Santiago de Cuba
Cada amanecer Santiago de Cuba vive la magia de la luz, la policromada estampa de lo auténtico, asomada a la ventana de la vida. Usted puede tocar el verdor de sus montañas, darse un baño azul de cielo o inundarse del cristal caribeño de su mar. Puede conversar con la Historia, o simplemente honrar a la Hospitalidad. Sólo alguien avisado por el poeta sería capaz de obedecer a su conjuro: "¡Es Santiago de Cuba, no os asombréis de nada…!". Con casi cinco siglos de existencia, la que hoy constituye uno de los polos turísticos más importantes en el país, es una comunidad de corazón alegre, abierta a todos los que la visitan, a quienes buscan el misterio de lo humano o los tesoros de lo natural.
Geografía, historia y personas se han confabulado para esta suerte de lo que muchos consideran "el más caribeño de los territorios cubanos" o lo que otros ven como la más acabada síntesis de la cubanía.
El Héroe Nacional José Martí la definió en una sola frase: "Donde más alto crecen las palmas".
CABALGANDO LOMOS
Santiago de Cuba es una provincia que sobrepasa el millón de habitantes y más de seismil kilómetros cuadrados de superficie. Su capital, de igual nombre, es el centro de la vida económica y social, donde comenzó la historia…y donde cada día se escribe una página nueva.
Casi 500 mil personas la pueblan y la hacen, administrativamente, el municipio más poblado de Cuba. La parte urbana, la ciudad propiamente, lo es casi todo, pero también tiene sus sierras, de fuerza económica y vitalidad histórica. De lejos la ciudad parece cabalgar sobre muchos lomos, como si avanzara del mar al Sol.
Y es que se asienta sobre colinas de origen marino, en un valle en forma de anfiteatro rodeado de montañas, que se abren a la bahía más protegida del archipiélago cubano. Este entorno definió la trama urbana, la variada arquitectura y hasta el carácter de sus pobladores. Todo ello abrazado por la imponente Sierra Maestra.
HISTORIA VIVA
La leyenda y la realidad una y otra vez se han mezclado en la historia santiaguera en un recurrente ejercicio de realismo mágico, trastocándose y metamorfoseándose una en otra en muchas ocasiones, dando cabida a lo épico y lo inverosímil. Su memoria local adquiere carácter universal, pues la ciudad entronca sus destinos de tal forma con lo cubano y lo caribeño que conocer su pasado es hacer un recorrido por el devenir de una parte importante del que se llamó Nuevo Mundo.Así este es otro motivo de atracciones.
El protagonismo de los santiagueros fue tal, las jornadas de heroísmo y entrega fueron tantas, que en razón de ello, por toda su historia anterior y su papel en la etapa revolucionaria, se le confiere el título honorífico de Ciudad Héroe de la Repúblicade Cuba y la Orden Mayor General Antonio Maceo y Grajales, el más alto honor militar, siendo la única que lo ostenta en el país.
Por su participación en los destinos del país Santiago de Cuba guarda como blasones la leyenda: Rebelde Ayer, Hospitalaria Hoy, Heroica Siempre.
EL SANTIAGUERO
El fruto más original y auténtico de este proceso social es el santiaguero. Todos, desde el reyoyo habitante de estos lares hasta el visitante más neófito y despistado, coinciden en que los pobladores constituyen el elemento más atrayente y distintivo de Santiago. Pero el mestizaje lo define.
Este fue un punto de encuentro de culturas aborígenes, europeas, africanas en la encrucijada del Caribe, y aquí se acrisoló una mezcla que hoy día conforma una idiosincrasia generosa, extrovertida, hospitalaria y noble.
Así es el santiaguero. Detrás de una guitarra o un tambor, con una botella de ron, danzando los ritmos caribeños, o trabajando, creando, forjando, realiza cada día la leyenda, entre el bullicio y la entrega, el amor a su tierra y a sus semejantes.
Santiago de Cuba es una ciudad musical. Basta acercarse a cualquier esquina para sentir la sonoridad que emana de entre sus edificios. No es posible suponer a esta ciudad sin sus rumbas, su trova, sus sones y sus boleros. Pareciera como si todas las fuentes de que se nutre formaran una combinación exquisita de sonidos, para oír, para bailar, para divertirse.
Así es Santiago, donde Cuba es más Cuba, que ostenta con justeza el posesivo porque Santiago es de Cuba más que cualquiera otra ciudad. La define y resume, la defiende y fortalece. Ostenta la MANZANA DE ORO, que le confirió la Asociación de Periodistas de la Prensa Turística Internacional
EN LA CUNA DEL RON
Como el tabaco habano, el ron identifica a Cuba. Los mejores se producen en la isla, y detal forma que pasaron a ser renglones económicos o de consumo a símbolos de la cultura y nacionalidad por su participación en la historia de su pueblo.
Y Santiago es la cuna del mejor ron cubano, por tanto también del mejor del mundo. Este es el fruto de una tradición que se remonta a mediados del siglo XIX, cuando el ardiente néctar dejó de ser un brebaje agresivo a las gargantas, basto al paladar, para convertirse en una bebida ligera aunque de buen contenido alcohólico, de agradable sabor y aroma y aptitudes para ser la bebida social por excelencia en los calurosos días de la región.
Actualmente Santiago de Cuba tiene dos fábricas: Caney (antigua Bacardí) y Matusalén (antigua Castillo), con una capacidad de producción de nueve millones de litros al año. En ellas, y un museo instalado en pleno centro histórico de la ciudad, se puede saber más sobre la historia de esta bebida.
PATRIMONIOS DE LA HUMANIDAD
Son pocos los territorios de un mismo país que pueden ufanarse de que la UNESCO le concediera a más de una de sus instituciones o riquezas patrimoniales la distinción de Patrimonio de la Humanidad. Santiago de Cuba es uno de estos: en diciembre de 1997 la organización otorga esa condición al Castillo de San Pedro de la Roca, más conocido por Castillo del Morro, y casi tres años después, en noviembre del 2001, lo recibe el conjunto de ruinas de cafetales franceses que a fines del siglo XVIII y principios del XIX se establecieron en la parte suroriental de la isla.
Ambos se sumaron a la Habana Vieja y al Valle de los Ingenios, en Sancti Spiritus, en ser los únicos del país con la distinción, considerados así por la UNESCO en razón de "sus valores arquitectónicos, nivel de conservación y valor histórico".
EL REINO DE LOS CAFETALES
En "El Reino de este Mundo", Alejo Carpentier imagina así a Santiago de Cuba en los finales del siglo XVIII: "Por primera vez se escuchaban músicas de pasapiés y de contradanzas. Las últimas pelucas del siglo, llevadas por los hijos de los colonos, giraban al son de minués vivos que ya anunciaban el vals. Un viento de licencia, de fantasía, de desorden, soplaba en la ciudad…" De ahí la justeza de que la UNESCO declarara Patrimonio de la Humanidad a las Ruinas de 180 cafetales franceses que se establecieron en las serranías del suroriente cubano, los cuales fueron el núcleo del cual irradió la bienhechora influencia dejada por estas oleadas migratorias, que se calcula trajeron a más de 30 mil personas.
La zona de La Gran Piedra fue uno de los principales lugares de asentamiento, pero las ruinas encontradas también se hallan en El Cobre, Dos Palmas y Contramaestre, en esta propia provincia, y en Yateras, Niceto Pérez y El Salvador, en la vecina Guantánamo.