Valle de Viñales.
Hotel Los Jazmines.
Valle de las Dos Hermanas.
Mural de la Prehistoria.
Restaurante El Palenque.

Viñales Cuánto misterio se encierra en la Sierra de los Órganos: San Andrés de Caiguanabo, Pico Chico, Sierra de Guacamaya, Cabezas, Sumidero, Gramales, San Carlos. Pero sin duda, es Viñales, el lugar ideal para desentrañar parte del enigma entre las imponentes paredes verticales que rodean valles fértiles intramontanos.

El deslizamiento del pincel artístico, traza la visión idílica de sus paisajes. El poeta lo toma como fuente de inspiración y le dedica monumentarias frases; las mujeres suspiran al verlo; el hombre no puede ocultar su sensibilidad. Todos fascinados al punto de lograr una complicidad que rebasa cualquier magnitud.

Dentro de la tranquilidad absoluta del diario bregar del hombre, se destaca la rusticidad de la vida en total armonía con la belleza de su gente, laboriosidad del campesino, cantar de las aves, aroma de sus montes, los cuentos de los ancianos, la tonada guajira, el cultivo de los jardines familiares, donde la aprestada campesina logran las rosas más hermosas de la Vueltabajo, las carreras de caballos domingueras junto a las lidias de gallo, mantienen viva la herencia de sus padres en la vida campesina contemporánea.

La bienvenida la da el Valle de Viñales. Alguien expresó que es un “jardín coralino sobre la tierra”, realmente por muy ilustrativa que sea esa frase, es un sitio sin comparación, complejo de poder describir por su belleza. Pedro García Valdez intentó por medio de la palabra acercarse y quizás sea la principal reseña lograda hasta hoy: “En el valle se desdoblan policromos cuadros, ofreciendo revelaciones que sólo comprenden los espíritus sensibles, capaces de traducir en lengua vernácula, las alegrías y las tristezas, los anhelos y las ansias que inspiran sus bellos y suntuosos panoramas”. “Allí se destacan los mogotes, semejando centinelas que cuidan de la majestad del valle, provocando en el observador la idea de que manos ciclópeas tomaron aquellos enormes pedruscos y con miradas artísticas los colocaron en el sitio más conveniente para rendir el culto que merece y exige la estética. Sus sierras, de airosos picachos, son los altos muros que circundan aquel accidente, que tiene por fondo la verdura de las sierras y por dosel el azul de nuestro cielo”44 En la década de los treinta del pasado siglo, el paisajista Domingo Ramos Enríquez, subía a mulo cada mañana al mirador de Los Jazmines, con el caballete, lienzos, y pinceles, dejando que el sol en su traslado hacia el poniente, le permitiera descubrir durante todo el día, los matices y colores del Valle de Viñales, obra presentada años después, en la exposición de Nueva York: “Un Siglo de Progreso”.

En 1999, la UNESCO lo incluye en la relación, Patrimonio Mundial, categoría: “Paisaje Cultural de la Humanidad”. Por resolución del 2001, el Consejo de Estado aprueba la condición de “Parque Nacional”, administrado por el grupo Ecovida del CITMA.

Hoteles y Miradores Sobre las elevaciones alrededor del valle, en su porción sur, existen dos miradores con vistas panorámicas diferentes; ubicados en el entorno de dos hoteles, lugares imprescindibles para una feliz estancia.

El Hotel Los Jazmines fue inaugurado el 20 de mayo de 1960. Consta de cuatro áreas bien dispuestas, un edificio central para la carpeta, el lobby-bar, restaurante en la planta superior con vista panorámica al valle y buró de ventas. Contiguo al lobby, dieciséis cabañas con visuales al valle. Al centro, una tienda, con el mirador y otro bar sobre ella. Cerrando este costado el bloque de tres pisos de habitaciones, con salones para protocolo. Al centro de todas estas instalaciones, en la terraza-mirador, está situada la piscina.

Sus sesenta y dos habitaciones están climatizadas, baño privado, agua caliente, telefonía nacional e internacional, televisión vía satélite, servicios médicos, masajes, cambio de monedas, parqueo, taxi.

El segundo mirador se encuentra en el Hotel La Ermita, inaugurado en fecha similar, presenta forma de herradura, con los edificios de habitaciones, en los extremos con vista al Valle. Mientras al centro, el lobby, la tienda de souvenirs, una terraza central con piscina-mirador con snack-bar y parrillada, finalmente, frente a la misma, se localiza el bar-restaurante, confortable terraza con vista general. Las condiciones de hospedaje de esta instalación son similares a la anterior.

Casa del Veguero Justamente a la entrada del pueblo de Viñales, casi en el contacto de las alturas con el valle está situada la Casa del Veguero. El grupo Artex distingue el trabajo diario de todos los tabaqueros-cosecheros de la provincia. El Niño, figura quijotesca, curtida por el sol cotidiano, camisa de caqui abierta al pecho y sudada, refleja el desgaste de años de trabajo al sol, lo cual no es impedimento para que siempre esboze una sonrisa que sostienen un “mocho” de tabaco perenne, símbolo de la picardía tradicional del campesino cubano. Recibe a sus visitantes dispuesto a intercambiar sus experiencias acerca de la vida de los vegueros, del difícil y amoroso trabajo de cultivar la olorosa hoja, es una fuente inagotable de conocimientos, contada con más sabor ante una espirituosa y humeante taza de café o de un suculento almuerzo criollo.

Un pueblo pintoresco Al centro del propio valle, está ubicado el pintoresco pueblo de Viñales. Por muchas razones parece detenido en el tiempo desde su fundación el 1ro de enero del año 1879. Su calle principal, calzada escoltada por espigados pinos macho (Pinus caribaea), precede las casas de madera o mampostería cubiertas de tejas criollas de color rojo, donde se destacan sus portales proyectados hacia las aceras, como invitando a penetrar en ellas.

Casi al comienzo, el restaurante Don Tomás, hermosa edificación biplanta, que perteneció al comerciante Gerardo Mier, construida en la última década del siglo XIX. Actualmente oferta como sugerencia del chef el plato conocido como “Delicia de Don Tomás”, elaborado con arroz, variados tipos de carnes sazonadas deliciosamente a base de tomate y especias, servido bien caliente en plato de barro, acompañado de un refrescante “Trapiche” a base de ron cubano, hielo, angostura, miel de abejas, canutillo de caña de azúcar, para endulzar el paladar.

Cercano está el museo de Historia Local, caserón estilo neoclásico, con gruesas columnas y portal más bien pequeño. Allí vivió la patriota Adela Azcuy Labrador, “La Capitana Viñalera”, nacida el 18 de marzo de 1861. En el Ejército Libertador Cubano durante la guerra de 1895-1898, fue asignada al cuerpo de Sanidad Militar. Gracias a su valor y arrojo en cuarenta y nueve combates, obtuvo sus grados.

El centro del pueblo lo ocupa su plaza principal, espacio abierto delimitado por bancos con espaldares de hierro fundido. Preside el parque el busto de José Martí, erigido por veteranos de la guerra de 1895, desde el año veintinueve del siglo pasado. Corona el fondo del zócalo desde 1884, la Colonia Española, hoy Casa de Cultura; a su costado la Galería de Arte Viñalera, que fuera por entonces una farmacia. La Iglesia Parroquial, concluida un año antes, es pequeña y ocupa uno de los costados de dicha explanada. Lugar convertido en centro cultural donde se pueden obtener souvenirs, y obras de arte representativas del quehacer pinareño. Es la sede anual del evento internacional “Viñales Moda”, todos los años reúne a modistas, especialistas de las pasarelas, convirtiéndose en capital de la novedad en el buen vestir de Pinar del Río.

Jardín de Caridad Oculta entre vegetación, rodeada de una cerca viva, un túnel pequeño precedido de un portón del cual cuelgan frutos de la tierra y del amor que produjo la cosecha, dan la bienvenida a “La Casa verde de la Ternura”. Su estructura como sus moradoras es un complemento del bosque frondoso y siempre verde, creado al paso de los años, por dos ancianas maravillosas, rodeadas de las más disímiles plantas; son dos flores especiales del jardín de pétalos, helechos, árboles frutales, variedades exóticas y propias de nuestro país. Las hermanas Bárbara (Caridad) y Carmen Miranda, se han combinado para lograr cumplir el viejo anhelo de su padre difunto, quien en 1918 adquirió esta punta de tierra roja, sembró mameyes, aguacates y otros frutos, Han transcurrido ochenta y seis años de dedicación y vida entre las plantas. Sin lugar a dudas, el vergel más excelso del país. La hospitalidad, costumbre de dos divas del bosque, acompañada del degustar de las maravillosas frutas naturales y los sorbos de un delicioso café criollo, pueden convertir una rápida visita, en una inacabable conversación acerca de la naturaleza, sobre la vida, que siempre finaliza en profundos lazos de amistad, al punto de quedar atrapados por siempre, en una unión mágica de espiritualidad.

El valle de las Dos Hermanas Pasando el pueblo cinco kilómetros rumbo al oeste, se abre un gigantesco cañón fósil entre dos elevaciones petromórficas; la Sierra del Tumbadero o Mogote del Valle (402 m.), ubicada al este y al oeste, el Mogote de Pita (250 m.) y del Santero (300 m.); estos últimos son conocidos como, “Mogotes de las Dos Hermanas”. El acantilado fue labrado en la roca por el hoy insignificante río Palmarito, que en otra época geológica corría torrencialmente.

En su interior existe un pequeño valle donde se encuentra el campismo Dos Hermanas y hacia el oeste, en ensenada abierta, se ubica el Mural de la Prehistoria. Son contrastantes los techos rojos de de tejas criollas con el verde del macizo rocoso y el azul del cielo cubano, del campismo; fue inaugurado en febrero de 1982, cuenta con cuarenta y dos cabañas espaciosas con baños privados. Junto a un saliente vertical del mogote existe una exótica piscina combinada con el área recreativa para actividades nocturnas. En su restaurante Jurásico se ofertan comidas criollas. Una sala expositora acerca de la prehistoria le da un toque de singularidad a la instalación.

Mural de la Prehistoria En las primeras jornadas de septiembre de 1959, Antonio Núñez Jiménez le contaba a Fidel Castro y a Celia Sánchez, sus andanzas exploratorias por la serranía viñalera, donde había descubierto peces fosilizados, cráneos de grandes saurios, y evidencias aborígenes encontradas en cuevas locales. De estos relatos, salió la idea de realizar un mural pictórico, escogiéndose el “mogote de Pita”, y al pintor cubano Leovigildo González, alumno del gran muralista mexicano Diego Rivera. Se comenzó el 6 de septiembre de 1959, en un espacio de doscientos sesenta metros de largo por ciento veinte metros de alto, quizás una de las más grandes pinturas murales del mundo. Trabajaron sesenta y cuatro obreros; los ejecutores de los trazos fueron campesinos de la zona, asegurados por arneses de paracaidismo y colgados de sogas gruesas de fibra de henequén suspendidas en el vacío. Leovigildo, desde abajo, con un telescopio y ayudado por un altoparlante, orientaba los diferentes puntos que marcaban el dibujo, luego disponía su unión a través de líneas realizadas con brochas. El ancho de las rayas y los colores empleados dependía de las figuras ejecutadas. Así salieron de las manos de campesinos desconocedores del arte de pintar: megalocnus, plesiosaurios, anmonites y otras figuras que recogen la evolución de la vida en el territorio cubano.

Al pie de esta descomunal obra, una acogedora instalación oferta el mejor cerdo asado al horno que se puede degustar en Cuba, sello que identifica a Viñales, como el lugar ideal para el disfrute de esta carne jugosa, preparada con exclusiva receta y celo profesional.

El mundo maravilloso de las tinieblas La región viñalera es considerada la capital del carso cubano, donde se encuentran los sistemas cavernarios más grandes del país. Algunos de ellos son: Palmarito, el mayor complejo de cavernas hasta el momento estudiado en Cuba, Sierra Guasasa y la Gran Caverna de Santo Tomás.

El primero se comenzó a estudiar a finales de la década de los años sesenta del pasado siglo, por miembros del grupo Baracoa, de Ciudad de la Habana. En las ultimas tres décadas se han explorado y cartografiado cincuenta y nueve kilómetros, y aun no han concluido sus estudios. Es un imponente sistema de cuevas, alimentado principalmente por dos arroyos: El Palmarito y El Novillo, que se sumergen en el Valle de Viñales y resurgen en la región de Pan de Azúcar, a diez kilómetros en línea recta hacia el noroeste y a dos km al norte en el Valle de Ancón.

El sistema subterráneo de Sierra Guasasa es un conjunto de cuevas cuyas exploraciones se iniciaron en los años ochenta del siglo XX, por el grupo espeleológico pinareño Guaniguanico. Su descubridor, Hilario Carmenate Rodríguez, encontró por accidente una de sus bocas, el mismo día de su onomástico, lo que le motivó a bautizarla con el sugerente nombre, El Cumpleaños. Tiempo después, un grupo de jóvenes espeleólogos del Grupo de Espeleología y Deportes de Aventura (GEDA), se dio a la tarea de explorar dichos mogotes, reportando veinticinco cuevas nuevas, lo que elevó la longitud del sistema subterráneo a diecisiete kilómetros. En su interior ha sido descubierto un elevado número de restos fósiles, lo que le convierte en uno de los residuarios paleontológicos subterráneos más importantes del país, con una edad de alrededor de dos millones de años.

La Cueva de José Miguel, ubicada a un costado de la Sierra de Viñales, se desarrolló a partir de la excavación lateral realizada por el río que formó el cañón conocido como Puerta de Ancón, modelando el abrigo rocoso Los Helados, que propicia una de las vistas más impresionantes de la localidad; allí se mezclan la erosión y la deposición de la roca caliza, creando una imagen difícil de describir.

Cuenta la tradición popular, que entre 1909 y 1913, el entonces presidente de la República José Miguel Gómez, participó de un banquete dentro de la cueva, hecho que conllevó a que empezara a ser conocida con su nombre. En 1996 el grupo turístico Rumbos, solicitó a espeleólogos pinareños conectar mediante un túnel la cueva con la ensenada situada al oeste, del otro lado de un promontorio de sierra. Este preciso trabajo permitió dar acceso subterráneo al restaurante El Palenque, donde se recrea la cultura de los esclavos africanos, incluyendo sus dioses.

Caneyes circulares y abiertos, son similares a las construcciones que a todo lo largo de la isla, pero principalmente en la región oriental de Cuba, crearon los palenques de negros cimarrones, que al paso del tiempo dieron origen a pueblos actuales. La construcción está pintada con los colores de algunos de los orichas del panteón Yoruba, como son: blanco, Obatalá; rojo, Changó; Azul, Yemayá; Amarillo, Ochún. Dioses traídos de África que al llegar a Cuba se sincretizaron con las deidades católicas.

En este restaurante, el servicio de almuerzo o cena es a base de aves de corral, amenizado con la música y los bailes ofrecidos por un grupo folklórico local, que imaginariamente transportan al visitante a otra época y cultura.

El valle de San Vicente Dos kilómetros al Norte de la cueva de José Miguel, se abren otras cavidades subterráneas, conocidas mundialmente como Cuevas del Indio, que pertenecen al sistema subterráneo de la Sierra de Guasasa.

Hace ochenta y cuatro años, accidentalmente, se descubrieron estas cavidades por un campesino de la zona; para 1925 se construyó frente a ella una bodeguita y luego una fonda; con el tiempo, se convirtió en un bar-restaurante, donde se ofertaba comida criolla. En 1953 la caverna fue dotada de luz eléctrica al ser construida una minihidroeléctrica, para darle servicio a la zona de San Vicente, aumentando notoriamente el acceso que incluyó el recorrido en bote por el río subterráneo. Hoy existe un bar-restaurante construido desde 1962. Introducirse en sus misterios es como penetrar en el corazón de un libro milenario creado por la madre natura. La entrada se halla tras una escalera que conduce al tercer nivel de la caverna donde existe un paisaje subterráneo conformado por formaciones secundarias de variadas dimensiones, artilugio de las aguas de infiltración que gota a gota y día a día, durante millones de años, han disuelto con paciencia de artesano el carbonato de calcio, para luego depositarlo en las más disímiles formas y dar origen a este mundo indescriptible.

Luego de una travesía de doscientos cincuenta metros por una galería seca, de alto puntal, se llega al embarcadero donde se puede abordar un bote para recorrer la zona inundada por las aguas del río Zacarías. La experiencia de navegar en bote a motor por el subsuelo es maravillosamente interesante, cuando menos lo espera el viajero absorto en la contemplación del paisaje cavernario, es sorprendido por un rayo de luz proveniente de la salida que anuncia el final de este recorrido aventurero.

A escasos metros de las Cuevas del Indio, dentro del mismo valle de San Vicente, se encuentra un entorno de vegetación exuberante excelente para la meditación y la relajación. En un restaurante insertado dentro de la floresta que permite llegue al comensal el canto de las aves y el aroma de las flores, se puede saborear un apetitoso cerdo asado a la criolla, típico, acompañado de la vianda hervida y el arroz moros y cristianos. Las aguas curativas de San Vicente En 1838 los propietarios hicieron el primer intento de utilizar comercialmente los baños de agua minero-medicinales del valle de San Vicente. Hacia 1840 ya eran aprovechadas estas aguas por los vecinos quienes habían construido algunas humildes chozas de veraneo. A principios del siglo XX, Gustavo Porta Capote adquirió la hacienda San Vicente. En asociación con un norteamericano, construyó una instalación pequeña de madera con baños compartidos que resultó ser el primer hotel de esta localidad. En 1923 una emprendedora cubano-australiana: Pilar Mateus, obtiene su administración. El hechizo personal que lograba en el servicio, hizo que fuese bautizado como Hotel de Pilar; fue lugar de visitas de grandes personalidades de la política y la cultura. Como el auge de las aguas iba en ascenso, Gustavo Porta Capote, decidió en 1928 comenzar la construcción del balneario Rancho San Vicente. La escritora Dora Alonso describió su visita a esta región:

“(...) encontré dos hoteles, uno moderno con piscina, turistas y tragos y a la derecha otro modesto de madera, pintado de color naranja, rodeado de árboles y flores y con un río que le pasaba por delante, lleno de mariposas. (...)”45 El Hotel San Vicente está imbricado en la naturaleza del territorio; posee treinta y tres cabañas dobles, climatizadas, con baño privado, televisión vía satélite, telefonía internacional y piscina, más los manantiales con demostradas propiedades terapéuticas; aquí los especialistas ofrecen sesiones de bañología, masajes, fangoterapia y de belleza. Parafraseando expresiones de Dora Alonso, aún queda el romanticismo y el embrujo de tan paradisíaco entorno. Los valles de Santo Tomás y Quemados A sólo 18 km al suroeste del pueblo de Viñales, existen dos lugares apacibles: los valles de Santo Tomás y Quemados de Pineda. Éstos están divididos por la Sierra del Quemado (457,3 m.), pero unidos a su vez, por la Gran Caverna de Santo Tomás, que atraviesa esta serranía de sureste a noroeste. En estos valles se asientan las comunidades El Moncada y Granma. La primera de ellas no puede ser más pintoresca, con sus casas erigidas con ladrillos rojos a “cara vista”, rodeadas de jardines verdes, donde se combinan las rosas con los árboles frutales y el café. Fundada en 1960 en tierras del antiguo latifundio de Santo Tomás, se convirtió en la primera cooperativa estatal del país, que finalmente devino en “Granja del Pueblo”. Su construcción tuvo, como principio básico, el respeto a las costumbres de los campesinos, creando espaciosas casas, separadas unas de otras con patios-jardín.

El 31 de agosto de 1959 el comandante en jefe Fidel Castro Ruz, en conversación con el campesino Leandro Rodríguez Malagón en la Cueva de Mesa, le orienta la formación de una tropa integrada por 12 campesinos, con vistas a la captura de la banda del asesino batistiano Cabo Lara. De esta forma quedaron constituidas las Milicias Campesinas para enfrentar a la contrarrevolución naciente luego del triunfo del primero de enero de 1959. El éxito en la misión combativa, trajo aparejado el surgimiento de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), que dos años después, enfrentarían a los mercenarios en Playa Girón, causando la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina. Hoy existe un mausoleo donde reposan los cuerpos que han fallecido, de aquellos integrantes del primer núcleo de milicianos conocidos como: “Los Malagones”.

En esta depresión se encuentra la sede de la Escuela Nacional de Espeleología Dr. Antonio Núñez Jiménez. Instalación que forma a las jóvenes generaciones de exploradores de cuevas, donde se puede recibir una explicación pormenorizada de forma práctica visitando la princesa de las espeluncas cubanas, la Gran Caverna de Santo Tomás. El sitio es propicio para realizar un conjunto de actividades como eventos de naturaleza, cursos, prácticas de escalada deportiva, descenso de simas; incorporarse, colaborar o contribuir con los proyectos comunitarios de educación ambiental; o en los estudios científicos del “Centro de Investigaciones del Carso”. Conocer de cerca un proyecto de desarrollo sostenible, donde el hombre es centro de atención en su armonía con la naturaleza, visitar la única galería subterránea de arte comunitario existente en el país, dirigida por el artista, arqueólogo y espeleólogo: Hilario Carmenate Rodríguez, denominada, “La Cueva de los Sueños”.

En 1954 comenzaron las exploraciones científicas de la sierra El Quemado, por el Dr. Antonio Núñez Jiménez. Lejos estaba de imaginar que esas primeras excursiones deparaban la grata sorpresa de descubrir la Gran Caverna de Santo Tomás, considerada durante más de cuatro decenios la mayor cavidad de Cuba, con más de cuarenta y seis kilómetros de galerías, que se superponen unas sobre otras, en ocho niveles de cavernamiento.

La génesis de esta maravilla, se debe a la influencia del río Santo Tomás, (afluente del río Cuyaguateje)46 y de varios arroyos provenientes de las alturas de pizarras del sur, como son los arroyos Bolo, Peñate, la Caoba, los Cerritos, entre otros.

La cueva de Las Avispas se encuentra a cuarenta y dos metros de altura sobre el nivel del valle, ofrece desde una de sus bocas convertida en mirador, la posibilidad de apreciar todo el polje, la comunidad y una impresionante vista de las sierras: Derrumbada, Viñales, y las Alturas de Pizarras del Sur.

Dentro de sus gigantescos salones, un experimentado grupo de guías locales le ayudarán a conocer la gran diversidad de paisajes subterráneos. Avanzando por esta catedral de formas y colores, se desemboca en el hoyo La Palma, en plena sierra. Impresiona la paz absoluta al penetrar en el bosque primario, donde la mano del hombre no ha dañado lo que con tanto amor la naturaleza formó. A un costado del hoyo se halla el Salón de la Lechuza, con sus gigantescas estalactitas que alcanzan varias decenas de metros, que los rayos mañaneros despiertan del sueño eterno del mundo de las tinieblas. Al final del recorrido, se desciende a la Galería de las Perlas, donde hermosas y diminutas rocas redondeadas y pulidas por la acción de las aguas, dejan ver su color blanco marmóreo debido a la acumulación de carbonato de calcio alrededor de un núcleo, a semejanza de joyas hermosas.

Flora y Fauna de la Sierra de los Órganos Sobre la sierra calcárea, no existen fuentes de agua, esto obliga a las plantas y animales a adaptarse, dadas las circunstancias especiales del medio, donde las primeras tienen que almacenarla para sobrevivir y los segundos conocer cada lugar donde pueden encontrarla. Son tres los tipos de vegetación a groso modo de estas serranías que responden a las formas del relieve, tipo de suelo, roca, variables climáticas y otros factores.

El complejo de vegetación de mogotes está compuesto por tres formaciones vegetales: bosque semideciduo mesófilo, bosque siempreverde mesófilo y formaciones arbustivas de paredón, cimas cónicas y copulares. Todas ellas presentan gran riqueza florística que alcanzan las novecientas sesenta especies, de ellas, trescientas cinco son endémicas y quinientas cuarenta y cuatro son consideradas fitorecursos47 . Las más carismáticas son: ceibón o drago (Bombax cosis cubensis) con su tronco verde-amarillo en forma de botija agarrados a los bordes de los farallones. Palma de sierra (Gaussia princeps) esbelta y desafiante lo mismo en las simas que en las laderas; al igual que el guano de sierra (Thrinax morrisii). Así como la bonita de la sierra (Spathelia brittonii), planta aborigen contemporánea con la palma corcho, que gusta de los lugares muy expuestos en las cumbres, su tallo es débil, alargado y soporta hojas grandes. Este endémico fecunda una sola vez en vida para después morir. Y por supuesto, no puede faltar la palma corcho (Microcycas calocomas), declarada “Monumento Nacional” por ser una de las plantas más antiguas de nuestro país y estar por sus condiciones reproductivas en peligro de extinción.

Otra suerte de pulmones verdes, que rodean a las poblaciones locales, constituye bosques de gran importancia ecológica y económica, pues permiten proteger los escasos suelos que se forman en estas alturas. Sus árboles, sirven de refugio seguro a la numerosa fauna de la región y proporcionan el necesario alimento para muchas especies. Las alturas de pizarras presentan un lecho menos permeable, más bien seco y también escaso de suelo, donde predominan los pinares y encinares. El origen de las especies que aquí se desarrollan proviene más o menos de la vegetación xerofítica del jurásico y del cretácico48 con alto endemismo, dominando especies como el pino macho (Pinus caribaea), pino hembra (Pinus tropicalis). Este es el hábitat de la guayabita del pinar, y el encino del país, (Quercus oleoides); su madera, dura se utiliza en la construcción rural, su fruto o bellota constituye un excelente alimento para los cerdos, a cuya carne le proporciona un sabor muy peculiar y agradable. A ambos lados de la carretera por la que se transita hacia Viñales, abunda como cortinas contra incendios el hicaco de sabana o cimarrón (Chrysobalanus pellocarpus, Mey.) arbusto de fruto azul oscuro a negro, algo más chico que el hicaco de costa, sabroso como dulce casero. En los arroyos y ríos ha invadido la pomarrosa, planta introducida por los franceses desde Asia tropical en el siglo XIX, que ha desplazado a las especies nativas en zonas de alta humedad. También es fácil de observar los helechos arborescentes y el bejuco colorado (Serjania diversifolia, Jacq.)

La tercera formación ocupa los valles, donde predominan los cultivos de viandas, granos, hortalizas, así como el tabaco y el café que tanta fama le han dado a la Vueltabajo. Entre vegas y vegas es fácil observar la ceiba (Ceiba pentandra), árbol de todos los orichas, gracias a cuyo respeto ha logrado sobrevivir a la deforestación; otros dos árboles, que se utilizan como postes para cercas vivas, son el almácigo y el piñón florido (Eritrina berteroana), este último además se utiliza para dar sombra al café. Finalmente la esbelta palma real.

Dentro de la fauna se destacan las aves, los reptiles, mamíferos y los moluscos. Entre las primeras es fácil observar el Tocororo, Ruiseñor, Carpintero churroso (Colaptes fernandinae), Cartacuba o Pedorrera, todas especies endémicas de nuestro país. Entre los reptiles se encuentran: la Iguana, Bayoya de montaña (Leiocephalus macropus), Chipojo de la Sierra de los Órganos (Anolis luteogularis), el Majá de santamaría mayor ofidio de Cuba. De los mamíferos los más comunes son: los murciélagos, de los que se han estudiado treinta y cuatro especies -entre ellas el Mariposa (Natalus lepidus)- y las Jutías conga y carabalí. Los moluscos tienen una fuerte representación en la zona; están los endémicos exclusivos, como la Sachrysia guanensis, o la vistosa y amarilla Viana regina, otros como el pequeño Chondropomete (apenas alcanza los dos centímetros.), los Liguus sp., mucho mayores que el anterior que puede llegar hasta ocho centímetros de longitud y las oscuras Emoda sagrariana. El fascinante mundo de la Sierra de los Órganos, es una invitación permanente a su exploración y conocimiento. Recorrer los bosques, montear los cerdos, acopiar el aromático café, cosechar tabaco, sembrar árboles; todo trabajo junto al hombre o mujer de estas montañas, dignifica. Compartir su mesa es una experiencia única; en la noche, el rasgar la guitarra y entonar una décima, con la luna y las estrellas como dosel, es divino.