Talavera, exquisito distintivo artesanal de Puebla
Los visitantes que arriban a Puebla, sin previo aviso de la inmensa riqueza de su artesanía, se maravillan con el orgullo de sus artistas de la cerámica, protagonistas de uno de los signos distintivos de la ciudad de mayor repercusión internacional. Su presencia dominante en la vida de los poblanos, como elemento decorativo de los ambientes más elegantes, domicilios particulares o refinados restaurantes y establecimientos comerciales, revela que se trata de un elemento esencial de una de sus tradiciones culturales más valiosas. Un simple paseo por las calles del Centro Histórico, donde abundan las casas de artesanía, basta para descubrir paso a paso, el infinito universo de formas y diseños que embellecen artículos ornamentales diversos o los más variados objetos de uso utilitario, desde vajillas completas hasta azulejos para recubrir cualquier superficie. Platos, búcaros, floreros, candelabros, jarras, en fin, todo lo que puede servir al deleite de la vista y al despertar de sueños en las más increíbles combinaciones de colores, evocadoras de la rica naturaleza circundante del Valle de Puebla o de influencias asiáticas, árabes o aztecas, matizadas por la visión contemporánea de sus artífices, despiertan suspiros de admiración y el deseo irreprimible de la posesión, del goce de la apropiación, algo para llevar a casa y colocar en un sitio privilegiado. Y uno se pregunta, de dónde viene la denominación de Talavera de Puebla para esa loza y azulejos vidriados y esmaltados que se fabrican con tanta dedicación y orgullo en esta ciudad mexicana. Seguramente por la semejanza que guarda su estilo decorativo con el de la loza originaria de Talavera de la Reina en España, la también llamada por sus habitantes “Ciudad de la Cerámica”. Varios historiadores han dado su versión sin poder comprobarla documentalmente, según explica el investigador José Luis Solana. “La verdad –dice- es que aunque la loza poblana se decora a semejanza de la de Talavera, ello no basta para suponer que hayan sido talaveranos los primeros loceros que llegaron a Puebla. Bien pudieron ser sevillanos, pues Sevilla fue punto de emigración a las posesiones españolas de ultramar y centro productor de loza y azulejería con influencia mudéjar. Desde luego, un notable locero, vecino de Puebla de los Ángeles en 1604, de nombre Diego Gaytán, era originario de Talavera y no dejaría de influir, con su personal estilo, en el desarrollo de la industria poblana de la loza.” Cuando se tiene en las manos una pieza de cerámica de Talavera, se puede corroborar si procede de Puebla por su color de fondo café verdoso y no blanco. Además debe distinguirse el logo de uno de los trece talleres protegidos con la denominación de origen, reconocida por el gobierno federal desde noviembre de l998, explica Ramón Ramírez, gerente del Consejo Regulador de Talavera, A. C. (CRTAC).
La denominación de origen Talavera la da el barro blanco, el cual fue localizado hace cinco siglos en Puebla por misioneros dominicos españoles. La principal atribución del barro blanco es su resistencia y la del negro la plasticidad. La combinación de ambos elementos deriva en un producto cerámico fuerte, flexible y bello.
La definición técnica de Talavera –registrada en el Instituto de Derechos de Autor (IDA) es la siguiente: "cerámica propia de la zona de Puebla, elaborada con barro y conformada por un cuerpo cerámico recubierto con vidriado estannífero, decorado con colores metálicos y trabajado manualmente en sitio". Otras peculiaridades de la cerámica de Talavera son que cada una de las piezas producidas por los 13 talleres con denominación de origen se hacen con amasados de barro blanco y negro, se pintan con colores minerales producidos por ellos mismos (no con pinturas industriales) y que su elaboración es 100 por ciento artesanal, o sea que cada pieza es "única e irrepetible". La producción de alfarería de Talavera contempla seis procesos distintos de meticulosa aplicación técnica que duran aproximadamente seis meses. Cada etapa se cubre con dos o tres pasos con delicadeza. En conjunto, el proceso integral suma quince pasos, sin incluir su embalaje comercial. En promedio cada proceso se realiza en dos o tres pasos.
El primer proceso consiste en preparar la mezcla de los dos barros; segundo, deshidratación y amasado; tercero, moldeo de piezas a mano, en tornos de patada y moldes; el cuarto se refiere al jahuete o primera horneada; quinto, decoración, diseño y pintura; y sexto, segunda horneada, la cual se hace a mil 50 grados centígrados. La pintura y dibujo de cada pieza se hace a mano con finos pinceles de pelo y plumas. Este complejo proceso de sabiduría popular, comenzó a ser regulado en época tan temprana como mediados del siglo XVII, cuando según relata Solana “la producción de cerámica llegó a ser muy abundante y cada locero fabricaba sus piezas a capricho, sin más que lo que imponían su propio gusto y la costumbre”. Había tal cantidad de ceramistas –señala- que el virrey se vio en la necesidad de crear el gremio de loceros y reglamentar su oficio. Así, en 1653 se redactan en Puebla las ordenanzas que fijaron las condiciones requeridas para ser maestro del oficio, entre ellas la separación de la loza en tres géneros: fina, común y amarilla. La ordenanza precisaba “las proporciones en que debían ser mezclados los barros para producir piezas de buena calidad, y las normas a seguir para el decorado, en las que se establecía que en la loza fina la pintura debía ir guarnecida de negro para realzar su hermosura; además se especificaban cualidades y detalles de fabricación.” Como resultado de las ordenanzas de 1653 y las ampliaciones de 1682, la cerámica de Talavera, registró una notable mejoría; el vidriado es de un blanco bellísimo, ligeramente lechoso, uniforme, terso y brillante, en el que resaltan los azules fuerte y delgado y las características combinaciones policromas, amarillo, verde, anaranjado, azul y negro, agrega Solana.
El auge y esplendor de la Talavera abarcó de 1650 a 1750 aproximadamente, cuando se difundió por todo el territorio de la Nueva España, Guatemala, Cuba, Santo Domingo, Venezuela y Colombia. Según Solana, a partir de ese momento diversos factores nacionales y externos provocaron un declinar de la difusión de estos productos artesanales, seguida de altas y bajas, mejoramientos y cambios, hasta su resurgimiento “con la aparición de nuevos talleres –pocos– con un sentido de empresa moderna” en los últimos 20 años. Los centenares de modelos de platos, tibores, floreros, saleros y lozas para cubrir paredes se elaboran en solo trece talleres asentados en los 30 municipios de cuatro distritos políticos del valle de Puebla: Puebla de los Ángeles, Cholula, Tecali y Atlixco. El barro blanco se saca de la región suroriental del valle y el negro se haya indistintamente en los cuatro distritos. Desde antaño se empezaron a hacer imitaciones de la Talavera pero sin la calidad original, entonces nació la necesidad de preservar el producto a través del tiempo para conservar su verdadero valor.La Talavera está considera entre las mejores y más bellas cerámicas del mundo, puntualizó en declaraciones a Excelencias del Caribe Armando Suárez Domínguez, durante una visita a su fábrica. Para ello, agrega, se creó en Puebla el Consejo Regulador de Talavera (CRTAC), formado por los 13 talleres con denominación de origen –entre ellos las casas Urriarte, Santa Fe y Talavera de la Reina—, las trece casas fabricantes de Talavera más reconocidas, que están rescatando las tradiciones en el proceso de fabricación de este tipo de cerámica, al validar como legítimo el proceso original de su fabricación. Suárez Domínguez, es el propietario de la Fábrica y Galería Armando, una de las que están en proceso de certificación de la Talavera que ellos fabrican a través del CRTAC. La fábrica Talavera Armando existe desde hace más de 50 años, viene de una familia que se ha dedicado toda la vida a la Talavera y de generación en generación han pasado la tradición. Cuenta con varias sucursales y es considerada como una de las de mejores servicio, atención y prestigio, lo que le ha granjeado el reconocimiento de muchas instituciones en el mundo e invitaciones a exposiciones, eventos y congresos. Armando Suárez Domínguez se declara orgulloso por ser de Puebla de los Ángeles, donde la artesanía popular deslumbra por su exquisita belleza. Y para explicar ese extraño sortilegio que envuelve a su ciudad recuerda la leyenda según la cual las campanas de la Catedral -en la época que se construyó- eran muy pesadas para subirlas al campanario, pero un buen día amanecieron en la torre y dice la voz popular que fueron los ángeles quienes las pusieron ahí. Hoy, son los miles de objetos decorativos elaborados en cerámica Talavera los que parecen tocados por manos de ángeles.