despertar estaba en un charco de sangre de una hemorragia. Falleció en el hospital, mientras luchaban por salvarle la vida».
Él decía que vivió tanto gracias al mar, el ron y las mujeres, cuenta Valdés Fuentes. Él nunca mencionó la muerte, ni el miedo. Comía pescado, fumaba tabaco, tomaba ron y whisky.
«La nieta de Churchill me contó una vez, durante una visita aquí en Cojímar, que su abuelo tenía una cierta intimidad con Gregorio, porque los dos eran fumadores de tabaco. Hemingway no fumaba», relata Valdés Fuentes.
A los 99 años, el capitán del Pilar regresó a su tierra natal, invitado por el cabildo de Lanzarote. Valdés Fuentes acompañó a su abuelo y todavía recuerda algunas anécdotas de aquel viaje, en el que el anciano pescador puso a prueba su memoria y fortaleza física ante sus coterráneos, como cuando disputaba la existencia de un puente al que todos recordaban siempre con la misma apariencia. Gregorio sostenía que antes de él partir era de madera, y solo con la ayuda de historiadores se pudo comprobar la verdad. Nadie en el pueblo tenía su longevidad.
Los pescadores en las novelas de Hemingway tienen los rasgos característicos de Gregorio y Carlos Gutiérrez, el primer capitán del Pilar. Gregorio es el Antonio de Islas en el golfo, en «El gran río azul».
Gregorio Fuentes, el Capitán Grigorine –como cariñosamente le nombraba el autor de El viejo y el mar– se tornó un hombre-leyenda tras la muerte de Hemingway. Entonces tenía 64 años y vivió hasta los 104, como cuenta su nieto, siempre con aquella intensa mirada de sus ojos verdes y sus inmensas manos de fuertes dedos, acostumbrados a dominar los enormes casteros y agujas.
En más de una ocasión, a periodistas y visitantes que lo interrogaban en Cojímar, contó la misma anécdota sobre sus vínculos con Hemingway.
Recordaba Gregorio: «Estábamos atracados en el Club Náutico Internacional de La Habana, y de repente me dice: "Viejo, ¿tú sabes lo que es un amigo? Yo le contesto: Usted y yo somos amigos. Y dice él: Dos amigos equivalen a dos historias que se unen… Jamás se me olvidarán esas palabras…»
La antigua y modesta residencia del Capitán aguarda una apropiada restauración. En su interior quedan algunas de las pertenencias de Gregorio y su familia, entre ellas su vetusto sillón y álbumes que recogen el testimonio de visitantes de todo el mundo. Su leyenda todavía está por ser descrita en todos sus detalles y con el rigor que permita reconocerlo como el otro pilar de Cojímar.

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