El universo de la alta cocina también ha incidido en el modo de hacer de los fogones cubanos, que ahora se engrandecen y se nutren de la cultura del detalle. Crisol de cocinas europeas, africanas, asiáticas  y caribeñas, con el impulso de nuevas formas de gestión económica, la gastronomía en Cuba comienza a destacarse poco a poco por la variedad y acertadas formas de elaboración,
sentido estético en la presentación de los platos, que se combinan con espacios confortables y un tratamiento personalizado.
Tal vez suene atípico, pero el término “revolución” define a la perfección este momento. En particular, La Habana se ha convertido poco a poco en una ciudad gastronómicamente interesante -por qué no, gourmet- donde la variedad comienza a ser norma e incluso se habla con criterio de cocina de autor.
Son tiempos propicios para ello, gracias a la proliferación de restaurantes en el competitivo sector privado, que intentan marcar una diferencia para sobrevivir y crecer, mediante una cocina que no le teme a replantearse la tradición, explorar nuevos sabores y texturas.

En opinión de muchos, este movimiento cambiará radicalmente lo que se conoce como cocina
cubana. Medio centenar de chefs y cocineros ya trabajan en ello, garantizando un presente delicioso y anunciando un futuro para chuparse los dedos...