Síntesis de la música en Cuba, hace concluir en un todo único los giros rítmicos, las formas de percusión y sonoridades. Expresión más genuina de Cuba, traspasó sus fronteras para influir en otros países y ahora resulta un híbrido entre el rock, el rap, la cumbia, el jazz, la bomba, la plena, el vallenato... un resumen de la música en el mundo.

Todos los intelectuales nacionales coinciden en que lo mejor de la música cubana está en lo popular. El son, nacido en la zona oriental de Cuba, surgió como género vocal e instrumental bailable, con una presencia en su estructura de elementos procedentes de la música africana, sobre todo de la etnia bantú, y de la española. Porque bantúes eran los negros pacíficos que se dedicaban a las labores domésticas dentro de las plantaciones y mansiones de sus señores en donde desarrollaban en su tiempo libre un tipo de música bailable y cantable que no representaba ningún tipo de sugerencia levantisca o contestataria. La gama de instrumentos que reclama su melodía abarca desde el llamado tres o guitarra hasta la marímbula, guiro y bongó. Podría compararse en importancia al samba brasileño, a la ranchera mexicana o al blues norteamericano. El son se convirtió por ley histórica en la forma de expresión musical más genuina de las capas populares. La riqueza del estilo prohijaba subestilos o formas colaterales que en conjunto conformaban lo que se ha dado en llamar el complejo del son cubano cuyas variantes más conocidas las tenemos en el changüí, el son montuno, el sucu-sucu, el ñongo, la regina, el son de los permanentes, la bachata oriental, el son habanero, la guajira son, la guaracha son, el bolero son, el pregón son, el afro son, el mambo, el chachachá y el son guaguancó. Este último género porque en su vertiente matancera conformaron un producto único y muy vanguardista que influiría decisivamente en el jazz norteamericano. El son cubano había traspasado las fronteras y se expandió por Estados Unidos mucho antes que los Beatles y la llamada invasión británica. El ritmo presentaba las vertientes del son mulato (Miguel Matamoros), el son negro (Arsenio Rodríguez) y el son blanco (el Conjunto Casino). Existen grandes similitudes y diferencias entre las obras el “Son de la Loma” de Matamoros, el “Bruka Maniguá”, de Rodríguez y el “Timba Timbero” del Conjunto Casino. En los años 50 se produjo la experiencia del maestro Bebo Valdés con su ritmo Batanga el cual incorporó a las jazz-band toda la amplia gama de instrumentos percusionistas de origen africano. Pero no fue hasta la llegada de la agrupación Irakere, a inicios de los 70, en que todas esas posibilidades maduraron en trabajos antológicos como “Misa negra”, “Misaluba” y “Chaka Zulú”. Después de 1959 surgieron valores del calibre de José Luis Cortés, Joaquín Betancourt, Adalberto Álvarez, Juan Formell, Juan Munguía, David Calzado, César López, Orlando Valle, Nicolás Sirgado, Gonzalo Rubalcaba y Giraldo Piloto, entre otros. La actual propuesta del son resulta un híbrido entre el rock, el rap, la cumbia, el jazz, la bomba, la plena, el vallenato... un resumen del acontecer musical mundial. Uno de los sones más populares de los 50 del conjunto habanero Casino decía: “Timba, timba, timbero, oye rumbero, ven a la timba”. Seguramente el nuevo siglo será recibido por estrofas así en sustitución del Himno a la alegría, de Beethoven.