Desde hace tiempo, el mar que baña a Santiago de Cuba es testigo de cómo arde en llamas un diablo de disensiones considerables, que simboliza lo malo. La tradición quedó sentada, en 1981, con el Desfile del fuego del Festival del Caribe, el cual inicia con un ritual Congo en saludo a Nzambi, entidad suprema entre los practicantes de la religión Palo Monte. 

Preparar el camino para estos encuentros, empeñados en mostrar esa zona de la cultura popular tradicional, íntimamente vinculada al complejo de la cultura de la región, constituye el objetivo de un evento que después de tres años de fundado, empezó a dedicase a un país.

Así, a golpe de tambores, ocurre la Quema del diablo, como se nombra esta celebración que finaliza en la populosa Alameda de la Avenida Jesús Menéndez, donde se despiden las agrupaciones y participantes en el festival, como colofón de la entrega de la Mpaka, emblema de la Fiesta del Fuego, que recibe la delegación anunciada para convertirse en protagonista de la edición venidera.

De ello saben los surinameses desde 1983, cuando vinieron por vez primera a la Fiesta del Fuego y quedaron entusiasmados con el afamado Desfile de la serpiente que inaugura públicamente el festival; algo así como una procesión de artistas, escritores e investigadores, grupos portadores nacionales y extranjeros, que va desde la Plaza de Marte hasta el Parque Céspedes.

Todavía se habla del inolvidable contacto inicial que acercó la rica cultura de Surinam —luego esta sería el centro en el encuentro de 2002—, a la de muchos otros países del área, presentes en la capital del Caribe. De aquel encuentro permanece fresco en la memoria, por ejemplo, la presentación de Robin «Dobru» Raveles, Poeta Nacional del hermano país situado al norte de América del Sur, en el Teatro Martí.

A Santiago han llegado músicas, bailes, comidas y costumbres de países  como Granada, con la cual se materializó la idea, en 1984, de dedicar el Festival a una nación. Así han sido homenajeados Haití, Guyana, Brasil, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela, México, Antillas Holandesas, Aruba, Honduras, Curazao, Trinidad y Tobago,  y Martinica.

Es este evento el espacio que aglutina, por excelencia, la cultura y la identidad caribeñas, y donde se desdibujan las barreras entre artistas y estudiosos, y el espectador que durante una semana se da el gusto de intercambiar y disfrutar a sus anchas de agrupaciones y creadores diversos, de índole y proyecciones bien distintas, en esta especie de carnaval sui géneris, que cada año reúne en Cuba expresiones de la cultura popular tradicional. 

Organizada por el Ministerio de Cultura de la República de Cuba, la Dirección Provincial de Cultura, junto a la Casa del Caribe, la Fiesta del Fuego está diseñada sobre un programa múltiple y variado donde se conjugan el ejercicio del pensamiento, en torno a temáticas de la historia y cultura de los pueblos del área (el coloquio El Caribe que nos une es un ejemplo de ello), con una sólida programación que incluye la música, la danza, el cine, la literatura, las artes plásticas y las ceremonias mágico–religiosas afrocaribeñas.

Según datos ofrecidos por el Comité Organizador de esta auténtica fiesta, que abrió sus puertas en la lejana década de los 80, con el título de Primer Festival de las Artes Escénicas de Origen Caribeño, la cifra promedio de participantes de 600 artistas caribeños, que se suman a los aproximadamente 1 200 creadores cubanos. 

Figuras de la talla de Argeliers León, Miguel Barnet y Roberto Fernández Retamar (Cuba), George Lamming (Barbados), Juan Bosch (República Dominicana), Thiago de Mello (Brasil), Marta Jean Claude (Haití), Gabriel García Márquez (Colombia), Geraldine Chaplin (Estados Unidos), han prestigiado esta cita que otorga el Premio Internacional Casa del Caribe, no solo a personalidades, sino también a instituciones nacionales y extranjeras que se han destacado en el fomento, desarrollo e investigación de la cultura popular tradicional de estos pueblos para que continúe deslumbrando al mundo.

En esta oportunidad el Premio Internacional Casa del Caribe será entregado en homenaje póstumo a Juan Formell, fundador de los Van Van, y a las seis comunidades cimarronas que coexisten pacíficamente en ese país caribeño.