Baños del Río San Juan.
Estratos de la formación Artemisa.
El imbatible record de alas del Zunzún.
Vista aérea de la comunidad Las Terrazas.

Hotel Moka El 28 de septiembre de 1994, se inauguró el emblemático Hotel Moka insertado en la parte boscosa que circunda la comunidad Las Terrazas, bajo esbeltas tecas y palmas reales, al pie de la loma El Salón. Con categoría cuatro estrellas, es íntimo, elegante e ideal para el reposo en contacto con la naturaleza, es como vivir en el bosque con categoría cuatro estrellas, una oportunidad irrenunciable. Presenta veintiséis confortables habitaciones, tres de ellas triples, una suite, el resto dobles, restaurante y lobby-bar. Junto a una piscina familiar y cancha de tenis, la parrillada a la usanza de las ruinas cafetaleras. El cliente tiene facilidades como los servicio de lavandería, comunicación telefónica nacional e internacional, ocho canales televisivos vía satélite y servicio de Internet centralizado en el lobby.

Como complemento del alojamiento, se puede seleccionar entre cinco estancias insertadas en casas y edificios atendidos por familias de la comunidad. Cada una de estas habitaciones ha sido diseñada de modo singular, lo que le da personalidad propia. Con espíritu racional y modesto, su ambientación tuvo especial cuidado en los detalles. Para llegar al sumo de la exquisitez, artistas plásticos locales y nacionales, de reconocida trayectoria, han accedido a decorar con sus obras los espacios interiores.

Cafetal Buenavista Entre 1991-1994 se restauraron las ruinas del cafetal Buenavista, fomentado en los albores del siglo XIX por el inmigrante francés Saint Selarrabe. Evidencia excepcional del patrimonio agroindustrial cafetalero, representada en el conjunto de habitaciones reconstruida. En la actualidad, se conoce la existencia de más de setenta ruinas de este tipo, sepultadas bajo lujuriosa vegetación, que esperan por la mano del arqueólogo o el talento del historiador, que le arranque los secretos impregnados en las húmedas piedras de sus muros.

Valle del río Bayate En el extremo suroeste, a tres kilómetros de la comunidad de Las Terrazas, en las márgenes de uno de los afluentes del río Bayate, que baña sus tierras fértiles, se ha fomentado la hacienda Unión, integración de las ruinas del cafetal francés del cual tomó nombre el jardín de plantas tropicales ornamentales, y la Casa del Campesino; una armónica combinación de historia, botánica y tradiciones de la familia rural cubana, en función de crear este sitio emblemático. El espacio permite apreciar el ambiente campestre. Entorno natural que sumado a la hospitalidad de una familia campesina, ha convertido este sitio en uno de los más visitados. Aquí, pocos viajeros se resisten a los olores de la cocina criolla provocados por el cocido con carbón y leña.

Cerca, encontramos los Baños del Bayate, encantador lugar a orillas del río homónimo, donde el visitante disfruta de un acercamiento a la Cañada del Infierno con el deleite de poder bañarse en sus transparentes y frescas aguas. La cercanía de las ruinas del cafetal San Pedro, fomentado a inicios del siglo XIX por el inmigrante francés Pedro Leret, da la posibilidad de realizar a pie una excursión desde los baños. A lo largo del mismo valle fluvial, existen un número significativo de antiguos asentamientos cafetaleros franceses.

Comunidad Las Terrazas El deseo de relacionar la comunidad con los visitantes, tiene en la Fonda de Mercedes un buen ejemplo. Espacio íntimo, que hace alarde de lo mejor de las tradiciones culinarias. La propia vivienda sirve de excepcional mirador, desde el que se aprecian diversos planos del paisaje comunitario, en el cual el ingenio del hombre, con la naturaleza como aliada, ha firmado un pacto coherente.

Cerca de la fonda, siguiendo el Callejón del Moka hacia el levante y frente a la escalinata que conduce al hotel, en una modesta vivienda, funciona el Café de María. Allí vive esa viejecilla de ojos pícaros y de maternal ternura que te invita a pasar y tomarte una taza de humeante y aromático néctar negro.

A metros de este lugar, en total aprovechamiento del espacio, existe para los que gustan de la comida natural, el “Ecorestaurante” El Romero, instalación que gana cada día más adeptos por la sencillez de su ambientación y confort. Se destaca la exquisitez de sus platos elaborados con frutas, vegetales y hortalizas frescas. Ellos introducen nuevos hábitos alimentarios entre la población local y visitantes. Es la mejor opción vegetariana.

Sobre dicho establecimiento, se encuentra el bazar El Cusco, espacio rodeado del hechizo arquitectónico con aires bucólicos donde se aprecia la encantadora vista del pueblo cercado por un hermoso estanque de agua. En esta instalación, manos hábiles de varios artistas plásticos y artesanos locales muestran su quehacer convertido en souvenirs.

Junto a un pequeño arroyuelo proveniente de las montañas, henchido de la flor nacional, la mariposa, se localiza el “Estudio Duporté”. Su morada es un recinto seductor, donde el artista nos da a conocer sobre cartulina o vidrio, de forma especialmente reveladora, magnífica y natural, el encanto de la flora cubana, donde el toque imprescindible de lo ancestral, logra el hechizo, para que la diminuta orquídea y el fruto de la ceiba, alcancen talla de refinado mensaje.

Próximo al Lago del San Juan, a la entrada del pueblo, el visitante se percata de la presencia de un edificio de puertas y ventanas azules. En la parte baja de esa edificación, resalta un letrero: Estudio Ariel; joven pintor-artesano que tiene el sello de lo singular. Con destreza aguda de tallador, logra sacar, en cada taco de madera, expresiones policromadas a relieve del quehacer diario cubano.

Muy próxima se halla la Casa de Botes, curiosa construcción, palafítica. Una barca, sirve de intimidad a los enamorados, que esperan la increíble puesta de sol, sus tonalidades iluminan por última vez en el día, la imagen de la comunidad reflejada en sus aguas. La frescura del lugar, sobre todo en las noches de verano, invita a la estancia y degustar suculentas comidas marineras.

En un extremo, al poniente, surge en aparente suspensión fantástica, emergiendo del lago, igual que toda su obra: El Estudio de Lester. Paraíso encantado concebido desde su propia necesidad expresiva, musa que permite que sus manos prodigiosas dispongan el deslizamiento del pincel sobre el lienzo. Nacen algarrobos en su naturaleza, obras de perfil ecológico familiares, comunidad que crece junto con él; paisajes claros, multicolores, antes o tras la bruma que se levanta al cesar la lluvia; bosques lujuriosos, ceiba enigmática, horno de carbón junto a la montaña, sustento secular del carbonero y paradójicamente muerte del bosque.

Muy cerca de él, la expresión del diario bregar en el pentagrama labrado al pie del surco o al volante de la maquinaría que lo hizo producir el don de la música local. La Peña de Polo Montañez, hoy convertida en lugar de peregrinación de miles de seguidores de las creaciones de ese extraordinario canta-autor Fernando Borrego Linares. Lo que fuera rincón para el descanso, es actualidad y reservorio del patrimonio creativo, acumulado durante su corta, pero vertiginosa carrera hacia la fama. Al penetrar en la vivienda, hay una atmósfera especial, tal parece que allí le espera el creador de “Un montón de estrellas”. Su imagen en la pantalla, una canción grabada o los menores recuerdos que cuelgan sobre las paredes blancas, mantienen vivo el espíritu de Polo.

Baños del San Juan A tres kilómetros al sur del asentamiento poblacional, se encuentra uno de los lugares más maravillosos de la geografía cubana, los Baños del San Juan, balneario natural que remonta su origen a inicios del siglo XIX, momento de apogeo en el uso de los manantiales de aguas sulfurosas. En 1995, se reabren al público incorporándole nuevas áreas de baños y diferentes servicios. La placidez y belleza del entorno ha motivado erigir sobre una colina inmediata, cinco cabañas rústicas, estilo vernáculo, construidas a partir de materiales tradicionales, similares al “vara en tierra” empleado por el campesino para guardar sus instrumentos, convertidas en habitaciones llamativas identificadas con el nombre de aves cubanas, que enrumban hacia la satisfacción de los intereses de quienes practican el turismo alternativo. Es la posibilidad de estar en verdadero contacto con la naturaleza.

Rancho Curujey A orillas de un pequeño lago alimentado también por el río San Juan, fue inaugurado Rancho Curujey el 31 de diciembre de 1995. Atrevida construcción destinada a servir de centro de recepción e información, diseño que conjuga lo artificial y lo natural devenido en opción recreativa de gran aceptación. Este lago, bautizado como, El Palmar, permite hoy el disfrute en las refrescantes aguas bien a través de un baño o de un paseo en bote y la contemplación del entorno que es una muestra excepcional de un paisaje recuperado. Este topónimo tiene su cuna en la provincia vasca de Guipúzcoa, España; apellido del siglo XIV de nuestra era relacionado con familias de la nobleza feudal. Según el idioma vasco, significa “El prado o El campo”.13

Algunos de sus descendientes emigraron a Cuba a mediados del siglo XIX, dos hermanos nombrados Lorenzo y Antonio Soroa Muñagorri, arribaron tras el impulso de la búsqueda de nuevos horizontes económicos opacados en su tierra natal debido a las continuas guerras. La zona escogida para sus pretensiones agrícolas fue la demolida y antigua hacienda ganadera San José de Manantiales, ubicada en la Sierra del Rosario.