Juan Formell un músico de leyenda
Lo intento, pero no logro imaginar qué hubiera sido de la música cubana contemporánea, de la cultura de esta Isla, sin el legado del gran Juan Formell y sus Van Van. ¿Cómo pensar en el mapa espiritual de este pueblo en los últimos 40 años, y no terminar inclinándonos ante esas creaciones que si bien expresan ese modo tan nuestro de ser y de vivir, no les son ajenas a quienes habitan en el Caribe o en Latinoamérica, y han sido capaces de traspasar los límites de un continente para conquistar a medio mundo?
¿Quién puede —aunque no posea el don de seguir el contagioso ritmo con los pies—, permanecer inmóvil o indiferente ante la marcada cubanía de temas que cuentan con gracia y poesía la historia más reciente de esta nación? Es evidente que Juan Formell llegó para renovar la música cubana, y sobre todo la popular bailable, que en los años 50 y 60 del pasado siglo mostraba, en verdad, un panorama poco halagüeño. Y fue justo cuando esta más lo necesitaba, que conocimos del contrabajista, guitarrista y compositor habanero —nacido en el reparto de Cayo Hueso— por su destacada participación en la orquesta de Elio Revé, su experiencia más importante antes de fundar los Van Van.
En lo adelante, la música popular bailable volvió a retomar altura al recuperar la calidad musical y letrística de antaño, gracias a la impronta de aquel joven que se había iniciado trovando con su guitarra a los 16 años, quien encontró inspiración no solo en su tierra con el Benny, Manuel Corona, Sindo Garay, el trío Matamoros, Ñico Saquito, Chapotín..., sino también en géneros surgidos lo mismo en el Caribe, que en Estados Unidos o Brasil.
Para ese entonces, Formell había probado su valía como orquestador y compositor, al punto de que la notable Elena Burke le interpretaba temas ya inmortales de la cancionística criolla, al estilo de De mis recuerdos y Lo material. Sin embargo, lo más sobresaliente de su etapa con La Revé (1967-1969) fue su capacidad para transformar el formato típico de charanga, que desde ese instante supo del bajo y la guitarra eléctricos, de polifonía vocal, de tratamiento rítmico en las cuerdas, amplificadas con violines y cello...
A partir de la irrupción de Formell en el ámbito musical nacional todo fue diferente, también porque muchas de las piezas que entonces se convirtieron en hits que llevaban su firma: El martes, Yo quiero una flaca, Yuya Martínez..., este último, un tema que luego volvería con nuevos aires en Van Van (otra vez un éxito), donde este inquieto y creativo hijo de instrumentista se propuso conservar, a toda costa, esa inmensa popularidad que comenzó a descubrir.
Sin dudas lo logró, y con Van Van, que no perdió jamás su intensa relación con los bailadores. Con esta orquesta Formell acuñó una sonoridad diferente, el songo (mezcla del son con ritmos del patio y foráneos —del Caribe, pero igual jazz, rock, samba...) y revolucionó la música cubana. Así, en un ejercicio perenne de innovación, manteniéndose fiel a su esencia y siempre abierta a nuevos desafíos, conquistó la difícil categoría de clásico, sin dejar de estar entre las preferidas.