- CAMAGÜEY JOYA DEL PATRIMONIO CULTURAL.
Sentarse a meditar, para después escribir sobre mi ciudad, me resulta complejo y difícil, no solo por la escasez de tiempo, que la propia ciudad me arrebata y le entrego, sino por la diversidad de aristas interesantes que de ella pueden abordarse. El otro asunto, es que debo cuidarme de ese sano orgullo citadino, que pudiera llevarme a límites insospechados en mis razonamientos.
Imprescindible es hablar de los primeros antecedentes de la ciudad. El acto fundacional de la otrora Villa del Príncipe se celebró en un lugar inhóspito y lejano de la geografía camagüeyana, Punta de Guincho, el 2 de febrero de 1514.
Hurgando en el pasado, se lleva a cabo una investigación encabezada por el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, en Punta de Guincho, ubicado dentro de la bahía de Nuevitas, ciudad que da nombre a la misma. El sitio arqueológico motivo de estudio es denominado como Pueblo Viejo de Nuevitas, donde se hallan ocupaciones humanas precolombinas.
Por la investigación histórica documental y del contexto arqueológico se ha podido determinar la presencia inicial de una comunidad aborigen que se remonta a dos siglos antes de la llegada de los colonizadores hispanos, o lo que es lo mismo, 200 años antes de 1514 o el 1515, atendiendo a las dos versiones sobre la fecha fundacional. Se trata de un grupo aborigen de filiación etnolingüística aruaca provenientes originalmente de la costa venezolana y guyanesa.
Fue y es la ciudad un pródigo escenario para la aportación al caudal creativo de la nación cubana. Ciudad de intrincada trama urbana, de desvíos y pérdidas para el visitante, de paisaje preñado de torres, campanarios e iglesias. Ciudad de múltiples parques y ambientes apacibles. Centro citadino construido a base de barro, barro devenido en su sangre, donde el tinajón le da a la ciudad esencia y nombre. En ella nacieron y ofrendaron su obra innumerables personalidades de la historia, la cultura, la ciencia, las artes y la política: Agramonte, el más excelso.
El reconocimiento a los valores históricos y culturales esenciales y excepcionales del centro histórico está dado por la acreditación de sendas condiciones. La primera en el año 1980 del pasado siglo, donde unas 300 ha de la ciudad fueron reconocidas como Monumento Nacional. Otra porción de 54 ha, desde el 10 de julio del año 2008, se incluyeron en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
A escala de ciudad se producen transformaciones en la imagen urbana, la vialidad y en un mejor uso del patrimonio construido. El centro histórico se capitaliza, los bienes culturales se ponen en valor. El método es fundamentado técnica y científicamente. Muchos años de estudios precedentes y actuales, permiten contar con herramientas e instrumentos que indican los derroteros a corto, mediano y largo plazos.