PLAZA DE ARMAS
PLAZA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
PLAZA VIEJA
PLAZA DEL CRISTO

Las cinco primeras plazas que se crearon en San Cristóbal de La Habana son mucho más que "un lugar ancho y sin casas, dentro de poblado"; en ellas se reúnen, en magnífico concierto: historia, arte, tradición, voluntad constructiva, amor y toda la belleza que la obra humana ha sabido conjugar con los privilegios concedidos por la Creación a esta tierra.

La infancia de La Habana La fundación de una villa estaba sustentada en ciertas disposiciones habituales cuyo primer paso era la selección del lugar más adecuado; después, sobre el terreno escogido, se trazaban las calles de forma perpendicular y se dejaba en el centro un espacio para plaza; en torno a ella eran tomados tres solares: uno para casa de gobierno, otro para iglesia y un tercero para los menesteres municipales; los vecinos más importantes tomaban los otros espacios alrededor para levantar sus viviendas. Así surgieron, entre los siglos XVI y XVII, la Plaza de Armas, la Plaza Vieja, la Plaza del Cristo, la Plaza de San Francisco y la Plaza de la Catedral, todas en el centro histórico de la ciudad, en La Habana Vieja, declarada Monumento Nacional en el año 1979 y proclamada -el 14 de diciembre de 1982- por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO); como Patrimonio Cultural de la Humanidad, como uno de los tesoros arquitectónicos y ecológicos del mundo.

Tradición y leyenda Según cuenta la tradición, los hombres se reunieron para celebrar su primer cabildo bajo una frondosa ceiba muy cerca del litoral. Una vez organizado el gobierno, la exigua población decidió celebrar allí la primera misa, para aunar así la voluntad de los hombres y la de Dios en el deseo de un feliz futuro a la nueva población. La ceiba inicial ha sido renovada por generaciones sucesivas de habaneros que mantienen viva la tradición de reunirse allí, en la fecha que marca el aniversario de la fundación de la capital cubana. Cada 16 de noviembre, personalidades de distintas esferas sociales, visitantes y pueblo en general, dan a la ceiba tres vueltas solemnes y prometedoras al pedir, en silencio, nuevas venturas para el año venidero.

La primera plaza. La Plaza de Armas "Carlos Manuel de Céspedes Frente a aquella ceiba inicial, devenida leyenda y tradición, se delimitó la primera plaza de la villa y desde ese lugar hacia el sur, a lo largo del litoral portuario, las casas de los primeros pobladores. La construcción del Castillo de la Real Fuerza, en una parcela contigua, otorgó a la plaza su nombre definitivo, al ser utilizado su espacio para la realización de ejercicios militares. Ya a partir de 1584, la población comenzó a llamarla Plaza de Armas. En 1828 se inauguró en sus alrededores El Templete, símbolo de la fundación. Por esta misma época se colocaron cuatro fuentes de mármol blanco y, al centro, una estatua del Rey Fernando VII, obra del artista español Antonio Sola. En 1955, la estatua del monarca sería sustituida por la de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria.

Totalmente restaurada, la Plaza de Armas ofrece hoy al visitante la estampa viva y latente de la otrora sociedad colonial, a la vez que hace gala de una intensa actividad cultural y atractivas ofertas al visitante. Entre los edificios más sobresalientes que la rodean se encuentran El Palacio del Segundo Cabo, construido hacia 1772, y el Palacio de Gobierno, distinguido y augusto, terminado veinte años después.

Del Palacio del Segundo Cabo se destaca el carácter elegante de sus fachadas, coronadas con elementos que se han señalado como provenientes del barroco gaditano. En el zaguán y el patio, el tipo de arcos y otros detalles arquitectónicos evocan remotos orígenes mudéjares, incorporados al barroco por arquitectos andaluces. Este bello edificio es hoy la sede del Instituto Cubano del Libro, con sus Galerías de Arte, Librerías y una amplia programación de actividades tales como presentación de nuevos títulos, homenajes a personalidades representativas del libro y la literatura o conferencias relacionadas con ellos. La oferta de libros se amplía con numerosos stands situados en las calles de la plaza, en los cuales se pueden adquirir novedades o libros raros y valiosos.

En los suntuosos salones del Palacio de los Capitanes Generales, edificación más representativa del entorno, está el Museo de la Ciudad; en él se atesoran objetos de incalculable valor: la primera bandera cubana traída a la Isla por Narciso López, pertenencias de próceres de la Patria como José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo; importantes muestras de vajillas, muebles o utensilios característicos de la época colonial.

En las calles colindantes a la plaza se encuentran también otras significativas instituciones como el Museo de Historia Natural -muy visitado por los escolares- y la Biblioteca municipal "Rubén Martínez Villena". Especial atractivo brindan a este entorno el Hotel Santa Isabel, la Casa del Agua, lugar de peculiar interés y encanto o el restaurante La Mina. Todo lo señalado quizás sería suficiente para garantizar la vitalidad de este sitio, célula matriz a partir de la cual se desarrolló la que se convertiría en la urbe de mayor esplendor y majestuosidad del Nuevo Mundo; pero hay más: el ambiente que se ha creado en la plaza nos transporta, en maravilloso viaje a través del tiempo, hasta siglos atrás.

Transeúntes vestidos a la usanza de la época, coches que se deslizan por sobre las calles adoquinadas, comunican a la plaza de la Fundación, junto con su estatua, sus fuentes y sus árboles, la posibilidad del encuentro con una realidad insospechada: un pasado traído al presente por el arte de los restauradores, por la voluntad consciente de mantener vivas las raíces para que crezcan hacia el futuro.

La Plaza de San Francisco Recibió su nombre por el Convento de San Francisco de Asís, junto al cual fue concebida en el año 1628. En 1836 fue colocada en el centro de la plaza una fuente de mármol de Carrara, ejecutada por Giuseppe Gaggini y constituida por una columna central con plato circular, sostenido todo por cuatro leones, de cuyas bocas brota el agua que cae en una gran taza octogonal. Del extremo superior de la columna salen numerosos hilillos de agua que "semejan los ramos de un sauce llorón".

La Fuente de los Leones, como generalmente se le conoce, fue trasladada por un tiempo a otro espacio de la ciudad; pero hoy, devuelta a su lugar de origen , deja escuchar de nuevo el suave murmurar de sus aguas, acompañado con frecuencia de dulces y refinadas armonías: la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís ha devenido escenario para agrupaciones de Música de Cámara, así como para intérpretes del llamado "estilo concertante"; en los antiguos claustros se realizan exposiciones de Artes Plásticas; entre ellos, el llamado Salón Blanco, especie de Sala polivalente, constituye espacio adecuado de variadas manifestaciones artísticas.

La Plaza Vieja En sus primeros años, últimas décadas del siglo XVI, se le llamó Plaza Nueva; pero a partir del siglo XVIII, al existir ya la plaza nueva del Cristo, se comenzó a denominar como Plaza Vieja. Lo más significativo de este lugar son las edificaciones que la rodean; ellas tienen los incuestionables valores histórico y artístico de haber fijado un estilo arquitectónico que, con algunas evoluciones, se extenderá después por toda la ciudad para caracterizar la arquitectura colonial cubana del siglo XVIII.

Totalmente remozada su fuente central, la vieja plaza ha recobrado todo su antiguo esplendor; en la casona que fuera habitada por los Condes de Jaruco y lugar de nacimiento de la famosa Condesa de Merlín, se encuentra hoy el Fondo de Bienes Culturales. La Galería La Casona, la Fototeca de Cuba y el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, tienen como sede actual edificios que recuerdan el abolengo de sus antiguos moradores y exhiben, con su arquitectura colonial restaurada por cuidadosas manos, el esplendor de la cultura.

La Plaza del Cristo Hacia la segunda mitad del siglo XVII fue concebida esta plaza, que muy pronto se vería rodeada de edificaciones neoclásicas, construidas en correspondencia con la jerarquía y el linaje de los ilustres apellidos de quienes las habitaron inicialmente. Un busto del infortunado poeta romántico Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido); los viejos bancos y canteros y el resto de las construcciones que rodean la pequeña plaza, esperan impacientes por el complejo y abarcador proceso de restauración próximo a realizarse.

La Plaza de la Catedral La hoy inigualable Plaza de la Catedral, era conocida en el siglo XVII como Plaza de la Ciénaga, por las condiciones de la superficie en que se encontraba ubicada. A mediados del siglo XVIII los padres jesuitas comenzaron allí la construcción de su colegio -convertido más tarde en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio- y de su iglesia. La división de la Isla en dos diócesis, la de Santiago y la de La Habana, convirtió a la antigua iglesia de los jesuitas en la Catedral de La Habana y a la Plaza, en Plaza de la Catedral. En la primera se aprecian las formas más refinadas y académicas del barroco religioso habanero, realizado según el modo que se imponía en el último tercio del siglo XVIII.

Las majestuosas casas construidas en las calles aledañas convirtieron a este lugar en uno de los valores patrimoniales más importantes de la ciudad; las edificaciones levantadas hace casi tres siglos por destacados representantes de la Metrópoli y de la clase noble, constituyen hoy el asiento de instituciones como el Museo de Arte Colonial, el Centro de Arte Contemporáneo "Wifredo Lam", la Galería del Grabado, tiendas de objetos artísticos, el Taller Experimental de la Gráfica, el restaurante El Patio, muy frecuentado por el turismo debido a su estimada tradición culinaria y al profesionalismo y calidad de las agrupaciones musicales que amenizan la estancia del visitante.

Si sorprendente es la Plaza de la Catedral por la belleza de sus edificaciones totalmente restauradas, más aún lo puede ser por el ambiente, siempre novedoso, que en ella encontramos: cada fin de semana es escenario de diversos espectáculos artísticos; ella es el lugar propicio también para la celebración de fiestas de alta connotación; pero cualquier día de la semana podemos encontrarnos en sus predios con personajes "sui-generis", como una pintoresca "cartomántica" criolla que canta, baila y lee el futuro a través de sus cartas mágicas; también se puede disfrutar de un paseo en coches similares a los que constituyeron el más elegante medio de transporte en los pasados siglos.

Reflexión Si tú, viajero, te detienes a contemplar una de estas plazas, visitas sus instituciones culturales o recreativas, o decides descansar unos minutos a la sombra de los árboles, reflexiona acerca de la obra de los hombres: los que las construyeron, los que lograron conservarlas; los que hoy se han empeñado en una ingente labor de restauración y animación para que la parte más vieja de la ciudad, la de su fundación, pueda seguir mostrando su belleza, para que se alimenten día a día sus raíces históricas y culturales, y las generaciones por venir puedan continuar disfrutando de este Patrimonio de la Humanidad; museo viviente, síntesis de pasado, presente y futuro.