Cruceros la escala obligada
Por el momento, los puertos cubanos preparados para recibir cruceros y los lugares del archipiélago donde es posible hacer desembarcos, dan la bienvenida cada año a varias decenas de miles de visitantes. Pero, reitero, solo por el momento, pues nadie se atreve a poner en duda las oportunidades que ofrece la Isla para el desarrollo de esta industria. Primero que todo está la posición en el Caribe, estratégica y codiciada desde la llegada misma de los conquistadores, algo que pudiera parecer un cliché, mas no lo es. Un vistazo a las páginas de las revistas especializadas en los viajes de cruceros, corrobora la teoría de que la llamada “Llave del Golfo” es un punto neurálgico para las travesías en la región. Los barcos que no llegan hasta aquí por razones de fuerza mayor, bordean su geografía camino a otras islas. Luego, y no menos importante que la ventaja ya expuesta, están los encantos turísticos y los valores históricos, sociales y culturales del país, que convierten a la mayor de las Antillas en una escala tentadora para los barcos de recreo. Habituadas ya al arribo de los grandes buques, Ciudad de La Habana y Santiago de Cuba han dispuesto la infraestructura para facilitar los recorridos de los visitantes por lugares de interés como el Centro Histórico de La Habana Vieja, fortalezas militares de la época colonial, restaurantes y bares famosos, monumentos, plazas, importantes obras arquitectónicas, museos, galerías de arte, espectáculos teatrales, musicales y danzarios, centros nocturnos y sitios naturales cercanos. Tal es la aceptación que muestran pasajeros y tripulaciones hacia la capital cubana, que algunas compañías han elegido la terminal Sierra Maestra como puerto madre para sus operaciones en el Caribe; otras realizan en ella una parada de dos días o al menos permanecen aquí hasta que vuelve a salir el Sol, un derecho que solo ganan aquellos destinos seguros y atractivos. Punta Francés, en el sur de la Isla de la Juventud, se ha convertido mientras tanto en una escala casi inevitable para tomar un baño en una playa excepcional, bucear, hacer snorkeling y adentrarse en la naturaleza virgen de la región. No son estos, sin embargo, los únicos puntos del archipiélago que tienen las condiciones creadas para recibir cruceros. Puertos como los de Cienfuegos o Casilda (Trinidad) han acogido ya naves de no muy grandes dimensiones y los Jardines del Rey, al norte de Ciego de Ávila, han materializado con éxito los desembarcos cercanos a sus playas, donde los viajeros pasan unas horas. Radas como Mariel (La Habana), Matanzas y Bahía de Nipe (Holguín), esperan sólo por un incremento en los arribos para llevar a cabo las reformas que les permitan abrirse también al crucerismo.
NO SON TODOS LOS QUE VIENEN La posibilidad de realizar más de una escala en el país es considerada por los especialistas una de las ventajas para impulsar esta industria en Cuba, llamada a convertirse en uno de los principales destinos de cruceros en la región. Cuánto tardará la mayor de las Antillas en llegar a la cresta de la ola, no es una pregunta que requiera asomarse a una bola de cristal. Un análisis elemental del sector en la región bastará para comprender que el despegue definitivo se producirá una vez que los Estados Unidos levanten la prohibición a sus compañías de cruceros, de incluir los puertos cubanos en sus itinerarios. Es una verdad de Perogrullo que las navieras de la nación, al norte del archipiélago cubano, dominan por amplio margen el negocio de los grandes barcos de recreo. Sólo tres de las grandes, Carnival, RCCL y P&O, transportan el 85% de los cruceristas que vienen al Caribe, el 70% de ellos estadounidenses, que representan, dicho sea de paso, el 90% del total reportado por la región anualmente.
CONTRA VIENTO Y MAREA No obstante esta limitante, la modalidad en el país no se encuentra varada. En la actual temporada se prevén 120 escalas (alrededor de 77 000 pasajeros), entre ellas las de algunos barcos de última generación, propiedad de las tres principales compañías europeas, capaces de ofrecer competencia a los armadores norteamericanos. El hecho de poder establecer relaciones esos armadores y recibir nuevos cruceros cada año demuestra, según los expertos, que el país tiene ya un desarrollo y condiciones competitivas, un resultado importante en un sector prácticamente dominado por los Estados Unidos. Desde que decidió abrir sus puertos a la actividad de cruceros, en 1995, Cuba ha logrado incrementar progresivamente la profesionalidad del personal que trabaja en esta modalidad turística, y mejorar la infraestructura y organización general, para alcanzar un nivel de satisfacción elevado de visitantes y navieras. No por ello el proceso de eficiencia y competitividad ha echado anclas, y las autoridades portuarias cubanas buscan elevar constantemente ambos aspectos, porque la belleza de La Habana y el interés turístico, no son suficientes para atraer compañías que valoran altamente estos aspectos. De ahí que recientemente se haya implantado en la terminal Sierra Maestra 1 la infraestructura Dolphin, que permite recibir barcos de última generación. Por otra parte, se prepara la inversión para elevar de 2 a 6 los atraques en La Habana, el destino que mayor interés despierta y donde en el futuro se deberán efectuar el 80 u 85% de los arribos. Aunque en los años que se aproximan se disponga de cuatro muelles para megacruceros en las terminales Sierra Maestra 1 y 3 y dos en Casa Blanca, al otro lado de la bahía, la estrategia de los operadores cubanos es crear las condiciones en los puertos de Mariel y Matanzas, como alternativas para evitar la concentración excesiva de barcos en la capital, que pudieran perjudicar la calidad de los servicios y la rentabilidad. Además, se ha iniciado la construcción de uno de los centros comerciales más importantes de toda la región en el muelle número 2 de la terminal Sierra Maestra, con tiendas y variados servicios, que complementará el embarque y desembarque, junto a las instalaciones para recibir fast ferrys.
UN DESTINO LLAMADO A TRIUNFAR Estudios de instituciones especializadas estadounidenses y de las propias compañías de cruceros de ese país, revelan que el alto número de clientes que repiten, hace que las navieras busquen nuevos destinos para no perder un por ciento de esos pasajeros. Intocada todavía, Cuba parece entonces la pieza clave para cerrar el rompecabezas de esta industria en el Caribe y disipar las preocupaciones de los armadores. Sus ventajas son incuestionables: ubicación, varios puertos y puntos de escala, condiciones apropiadas para la navegación casi todo el año; experiencia operativa aduanal, turística, portuaria y de inmigración; seguridad, y diversas opciones históricas, culturales y recreativas. Estas y otras muchas características, se afirma, una vez abolidas las restricciones de los Estados Unidos, despertarán el interés por las rutas que incluyan al archipiélago, del 70% de los 5 000 000 de pasajeros que visitan La Florida. Para la Isla representaría una avalancha de alrededor de 3,5 millones de cruceristas y un tráfico ininterrumpido los 365 días del año, cifra que marcaría la entrada en la verdadera etapa de desarrollo de la actividad. Para ese entonces los operadores portuarios cubanos se plantean ser más selectivos con los barcos y compañías que lleguen al país, para evitar las grandes aglomeraciones. Cinco megacruceros desembarcando en La Habana significarían más de 10 000 personas que exigirían una infraestructura adecuada, transporte, restaurantes, lugares de interés para visitar y ofertas nocturnas.