Frank Fernández, Un poeta del teclado
Escuchar la música de Frank Fernández despierta la conciencia de que aún vivimos para el disfrute y deleite de lo bello. Precisamente esta certeza, y el reconocimiento de los valores del excelente pianista cubano, han sido los móviles de la presente entrevista:
El solo nombre de Frank Fernández hace que, por una especie de mecanismo asociativo, nos asalte un inefable mundo de sensaciones ¿Pudiera hablarnos acerca del momento en que se descubrió a sí mismo? Si se trata de descubrirme como artista, en realidad se me mezclan los recuerdos personales con las anécdotas que mi familia me contaba sobre cómo, a los 3 ò 4 años, me senté al piano en la Academia Musical que dirigía mi madre y comencé a tocar “de oído” algunas piezas y estudios que los alumnos de mamá, de edades muy superiores a la mía, tocaban diariamente; pero tanto el descubrimiento humano como el misterio de la creación artística, siguen siendo para mí algo por venir y que sospecho no alcanza esta vida física para descifrar plenamente esa incógnita.
Todo aquel que ha tenido el privilegio de haber seguido de cerca su carrera artística, o simplemente de estar presente en algunos de esos magistrales conciertos, admira su virtuosismo ¿En relación con su trayectoria artística qué puede decir a Excelencias Turísticas del Caribe? En mi vida profesional considero fundamental el privilegio de haber tenido una formación atípica de 4 pilares fundamentales. 1º.- Los estudios con la gran pedagoga Margot Rojas, alumna de Lambert, uno de los últimos discípulos de Franz Liszt. 2º.- El perfeccionamiento recibido durante 5 años en la clase del excelente pianista y pedagogo Vìctor Merzhànov en el Conservatorio Tchaikovski de Moscú. 3º.- El conocimiento, desde mi pueblo natal Mayarí, de lo mejor de la trova tradicional y de otros géneros de la música popular cubana. 4º.- La apropiación del enorme caudal de tradiciones pianísticas cubanas de los siglos XIX y XX, con investigaciones e interpretaciones sobre Manuel Saumell e Ignacio Cervantes, “padres de la música cubana”, así como de Ernesto Lecuona, paradigma de la síntesis entre lo español y lo africano. Esta formación, repito, me ha permitido no sólo la aceptación de públicos y críticas de más de 33 países de Europa, Asia y América, sino también la posibilidad, gracias a los sabios consejos de mis maestros, de seguirme sintiendo como un alumno que cada día aprende algo nuevo. Creo que es la única posibilidad que tiene un artista de mantenerse vivo. En el momento en que empieza a sentirse “un profesional” que ya no tiene nada que aprender, en ese mismo momento empezó a desaparecer como creador.
Sabemos que todo pianista de su talla debe someterse a una rígida disciplina ¿Qué opina al respecto, partiendo, por supuesto, de su experiencia personal? Considero que para ser un artista, cualquiera que sea su dimensión y trascendencia, sólo es posible lograrlo con un espíritu de sacrificio a toda prueba, un poco de talento y una disciplina cotidiana “a prueba de balas”.
Interpreta Ud. con igual maestría la música clásica y popular ¿En qué radica el secreto? ¿Puede hablarse en este caso de un mismo nivel de preferencias? Pienso que no existe ningún secreto. Conocí de muy niño en mi casa la música clásica, ya que mi madre era directora y profesora de piano de la Academia de Música de Mayarì; también en la casa de Martín Meléndez, el director de la Banda Municipal de mi pueblo, donde también conocí a los mejores músicos populares de la época, que iban allí por respeto a esa familia en la que todos eran músicos excelentes, intuitivos, y más de 4 ò 5 de sus hijos con una formación académica, pero que dedicaban toda su energía creadora hacia los mejores géneros de la música popular cubana. En cuanto a preferencias, es conocido por todos que mi trabajo profesional se ha desarrollado en un 90% dentro de la música clásica universal y cubana, pero siento tanto placer cuando toco cualquiera de los 5 conciertos de Beethoven, como cuando acompaño una buena canción o un bolero, a cualquiera de mis grandes amigos que son excelentes intérpretes de este género.
¿Cuáles han sido los momentos que ha considerado más importantes en el desempeño de su profesión? En los 44 años que llevo en esta profesión, hay muchos momentos importantes e inolvidables, pero sin meditar mucho, me vienen a la mente: - Mi primera presentación con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba a los 19 años. - El estreno de la Sala del Shauspielhaus en Berlín y el recuerdo de aquel silencio tan emotivo del público alemán cuando terminé de tocar la Fantasía de Schumann, seguido de un aplauso tan largo que me hizo salir 9 veces a escena. - Haber sido seleccionado para tocar el Concierto No. 1 de Thaikovski en la Sala Smétana de Praga, con la excelente Orquesta Sinfónica de esa ciudad, y como celebración, 100 años después, del día en que el compositor Piotr Ilich lo dirigiese en ese mismo Auditorio. - Haber podido dirigir y tocar junto a mis invitados, la Gala por los 100 años del nacimiento de nuestro gran compositor Ernesto Lecuona en el Teatro Nacional de Cuba, con sus 2800 localidades repletas y público en los pasillos y las escaleras, rindiéndole tributo a nuestra música. - Cuando fui el solista que tocó, por primera vez junto a nuestra Orquesta Sinfónica Nacional, los 5 conciertos de Beethoven en 2 noches consecutivas, con gran entusiasmo del público asistente, ya que una parte quedó fuera del Teatro Nacional sin poder entrar, reclamando la repetición del ciclo que todavía no se ha repetido. - El haber sido seleccionado en Tokio el mío, como el mejor recital del año 1992 (recuérdese que en la capital del Japón hay màs de 17 eventos musicales diarios). - Cuando fui laureado con el título de “Doctor Honoris Causa en Arte”. - Cada vez que mis alumnos han ganado alguno de sus 27 Premios Internacionales y muchos otros momentos que serían interminables enumerar, ya que cada vez que salgo a escena o compongo una obra, lo hago con total entrega, como si fuera lo último que fuera a hacer en la vida .
Además del excelente intérprete que es Frank Fernández ¿En qué medida pudiera hablarse también del arreglista y compositor? Prefiero que sea el gran escritor y ensayista cubano Guillermo Rodríguez Rivera, el que hable de este aspecto: “... con su capacidad integradora logra fundir mundos sonoros diferentes que se descubren y se complementan gracias a su talento. De todo ello surge un mágico universo musical donde señorea, para orgullo de la cultura cubana, el arte inconfundible del maestro Frank Fernández.”
¿Influencias? Siento que tengo todas las influencias de lo bueno que se oye en este mundo y a veces creo que recuerdo cosas de vidas pasadas.
La excelencia de sus interpretaciones es capaz de transportarnos a esa otra dimensión en la que nos sentimos flotar ; pienso que a esto contribuye también su expresividad gestual ¿Cuál es la raíz de esa fuerza expresiva que siempre lo ha caracterizado? Hay 2 tipos de gestualidad, la premeditada, como un elemento teatral para impresionar al público cuando no se puede tocar con las manos la música que demanda el compositor y la gestualidad que emana de las contracciones musculares que provoca la música cuando al estar bien interpretada conmueve, no sólo al público sino al propio intérprete, pero una vez más, les pido permiso para que sea la gran pianista, crítico y escritora dominicana Aida Bonelly, graduada de la Escuela Julliard de New York, la que dé su opinión sobre la raíz de lo que algunos llaman el poder de comunicación:
“¿Cuál es la magia de la respuesta unánime de un público mixto que puesto en pie aplaude delirante? Se dirá que algunos responden por instinto emotivo, otros, más experimentados, reaccionan automáticamente antes de pensar. Sus fibras emocionales han sido sacudidas con intensidad por el suceso sonoro de la interpretación que recién termina. Un oleaje contagioso agita el júbilo colectivo. Es el arte que pasa vivo. Está lleno de misterios, sugerencias y excitación. Este fenómeno plural de entusiasmo inusitado ocurre cada vez que Frank Fernández ofrece las extraordinarias ejecuciones de su pianismo incomparable. ¿Qué ingredientes lo hacen incomparable? ¿Se deriva acaso de la seguridad con que toca? No, porque otros pianistas también tocan seguros y no seducen con tanto entusiasmo. ¿Es acaso la amplitud descomunal del arco dinámico de sus fortíssimos a sus pianíssimos? Sin duda esto contribuye, pero él descubre contrastes súbitos que no se escuchan en otros ejecutantes. Frank Fernández es todo calidad de sonido y con su variedad destaca líneas melódicas en contrapuntos que pasan inadvertidas por otras versiones interpretativas. Esa es su contribución al interés de la forma musical. Descalifica lo ornamental porque descubre lo medular en el conjunto. Enriquece la textura al destacar el volumen de núcleos melódicos aparentemente no funcionales. En la Sonata Aurora mostró descubrimientos que el mismo Beethoven hubiera celebrado. Algo de la magia del estilo interpretativo de Frank Fernández reside en la elasticidad del fraseo que tiene una fluidez arrastrante. Respira entre frases rompiendo la monotonía que otros concertistas observan. Se vale de recursos dinámicos, de alteraciones tímbricas de clarificación extrema, que muy pocos ejecutantes logran. Frank Fernández es un intérprete genial. Hay que reconocerle a Frank Fernández una capacidad entre tres o cuatro grandes pianistas del momento y por encima de cientos, porque toca todo el repertorio pianístico en su estilo, ampliado con el descubrimiento de secretos inherentes que solamente él revela. Y para el encore que me dedicó tengo el último comentario. Frank Fernández establece un nuevo parámetro de dificultad técnica que tendrán que ponerse a estudiar los contados elegidos del concertismo pianístico y tal vez no lo alcancen conquistar: son los glisandi a intervalos simultáneos de segunda, terceras, cuartas, quintas, sextas, ya que los de teclas negras y octavas eran un paseo para Frank Fernández. Loor a quien posee el genio pianístico, crecido con el trabajo, la entrega y la pasión inigualables”.
En relación con sus más importantes presentaciones, conciertos, reconocimientos y premios ¿Qué nos dice? Nunca he trabajado para los premios o reconocimientos y aunque éstos no sean comparables a la alegría que recibo cuando el público me escucha y me aplaude, siempre que se premia algo de mi trabajo , lo agradezco mucho y me hace sentir muy feliz.
A modo de conclusión, doy la palabra al reconocido musicólogo cubano Harold Gramatges: “El momento culminante del programa quedó en manos del pianista Frank Fernández. Se cuenta que cuando Rachmaninov tomó aquel tema de Paganini (el más grande virtuoso del violín en su época), compuesto de cuatro sonidos para desarrollar las variaciones que integran la Rapsodia, pensó que nadie más que él solo –fabuloso pianista de su época- podría realizar la obra. Las acrobacias pianísticas de la Rapsodia sobre un tema de Paganini llevan al intérprete a subvertir el medio con el fin. Pero esta obra de genial elaboración técnica encierra, allá en el fondo, un caudal de contenido poético como si un jardín de bellas flores viviera oculto en un bosque enmarañado. Con su vasta cultura musical, su profunda sensibilidad y su amplio virtuosismo técnico, el maestro Frank Fernández nos llevó hasta aquel jardín escondido como un acto de mágica revelación artística. ¡Gracias maestro”! Harold Gramatges. Premio “Tomás Luis de Victoria”. Cuba.
Considero que para ser un artista, cualquiera que sea su dimensión y trascendencia, sólo es posible lograrlo con un espíritu de sacrificio a toda prueba, un poco de talento y una disciplina cotidiana “a prueba de balas”.
Nunca he trabajado para los premios o reconocimientos y aunque éstos no sean comparables a la alegría que recibo cuando el público me escucha y me aplaude, siempre que se premia algo de mi trabajo , lo agradezco mucho y me hace sentir muy feliz.