El culto mariano a la virgen de la Caridad del Cobre se ha conformado desde los propios inicios de la colonización y de la evangelización católica del aborigen en el archipiélago cubano. El imaginario popular recrea este devenir de varios siglos de formación del culto con el relato del hallazgo de la imagen de la virgen flotando sobre las aguas de la bahía de Nipe, por dos indios y un negro, luego reemplazados por tres pescadores.

¿De dónde proviene esa popularidad que le ha permitido ser amada por los cubanos desde el siglo XVII?

Ante el empuje colonizador, las regiones nororientales de la isla de Cuba fueron el lugar preferido de refugio de los aborígenes diezmados, y no es de extrañar que en estos recónditos parajes se hubieran establecido tempranamente santuarios híbridos, con sus rezagos aruacos, de devoción a la virgen María; así debió de ser el que existió en Barajagua, sitio primado que menciona la leyenda del culto mariano cubano.

A 16 kilómetros de Santiago de Cuba se encuentra el poblado de El Cobre, cuyo origen y el devenir de sus habitantes resultan imposibles de desligar de la formación de la devoción popular a la patrona de Cuba, razón suficiente para comprender por qué su Santuario Nacional se levanta en este sitio de la geografía cubana.

Allí se halla el cerro de Cardenillo, rico en cobre, motivo de disputas y ambiciones entre vecinos y foráneos hasta que, finalizando el siglo XVI, la Corona optó por crear una empresa estatal dirigida por el capitán Francisco Sánchez de Moya, que suministraría el mineral a la Fundición de La Habana, encargada de fabricar cañones destinados a las fortalezas.

El administrador adquirió varias partidas de bozales __en su mayoría de Angola__, y comenzó por abrir socavones y construir hornos para extraer y beneficiar el mineral. Transcurrida una década, el número de esclavos era de casi trescientos, y para mantener su obediencia, con buenas maneras, en lo alto del cerro donde se hallaban los bohíos de la dotación se construyó una ermita, cuyo primer ermitaño fue Mathias de Oliveras, procedente de las villas desmanteladas de La Española. Todo el entramado social permitió el advenimiento de una cultura mestiza, de criollos. Para estas décadas el poblado de Santiago del Prado (El Cobre) concentra la vida del entorno rural y adquiere relevante papel colonizador.

En la narración legendaria relativa a su hallazgo, se dice que dos rancheadores, indios naturales __los hermanos Hoyos__, y el negrito esclavo criollo Juan Moreno, encontraron la imagen de la virgen f lotando cuando navegaban los tres por las aguas de la bahía de Nipe en busca de sal.

La información documental permite aseverar que los dos indios Hoyos eran personajes reales que desempeñaban tareas de monteros en las minas de cobre, mientras que Juan Moreno era un criollo nacido de padres bozales en aquellos parajes. Al texto proporcionado por el primer capellán de la ermita, Onofre de Fonseca, vinieron a sumarse, hace unos años, los autos de 1687-1688, en los que el propio Juan Moreno, a la edad de ochenta y cinco años, narró lo que había ocurrido hacía ya casi un siglo.

Contaba Juan Moreno que al ir una mañana de mar en calma en una canoa para buscar sal __imprescindible en las tareas de fundición del cobre y el curtido de pieles__ junto a los dos indios Hoyos, vieron que algo flotaba sobre la espuma del agua. Al principio creyeron que era un pájaro, y luego una niña. Finalmente comprendieron que era la imagen de una virgen sobre una tablilla pequeña con unas letras inscritas que decían: “Yo soy la Virgen de la Caridad”.

Se asombraron de que sus ropas no estuvieran mojadas; la recogieron y llevaron hasta el hato de Barajagua, cuyo mayoral avisó del hallazgo al administrador de las minas, Sánchez de Moya, quien dio su aprobación para la construcción de un bohío para depositarla en rústico altar de tablas. 

En la contemporaneidad, a las imágenes más populares de la virgen del Cobre las acompaña una pequeña embarcación donde viajan un negro, un blanco y un mestizo de negro o indio. A estos tres marinos se les llama “ los tres Juanes”, conjunto que confirma, precisamente, la actual composición etno-cultural de la comunidad cubana. En el occidente de Cuba, la virgen del Cobre había ocupado un lugar dentro del panteón yoruba, equiparada a Oshún. Voluptuosa y sensual, orisha dominadora de las aguas, sus leyendas y mitos la identificaban, en la sincretización religiosa, como una virgen maternal: una mulata cubana cuarterona de pelo crespo y grueso. Al penetrar la santería en la región oriental hacia los años treinta del siglo XX, la Caridad se incorporó a sus creencias, pero no puede hablarse de una asimilación a Oshún; ambas mantienen paralelismo e interrelaciones. En todo caso, la participación de la primera en la santería y en otros cultos populares es una forma de expresar la fuerza de la cubanía dentro de estas creencias.