El Vedado es el moderno centro económico de La Habana. En cualquier otra ciudad la zona sería un ir y venir de gente apresurada, pero incluso aquí, los cubanos mantienen un ritmo pausado. Pasearlo es agradable y permite conocer más la idiosincrasia de este pueblo.

Tal como su nombre indica, en algún tiempo algo estuvo “vedado” o prohibido por esta zona que en siglos coloniales fue un área impenetrable, cubierta de bosque, donde regía la más estricta prohibición de abrir caminos. De aquella forma se prevenía un posible ataque de los corsarios. Pongamos que el Vedado comienza en el Malecón -en su trozo de Malecón porque casi todo en La Habana nace o muere, según se mire, en este larguísimo paseo marítimo- y termina en el cementerio de Cristóbal Colón. El barrio concentra la mayor actividad diurna de la ciudad, y no digamos la nocturna, el Vedado es el rey de la noche. Restaurantes, tiendas, cines, discotecas, salas de fiesta, ministerios, líneas aéreas,... casi todo se vino por aquí, a las primeras cinco manzanas de la Avenida 23 conocidas como La Rampa. Si caminamos Avenida 23 arriba podemos tomar el pulso a la calle. A la derecha veremos el Hotel Nacional que ya forma parte de la historia de la ciudad; por él han desfilado decenas de artistas y políticos desde que abrió sus puertas en la Nochevieja de 1930. El Hotel Nacional se contruyó sobre una terraza de unos 10 metros de altitud, que en tiempos coloniales fue un estratégico enclave militar. Hoy, al caminar por sus jardines frente al Caribe, encontramos los temibles cañones de antaño convertidos en piezas decorativas. A los jardines del Hotel Nacional van los habaneros cuando buscan un bonito marco donde retratarse, van los recién casados para hacerse las fotos de boda o las chicas quinceañeras, también para fotografiarse, con el traje de gala que alquilan para la puesta de largo de “los 15”. Si seguimos Malecón abajo llegamos al Monumento al “Maine”, por esta zona existen unos cuantos puestos de bebida y comida barata, muy populares entre cubanos y turistas sin prisa. Gente a la que también le gusta husmear por los mercadillos tradicionales de los que el Vedado posee dos: uno grande y variado, lleno de artesanías, libros viejos, cueros, cuadros, etc., situado un poco más abajo del Monumento, concretamente en el Malecón entre E y F y otro mercadillo más pequeño en la 23. Volvamos pues a la Avenida 23 donde la dejamos, hasta alcanzar el Hotel Habana Libre. Veinticinco pisos conforman la figura de este hotel emblemático de Cuba. Construído hace 40 años, el Hotel Habana Libre conjuga la modernidad, que lo dota de un alto confort, con la peculiaridad de ser un privilegiado testigo de la reciente historia habanera. La vista desde las habitaciones superiores, especialmente las que dan al mar, es de lo más espectacular. Amaneceres y atardeceres de ensueño, un escaparate de luz cambiante a cada instante. El cruce de avenidas junto al Habana Libre es un punto clave de la ciudad. En una esquina tenemos el hotel, con una de las fachadas más fotografiadas de Cuba. En otra esquina encontramos el Cine Yara. Frente al cine veremos, durante todo el día y hasta casi las once de la noche, una gran cola de gente de todas las edades con el único fin de tomarse un helado en la famosa Heladería Coppelia, internacionalmente más renombrada aún desde que se rodaron las escenas de la película “Fresa y Chocolate”. En esta cola pasan cuatro o cinco horas de espera, en animada charla con todo el que se ponga por medio, hasta que llega el momento supremo de pasar a ocupar una mesa al interior ajardinado de Coppelia. Allí, paladean sus bandejas con bolas de helado de varios sabores. Seguimos hacia la izquierda y pronto llegamos a la Universidad, llama la atención su gran escalinata y su fachada de estilo clásico grecorromano. En las inmediaciones de la Universidad se alza el Museo Napoleónico (Calle San Miguel, 1159. Tel. 791412. Abierto de martes a sábado y domingo por la mañana). Nuestro recorrido sigue hacia la gran Plaza de la Revolución donde destaca el Monumento a José Martí, un gigantesco obelisco de mármol de la Isla de la Juventud se alza detrás de la estatua sedente de 18 metros del Héroe Nacional de Cuba. Dentro del memorial existe un museo dedicado a Martí y un ascensor que sube a la cúspide del obelisco acabado en un mirador desde donde contemplar La Habana en 360 grados y a vista de pájaro, al bajar se le libra a cada visitante un certificado donde consta que ha subido al lugar más elevado de la ciudad con sus 142 metros de altura. El Museo José Martí cierra lunes y domingo tarde; la entrada cuesta cinco dólares, incluída la subida al mirador. La plaza está rodeada por modernos edificios oficiales: el Palacio de la Revolución, el Teatro Nacional, los Ministerios de las Fuerzas Armadas y del Interior, la Biblioteca Nacional y otros. En una de las fachadas destaca una gran silueta del Ché realizada en hierro con el lema “Hasta la victoria siempre”; otra de las fotos imprescindibles. Nos podemos dirigir ahora al cercano Cementerio de Colón con su ambiente emblanquecido por los túmulos, esculturas y lápidas de mármol, y sus calles limpias y rectas.