El filme norteamericano Sideways debe también su excelencia, y mucho, a ese imprescindible líquido que corre y bendice cada fotograma, que lo inunda y condiciona por todos lados, de principio a fin

Un sitio especializado en enología (www.verema.com)  realizó una encuesta entre sus asiduos cinéfilos y de su resultado propuso las 20 películas más importantes sobre el tema. El filme norteamericano Sideways (titulado en español Entre copas) ocupó el primer lugar.

Las otras 19 en orden descendente, casi todas ficción (excepto cuando se indica lo contrario) son: Esta tierra es mía (Estados Unidos, 1956, Henry King); Un buen año (Estados Unidos, 2006, Ridley Scott); Un paseo en las nubes (Estados Unidos , 1995, Alfonso Arau); Bottle shock (Estados Unidos, 2008, Randall Miller); El viñedo (Uruguay, 2000, Esteban Schroder); Marcelino, pan y vino (España, 1954, Ladislao Vajda); El aire de un crimen (España, 1988, Antonio Isasi-Isasmendi); Sin techo ni ley (Francia, 1985, Agnés Vardá); Le beaujolais nouveau est arrive...(Francia, 1978, Jean-Luc Voulfow ); Tú serás mi hijo (Francia, 2011, Gilles Legrand); Sangre y vino (Estados Unidos, 1996, Bob Rafelson); Los secretos de Santa Victoria (Estados Unidos, 1969, Stanley Kramer); El año del cometa (Estados Unidos, 1992, Peter Yates); El camino del vino (Argentina, 2010, Nicolás Carrera); Mondovino (Argentina/Francia, 2004, Jonathan Nossiter) ; Sangre en el vino (documental, Estados Unidos, 2010, Ryan Page); Corked (Estados Unidos, 2010, Ross Clenenden, Paul Hawley); y Gran reserva (serie, España,2010, Carlos Sedes/Eduardo Armiñán).
Pero al margen de las listas y los lugares, Entre copas es sin dudas uno de los más significativos entre los que giran en torno al vino, aunque en realidad  trasciende el tema.

Dirigido en 2004 por Alexander Payne (About Smidt), quien partiera de una novela de Rex Pickett muy bien recibida por el público y crítica, ha obtenido nominaciones y premios importantes, entre ellos el Oscar.
El relato reúne a dos amigos absolutamente diferentes: Miles, un divorciado deprimido, aspirante a escritor y apasionado del vino y Jack, un actor fracasado que está a punto de casarse. El primero sugiere hacer un viaje a la localidad de Santa Bárbara para recorrer viñedos y bodegas y así probar sus productos antes de la inminente boda del segundo.

 Entre la road movie, el body movie y la comedia romántica, quizá los temas abordados por Payne hubieran hallado un tratamiento tan agudo y original sin las copas emblemáticas. Sin embargo, cabría preguntarse cuánto no hubiera perdido el relato y dentro de él la hondura de los personajes sin el vino condicionando prácticamente todas y cada una de las acciones, puntos de giro en la narración y en los comportamientos de los hombres y mujeres que constantemente no solo beben sino que hablan (sobre) el néctar báquico. Y amén de la bebida, las suculentas comidas en que participan estos.

A primera vista, pareciera Sideways una promoción a las bodegas californianas. Tanto se cata el vino, se saborea, se recomienda… que perfectamente pudiera pensarse en un apoyo publicitario de enólogos y sommeliers. Pero en realidad se trata de un motivo esencial en todos los elementos narrativos, desde los rasgos que definen cada personalidad hasta cada movimiento del relato.

La fotografía es cómplice en ello. Phedon Papamichael , comprometido director de este rubro, ha enfatizado en los colores de los viñedos, en la iluminación que incide en los procesos de recogida y procesamiento de la vid, en los rostros de los trabajadores agrícolas, complemento o génesis de esas variedades enológicas que degustan los protagonistas, a propósitos enfocados desde planos generalmente americanos que refuerzan sus peculiares expresiones.
La música de Rolfe Kent (la banda sonora toda fue nominada a un Globo de Oro) se suma a ese clima de festividad que implica la cosecha, aunque los cambios anímicos de Miles sean acompañados por acordes mucho más sobrios.

Las actuaciones son otro punto a favor del filme: Paul Giamatti, Thomas Haden Church, Virginia Madsen y Sandra Oh, entregan toda la intensidad de personalidades diferentes pero complementarias, muy energéticas en tan sui géneris individualidades, que habla muy bien de un guión perlado en tan rotundas caracterizaciones sicosociales, y que coescribiera el propio Payne junto a Jim Taylor. Entre las escenas inolvidables está aquella que reproduce la más violenta “perreta” de Miles tras un diálogo telefónico con su ex: durante una cata encauza su rabia y frustración exigiendo, una y otra vez, copas de vino que ingiere irracional, violentamente, en una práctica absolutamente contraria a su habitual degustación de experto, con toda la delicadeza y el tempo que ello implica.

Esta vez, sin embargo, al  requerirlo el barman por su acto fuera de lugar, el iracundo enólogo se “bautiza” con un cubo del líquido tan preciado, que ahora es signo de catarsis y válvula de escape.

De modo que estamos ante un filme donde el vino deja de ser un elemento accesorio o referencial. En otros textos cinematográficos, como los que aparecen en la lista incluida en la nota, o en algunos incluso que no clasificaron según la encuesta del sitio web, la bebida es siempre importante diegéticamente, pero no en todos los casos llega a esta imbricación detallada y absoluta con cada supraenunciado importante.

Entre copas celebra la vida, la esperanza, la joie de vivre; los dos amigos que protagonizan el relato no son negativos ni positivos, al menos en su totalidad. La presunta integridad de Miles no es solo cuestionable porque llega a robar dinero a su propia madre sino porque esconde mucho de miedo y pesimismo. Los excesos epicureístas de Jack lo sumen en un mundo de frivolidad e irresponsabilidad. Ambos, sin embargo, llegan a aprender de ese viaje que en el fondo es a lo profundo de sí mismos, a superar sus limitaciones y a afincarse en sus más intrínsecas esperanzas.
Sideways gira en torno al fracaso pero también a la posibilidad de no dejarse vencer por él, apuesta por las segundas oportunidades, las alternativas, las muchas maneras de superar obstáculos reales, sobre todo aquellos que están en el interior del ser humano. Y en todo ello está el vino de testigo, mediador, catalizador, símbolo, metáfora, concepto, elemento dialógico, dramático, narrativo, estructural.

Es esta, sin dudas, una de las mejores comedias estadounidenses del nuevo siglo, fuera incluso de las películas de tema gastronómico o específicamente vinateros.  Pero aunque lo fuera incluso sin el vino, quiero creer que Entre copas debe también su excelencia, y mucho, a ese imprescindible líquido que corre y bendice cada fotograma, que lo inunda y condiciona por todos lados, de principio a fin.

Movies and Wine
Sideways hinges on failure, but also on the possibility of refusing to accept defeat derived from it, to bet on second chances, alternatives, the many ways to clear actual hurdles, especially those that go in the way of human beings’ inner selves. And wine is there to witness it all, to mediate and catalyze as a symbol, a metaphor, a concept and an element of dialogue that’s also dramatic, narrative and structural.