Desde que el almirante Cristóbal Colon llevó en su segundo viaje al llamado Nuevo Mundo raíces de caña de azúcar en el siglo XV, sobre todo a Cuba, aparecería toda una cultura a partir de licores sublimados utilizando esa planta.

La caña por tanto, prendió muy bien en el suelo de esos lares y su crecimiento se debió con creces a las fértiles tierras, el agua, el sol, y con el tiempo a la experiencia de quienes serían sus cultivadores y productores de ron.

Sin embargo, a veces se escribe poco de lugares sumamente interesantes, escenarios que pueden ofrecer, por ejemplo, una confabulación de aromas dulces y vapores etílicos para atrapar a los visitantes extranjeros interesados en la pequeña fábrica del «Legendario», un ron cubano atípico, con pequeñas producciones y elaboración casi artesanal.

Ubicada fuera de los habituales circuitos turísticos (Calzada del Cerro número 1417, Ciudad de La Habana), la factoría a veces se hace pequeña por la cantidad de personas que la visitan. Allí, además de recorrer la planta y recibir explicaciones de los guías, pueden, en una bien surtida tienda del piso superior, catar esos rones, con café y tabaco, y hacer sus compras.

En su cartera de productos aparece una gran gama de rones cubanos como el Carta Plata, Ron Refi no, Carta Blanca, Carta Blanca Superior, Carta Oro, Añejillo, Añejo, Extraseco, Elixir de Ron, Aguardiente Natural, Aguardiente Añejado, y licores de Piña, Granadina, Menta, Triple Sec, Marrasquino, Plátano y Anís. Los rones de la marca Legendario, en específi co, se elaboran a partir de fórmulas secretas, con base en alcoholes madres de varios años de añejamiento.

Esas bases se pasan por fi ltros para purifi car los olores y sabores y de ahí van a un sistema con un tanque-fi ltro, donde se mezcla el alcohol y otras sustancias a partir de una carta tecnológica dictada por la tradición, el buen gusto y la calidad. De la fermentación se obtiene un producto destilado a partir del alcohol enviado por otras industrias, con un 55 por ciento de agua desmineralizada, que se fi ltra en un tanque con la mitad hacia arriba de carbón activado y hacia abajo arena sílice, surtidos por gravedad. Todos estos procesos están avalados por el control de la calidad en el laboratorio, desde la entrada del producto base, su almacenamiento, el proceso de elaboración, o el embotella do y envasado.

Con todas estas curiosidades, la fábrica de Legendario y su tienda cada día atraen a más turistas interesados en conocer estos rones, tal y como lo explica el jefe del equipo de fabricación, Marcelo Herrera Pérez. Bocoy, nombre original de la compañía que se estableció en el lugar en 1930, constituye una planta histórica con una pequeña pero rica producción, pues la fábrica tiene capacidad para elaborar un cuarto de millón de litros de espirituosos y sus mezclas.

Todo el proceso incluye 1 524 barriles de roble blanco americano, y una producción diaria de 700 cajas de 12 botellas, unas seis mil botellas por jornada. Su producto líder es el Elixir de Ron Legendario, un licor creado en 1946, que tiene un 34 por ciento de alcohol, es dulce y de color oscuro.

En la actualidad se comercializa en España mediante la fi rma CEXVAL S.A., y hoy está en proceso de expansión hacia Italia, República Checa y otros países europeos. Sin embargo, más allá de la calidad de sus produ ctos, el éxito de esta fábrica es el amor colectivo, el sentido de pertenencia a una tradición del equipo que labora en ella, algo que muestran con orgullo a los centenares de turistas que pasan por este encantador lugar cada día.

Los rones Legendario se elaboran a partir de fórmulas secretas, con base en alcoholes madres de varios años de añejamiento