Textos e imágenes poéticas en EL TALLER DE GRAFICA
En los albores del siglo XVI, el grabado se hizo asiduo en los centros productores de libros de Europa. Ferias y mercados ofrecían libros publicados en Nuremberg, Basilea o Francfort, libros hermosamente ilustrados con grabados de extraordinario valor artístico e histórico.
De manera inevitable, el grabado se convirtió en el complemento de aquellos primeros libros, estableciéndose una especie de hermandad entre la letra y la imagen impresa. Entrado el siglo XVII, grabadores franceses hacen de la estampación un auténtico fenómeno artístico independiente, encarando el carácter informativo y documental del grabado desde una perspectiva estética. De ese modo, el grabado fue dejando de ser un complemento de libros para convertirse en obra de arte. La diversidad de estilos, corrientes, movimientos artísticos y formas de expresión con que irrumpe el siglo XIX, abre un nuevo espacio al grabado. La litografía se hace eco de la publicidad que reclamaba el creciente y acelerado desarrollo industrial . En Cuba aparecen las famosas marquillas de tabaco y de ron, con escenas costumbristas, paisajes románticos, retratos de ilustres personajes y caricaturas populares. Esta diversidad revalorizó la condición artística del grabado, especialmente en una de sus técnicas más populares, la litografía. Por una parte, la litografía se convirtió en un medio eficaz para la creciente necesidad de desarrollar un arte proteccionista y divulgador del producto; mientras que por otra, resultó un procedimiento idóneo para la realización de lo que hoy llamamos cartel político, dejando espacio a la caricatura como sátira social, l, género que cuenta entre sus mayores exponentes con el pintor francés, Henry Toulouse-Lautrec. Tanto esplendor del grabado del XIX, contrasta con el desplazamiento que sufriría durante la primera mitad del XX, hasta las bellas estampas de tabaco dejaron de producirse en litografía. La pintura asume el protagonismo en los centros de arte más importantes del orbe. En los albores del siglo XXI, el grabado parece que se recupera de su crisis y reajusta sus formas y conceptos a los tiempos que corren En Cuba, existe una marcada preocupación por preservar las formas tradicionales del grabado. El Taller Experimental de Gráfica de la Habana constituye una muestra de tal preocupación, al retomar fórmulas tan antiguas como la de ilustrar textos con grabados originales. Recientemente, dicho Taller, enclavado en la Plaza de la Catedral de la Habana, ha dado inicio a la colección SOS TALLER, publicación que consiste en un pliego donde aparece impreso un poema ilustrado por un grabador. De igual forma, se comenzó el trabajo editorial de dos Libros Arte: “Memorias de la Memoria”, con texto homónimo del escritor colombiano Fernando Soto Aparicio y grabados de artistas argentinos, colombianos y cubanos; y, “Fin de Milenio”, de Raimundo Respall, con grabados de artistas colombianos y cubanos. En esta especial línea de creación el Taller tiene experiencia. Asomémonos a la década del 80 y encontraremos dos significativos títulos: “Bolívar en Martí” (1986), con selección y textos de Antonio Conte y cuya encuadernación, diseño e ilustración quedó a cargo del pintor Gilberto Frómeta, autor de los grabados; y “Con un gesto” (1982), libro que une los excelentes textos poéticos de Eliseo Diego, con las impecables calcografías de Pablo Borges. Siguiendo esta dirección, en 1998 el Taller dio a conocer una hermosa carpeta seriada cuyo contenido es: un poema de Pablo Armando Fernández, una colagrafía de Eduardo Roca (Choco), un poema de César López , una colagrafía de José Omar Torres y un texto crítico de Roger Ávila. Retomar ese antiguo lazo entre la imagen gráfica y el texto literario, se ha convertido en una línea más en el proceso creador de los artistas del Taller de la Plaza de la Catedral.