Ecos de la historia
En 1930 Pedro García Valdés reporta el hallazgo de dos hachas petaloides que denotaban la presencia aborigen en la región. Pasados catorce años, el 10 de septiembre de 1944, Antonio Ramos y Antonio García hallaron una gruta en la vertiente oeste del río Manantiales, en la ladera de una elevación que contenía un abundante menaje con evidencias arqueológicas. Estudiadas in situ por el Dr. René Herrera Fritot, encontró en la solapa funeraria la existencia de restos óseos humanos de siete aborígenes en forma de entierros secundarios15 a poca profundidad, acompañados de abundantes instrumentos de silex, una gubia calcinada16 , y seis percutores-majadores17 : entre los artefactos, apareció un pendiente perforado de Conus daucus18 , dos fragmentos de gladiolito19 y una concha fluvial; todas las evidencias pertenecían al preagroalfarero o mesolítico, primeros habitantes de estas serranías.
La primera mención documental se remonta al 10 de noviembre de 1634, cuando Juan Recio solicitó una hacienda ubicada en un valle con presencia de manantiales. Este colono al parecer no llegó a ocupar dichas tierras, como solía ocurrir, pues el 26 de abril de 1675, según el cabildo celebrado en San Cristóbal de La Habana, le fue concedida la hacienda o corral de San José de Manantiales a Nicolás Cardoso.
La existencia de los cafetales en Soroa, cuya concepción productiva estaba basada en un régimen esclavista, importaba de África la mano de obra negra, que propició expresiones de rebeldía con diferentes matices. Ellos transformaron las elevaciones soroenses en refugios y habitaciones desde donde enfrentaron con heroísmo indescriptible y con evidente desventaja, las embestidas ejecutadas por los Rancheadores crueles.