La terapia floral ha sido reconocida por la Organización Mundial de la Salud.

Con la misma suavidad con la cual embellecen el ambiente y conforman un agradable entorno a los sentidos del ser humano, las flores llevan consigo poderes curativos que, de forma lenta y pausada, incorporan una cualidad al campo energético de quien las necesita con resultados benéficos.

Se trata de un sistema terapéutico descrito por Edward Bach(1886-1938), que utilizó las esencias florales como medicamentos. Ha sido reconocido desde 1976 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por su utilidad y sencillez y por ser usado en forma eficaz, fácil y segura sin efectos secundarios o tóxicos, y desde entonces millones de personas se han beneficiado del poderoso efecto energético que ejercen sobre todo ser vivo.

Está incluido dentro de las llamadas Medicinas Vibracionales o Bioenergéticas junto con la cromoterapia, gemoterapia y la musicoterapia, entre otras.

Sus orígenes se remontan a la antigua China y de su uso en Occidente apenas existen breves menciones en relatos sobre antiguos filósofos como Platón o Sócrates, quienes en sus días de meditación buscaban en el rocío que encontraban sobre el pétalo de las flores alivio para sus estados emocionales.

Pero no fue hasta la primera mitad del siglo XX, en que el médico bacteriólogo y homeópata Edward Bach descubrió las propiedades curativas de las flores. Tras años de trabajo en su consulta de Londres y preocupado por los efectos secundarios de la medicación convencional en sus pacientes, decidió abandonarlo todo y retirarse al campo en busca de un remedio natural que no resultara intrusivo y deteriorante para el organismo.

En su Gales natal halló la respuesta. Comenzó a investigar con las flores que crecían en sus bosques y descubrió en cada una un mensaje energético escrito en su composición molecular, que variaba de una a otra.

Bach estudió 38 flores y comprobó que sus esencias no sólo conseguían modificar el estado psicológico del enfermo, sino también el físico.

Esta conclusión le llevó a elaborar una teoría sobre la enfermedad, que si bien en aquel entonces resultaba extraordinaria, hoy en día sicólogos y médicos cuentan con ella al diagnosticar una patología sicosomática.

EL SECRETO DE LAS ESENCIAS FLORALES Las esencias florales son preparados vibracionales que conservan la cualidad energética única de una flor determinada, al poseer las características de una antena que recibe las energías del cosmos (del sol) a través del aire, y las de la tierra (por el tallo y la raíz).

Así, la flor obtiene dos tipos de energía, de cuya unión y equilibrio mantiene una energía propia que puede ser transferida al agua en el método de preparación de la esencia.

Una vez incorporada al cuerpo, la esencia floral actúa gracias a su característica vibracional, con lo cual entra en contacto con el campo energético del paciente, viaja por él a través de los meridianos de acupuntura y se dirige a los órganos energéticos donde se producirá su efecto, manifestado inicialmente en los estados emocionales.

Porque está demostrado que emociones, voliciones, actividad intelectual y espiritual inciden en el Sistema Nervioso del individuo, por lo cual se ha hecho necesario abordar la terapéutica tomando en cuenta esas interrelaciones: lo que piense o sienta cada persona influye en las funciones neurológicas, endocrinas e inmunológicas de su organismo y, por ende, en su salud.

Es decir, la esencia floral actúa en un campo energético sutil, mantenido en una alcoholatura, que al ser colocado en el de otro ser vivo se manifiesta por resonancia vibracional, armonizándolo.

El Sistema Floral de Bach es la base de todos los estudios de este tipo realizados en el mundo, entre los que se encuentran el set de flores de California y las esencias australianas.

Vale una especial mención a las orquídeas amazónicas, resultado del trabajo del botánico alemán Andreas Korte.

Sus investigaciones incluyen una veintena de variedades de estas flores que inciden beneficiosamente en estados anímicos al propiciar armonía, comprensión, equilibrio o moderación, según el preparado de que se trate.

Gran difusión tienen también los elíxires aztecas (árnica mexicana, nopal, sábila, damiana, limón, manzanilla o cardo santo) y las llamadas nuevas esencias, entre las que se cuentan romero, lirio, nomeolvides y albahaca.

Todas ellas aportan cargas energéticas que pueden combinarse con otros apoyos terapéuticos, a fin de ayudar al ser humano a salir airoso de las no siempre agradables peripecias que le juega la vida.