Esta nación de poco más de cincuenta y un mil kilómetros cuadrados de extensión, se ha convertido en el modelo ideal de desarrollo del ecoturismo.

Pródigamente beneficiada por la madre naturaleza, Costa Rica se ha convertido en uno de los destinos de preferencia para el creciente volumen de vacacionistas que buscan el reencuentro con la naturaleza. Localizado entre Nicaragua y Panamá, en el extremo meridional de Centroamérica, este pequeño país de 51.200 kilómetros cuadrados de extensión territorial atesora, sin embargo, aproximadamente el 5% de la biodiversidad mundial. Los “ticos”, como se conoce a los naturales de este rico país, presumen con toda razón de poseer en tan reducido espacio geográfico, y en magnífico estado de conservación, un inventario de riquezas naturales envidiable y conformado, entre otras, por unas trece mil especies de plantas; más de dos mil especies de mariposas diurnas y unas cuatro mil quinientas nocturnas; ciento sesenta y dos especies de anfibios, doscientas veinte de reptiles, mil seiscientas de peces -tanto de agua dulce como de salada- y aproximadamente ochocientas cincuenta especies de aves. Todos ellos localizados en un vasto sistema nacional de áreas de conservación, que incluye diecisiete parques nacionales, ocho refugios de fauna silvestre, y otras tantas reservas biológicas y naturales en las que los bosques -el hábitat principal para la conservación de la biodiversidad- varían desde el seco tropical, hasta el muy húmedo de montaña, pasando por los bosques siempre verdes, los manglares y la vegetación de playa. De otro lado, las montañas reservan al visitante un atractivo no menos singular: la existencia de once volcanes en las cordilleras Central y de Guanacaste, algunos en constante actividad. Y otros, como el Poás, sobresalen por las enormes dimensiones de su cráter: casi dos kilómetros de diámetro por alrededor de trescientos metros de profundidad. En días claros desde lo alto del Cerro de Chirripó, la mayor elevación del país (3820 metros sobre el nivel del mar), es posible observar los dos océanos, Atlántico y Pacífico. Sus ríos son aprovechados por quienes gustan de deslizarse por los rápidos o navegar en balsa por sus cauces. Los más conocidos son el Reventazón, Pacuaré, General o Corobizi, o en la Península de Nicoya, Caldera, Puerto Viejo o Manzanillo. Los baños de sol y playa, los paseos a caballo, el ciclismo de montaña, e incluso un recorrido en teleférico por la selva vírgen, constituyen otros de los atractivos que ofrece Costa Rica.