- Comunidad China en Panamá.
LA HUELLA DEL GIGANTE ASIÁTICO
Casi todas las fuentes de investigación histórica proponen el año 1854 como la llegada de la primera ola de migrantes chinos a Panamá. Luego de un largo viaje, al otro lado del mundo, los ciudadanos del Gigante Asiático, especialmente de Hong Kong y Taiwan, arribaron para trabajar en importantes proyectos de comunicación para el mundo, el destino comercial de Panamá.
En las listas de entrada aparecen como obreros para la construcción del ferrocarril. Y también están consignados nombres de familias chinas en la construcción del Canal de Panamá, con ingeniería estadounidense. La historia dedica unas líneas a las pérdidas de vidas de la comunidad china, entre otros grupos étnicos, debido a las enfermedades que trajo la apertura de las tierras para el Canal en un país del trópico.
De ese trabajo de pala y pico la comunidad china pasó a hacerse cargo de las abarroterías, las tiendas al detal, en las que el cliente panameño podía comprar pan y mantequilla para el desayuno del día, como el arroz y lentejas para el almuerzo y la cena. Allí también se podían encontrar fósforos, velas, chancletas, binchas para el cabello, líquido de uñas, tules, mapas, ungüentos para el cuerpo, lápices de colores y todo lo que un alumno despistado pudiera necesitar para el turno vespertino.
Datos recogidos en Contraloría estiman que los comerciantes chinos tuvieron en la capital algo más de 600 tiendas, en su mayoría en los barrios, las que abrían sus puertas muy temprano y se cerraban pasadas las 9:00 de la noche.
A las afueras de los muros de la segunda ciudad, en el barrio de San Felipe, los comerciantes chinos abrieron sus primeras tiendas llenas de colores, utensilios y herramientas. Se ubicaron, además, a ambos lados de la conocida calle de Salsipuedes, donde cada minúsculo local ofrecía de todo lo que uno como cliente pudiera necesitar en algún momento del día. El olor de la comida, cocinándose lentamente al vapor en un rincón de la trastienda, es también parte de la historia de la comunidad china en Panamá. Aprendimos a comer wantón, té o sopa verde y el sabroso chawmin, así como a desayunar, por lo menos una vez al mes, un rico desayuno chino con apetitosas y aromáticas viandas.
Para el año 2003, los datos del censo estimaban más de 200 mil ciudadanos en esta comunidad, trabajadora y creyente de la mejora económica. Poco a poco se trasladaron a nuevos barrios residenciales, como El Dorado, donde las tiendas son modernas y exhiben utensilios para la cocina e ingredientes.
Su fortaleza económica, así como el traslado de miles de ciudadanos, dio paso a títulos como el otorgado por el gobierno de turno en 1903: “ciudadanos indeseables”. En 1913 y 1928 surgieron leyes en contra de cada ciudadano chino y el tráfico de personas, las cuales supo enfrentar y solucionar esta comunidad que se ha integrado a la sociedad panameña.
En pleno siglo XXI mantienen su apego a los barrios, pero han cambiado los nombres de sus tiendas, procedentes de sus apellidos o la ciudad de sus abuelos, por títulos más latinos. Con ello se ha perdido un poco de esa magia que se experimentaba al traspasar las puertas de un local donde todo es nuevo, utilitario, divertido y rojo.
Chinese Community in Panama: The Asian Giant’s Influence
Most of historical research sources underline 1854 as the year when the first wave of Chinese migrants arrived in Panama. After a long voyage, from the other side of the world, the citizens of the Asian Giant, especially from Hong Kong and Taiwan, began to work in important world communication projects, Panama as a trade destination.
In the 21st century they feel attached to their neighborhoods, but they have changed the names of their stores, which were related to their surnames or the city where their grandparents lived, for more Latin American titles. So, part of the magic has been lost, the one you used to experience when entering a place where everything is new, utilitarian, fun and red.