Arnaldo Larrinaga, Pinceladas de amor.
Es esta la frase que preside la entrada al estudio de Arnaldo Larrinaga, en el barrio de Lawton, ciudad de La Habana. Después de conocer su obra, reafirmo mi convicción de que cuando el pintar deviene necesidad y reclamo del espíritu, cuando en la base de la creación está el genuino talento, entonces la obra humana no muere y el hombre queda eternizado en el artista.
Puedo decir que he tenido el privilegio de disfrutar doblemente su autorretrato ; el primero, sobre lienzo, en una serie de 6 sugerentes cuadros; el otro, literario, y que a continuación presento en algunos de sus aspectos fundamentales:
" Yo pintaba de niño junto a mi abuela, en un espacio muy pequeño, donde apenas podía moverme . No pueden hablarme de pobreza ni de carencia de materiales, porque cuando hay algo que decir, la tierra es suficiente. Conocí el lenguaje del material pobre y conocí el lenguaje del buen material; el pequeño espacio y el gran espacio. Básicamente necesito dar; soy un fiel amante de la vida y todo lo que hago está bajo el signo del amor. No me permito concesiones con el arte.
En este barrio humilde he crecido y me hice hombre. Aquí lloré y reí; aquí vendí rositas de maíz, limpié zapatos, vendí hielo, chapeé jardines...; quiero a esta gente que alimentó mi vida y mi obra. A ella principalmente entrego mi arte". Estas pinceladas autobiográficas son suficientes para el que se proponga aprehender el mundo espiritual
y plástico de este pintor que se considera "eternamente" joven, porque para él juventud es signo de energía y vitalidad, rupturas, búsquedas y transformaciones, de entrega a la contemporaneidad.
La obra plástica de Larrinaga ha pasado por diversas etapas, en las que han alternado estilos, temas, vivencias y motivos, siempre sobre la base de un mismo eje central: el hombre. De esta manera fueron conformándose diferentes series de cuadros, expresiones, cada una de ellas, de un momento superior en su trayectoria artística.
Antillas, luz y color Su pertenencia al denominado Grupo Antillano en la década de los 60, grupo mixto compuesto por inquietos artistas preocupados por el fenómeno de la identidad y su solución, y dirigido por el gran maestro Wifredo Lam, le abrió una línea estética e investigativa que desarrollaría en series posteriores.
Hacia el año 1966, cuando el apogeo de la guerra en Viet- Nam, comienza a abordar esta temática: Así surge "Consecuencias de la guerra". Las obras de esta breve etapa fueron pocas y surgieron como respuesta a una realidad político- social determinada.
El exótico mundo antillano, con sus misterios y fabulosa mitología, con su típica flora y muy en especial con su gente, se le iba abriendo con la fuerte carga sugestiva de un horizonte poco explorado en el mundo de las Artes Plásticas. Así, pasaron a un primer plano aquellos aspectos relacionados con la identidad nacional y la cultura cubana en general. Este nuevo mundo que se proponía plasmar reclamaba un riguroso proceso investigativo, por lo que las obras de Fernando Ortiz y otros prestigiosos investigadores, lo fueron adentrando en los estudios de etnología y folclore.
Puede considerarse éste como un momento de depuración tanto formal como conceptual, en el que busca un código de imágenes que le permita transmitir sus intereses vinculados a la identidad cubana , y más allá, caribeña.
Los negros brujos Esta serie la componen cuadros inspirados mayormente en lecturas literarias; además, son un fruto de sus estudios sobre las obras de pintores universales, particularmente aquellas pertenecientes a quien él considera su maestro: Wifredo Lam, cuya influencia contribuyó a dar forma plástica definitiva a sus ideas; pero, por encima de todo, las obras de esta etapa constituyen un producto original que muestra en toda su dimensión el talento artístico. En ellas Larrinaga estuvo trabajando aproximadamente 20 años (desde 1975 hasta 1994). Su obra comienza a tener otras figuras, otros códigos y a transformarse lentamente. "Hurgar en el interior del hombre, marchar al encuentro de su real identidad, fue siempre mi máxima preocupación", por eso el ojo humano, con toda su carga simbólica, se erige en motivo reiterado de estos cuadros, donde la temática afro-cubana se manifiesta en un contexto plástico caracterizado por los colores oscuros(negro, dorado, ocre) que se integran en una síntesis superior y expresiva de una atmósfera particular.
En busca de un espacio en blanco Representa el clímax de sus búsquedas. La alianza entre elementos abstractos y figurativos, sobre la base de una concepción expresionista, y el nivel de síntesis alcanzado, otorgan a este conjunto de cuadros un valor de sugerencia especial. En el centro de toda la obra, como ya venía perfilándose desde sus inicios, está el hombre. " Ahora no sólo me intereso por el problema de la identidad en el plano social; voy más allá, hacia un plano más íntimo, espiritual, existencial. Lo blanco para mí no es sinónimo de ausencia, sino todo lo contrario, es reanimación, consecuencia de mi obsesiva búsqueda de la pureza y los valores esenciales del ser humano". Se trata de un salto hacia otra dimensión, hacia la representación del hombre en su amplio sentido genérico; la huella de éste se convierte entonces en la razón de ser de la obra pictórica de Larrinaga; conceptos, colores, texturas, incorporación de nuevas técnicas, se ponen en función de ese hallazgo al que incorpora toda la carga emotiva y el lenguaje plástico- filosófico de la intimidad.
La altura de tu medida Síntesis artística de su obsesión de altura; reto a las posibilidades reales del hombre para elevarse por encima de sus debilidades. Aquí, ese emblemático espacio en blanco se erige como leit motiv, nucleando el conjunto donde está "mi urgente necesidad de entrega al prójimo". Toma otra vida el lienzo, ahora con colores brillantes que alcanzan tonalidades únicas, originales; los más caprichosos contrastes y formas se acentúan; también Larrinaga logra un nivel de síntesis superior que hace más sugerente el mensaje, a la par que las conquistas en el plano de la textura se tornan impredecibles.
El gran espacio Otras series y cuadros independientes completan este panorama. Así, "Mujer y naturaleza, "Los misterios del mar", "Aves" y "La crucifixion". En todas se exhiben cuadros de gran fuerza conceptual y plástica, donde los rejuegos tonales con los colores, contrastes y empleo de diferentes elementos texturales (piedra, tierra, arena, tabaco), complementan las particularidades estilísticas del conjunto.
Las exposiciones y éxitos personales de Arnaldo Larrinaga en más de 10 países de Europa y América y los múltiples reconocimientos recibidos, ratifican los auténticos valores estéticos de su producción artística. Hoy sabe que tiene todo el espacio físico para pintar, el de su barrio y el de su país, "donde no me alcanzan los pies para caminar"; pero también el del universo " que es el que me permite hacer esta obra de la huella del hombre y a la altura del hombre".