El comandante guerrillero Che Guevara, entre los famosos que han fumado habanos.
Delicada forma de presentación. A la derecha: La capital cubana se convierte en la Meca del humo cuando cada febrero celebra su festival internacional.
Un producto hecho a mano, que se regodea en tres factores de fuerza: el clima, el suelo y la experiencia de los productores.

Como el puro en mis manos, lo acaricio como a una mujer y empleo toda mi cordura y dedicación en encender una obra de arte: un habano. Espero de él muchas delicias, el aroma exclusivo, las excelencias de su sabor y fortaleza. Lo observo mientras le doy calor, lo muevo a mi gusto y estilo, como saboreando lo que vendrá después.

Esto, acompañado de las herramientas más usuales, como la varilla de cedro, el encendedor de soplete, el corta-perilla y mi imaginación, pudiera parecer un acto elemental, pero se equivocan, es todo un mágico ritual que le hace la boca agua a aquellos lejanos a los centros comerciales donde se venden los tabacos cubanos.

La leyenda, porque es una leyenda, tiene ya muchos años. Sin embargo no vamos a remontarnos a los mas de 500 años del conocimiento del tabaco, sino a un “boom” que proviene de los años 90 del pasado siglo, impulsado además por la aparición de revistas especializadas, enfocadas hacia una élite de comerciantes, gourmets, sibaritas, epicúreos o como quiera llamárseles.

Entonces, de entre las muchas marcas, continuó en los primeros peldaños, como desde siglos atrás, el habano. A esta receta se puede sumar la iniciativa de los Festivales Internacionales del Habano que comenzaron de una manera muy modesta en 1994, por los 150 años de la prestigiosa marca H.Upmann. Estamos hablando de un producto hecho a mano, que se regodea en tres factores de fuerza: el clima, el suelo y la experiencia de los productores…Sin embargo, esta es una historia que engarza bebidas, joyas, modas, alimentos, encuentros sociales, eventos artísticos, como el cinematográfico y, sobre todo, el más importante: placer.

TRAJE A LA MEDIDA La clase, con sus vericuetos siempre sorprendentes, obliga a la gente de prestigio a ciertos hábitos, algunos elementales, otros exóticos. Lucir relojes de oro, peinados extravagantes las mujeres, perfumes caros y vestuario atrevido, son solo algunas costumbres de sociedad que continúan con su toque de distinción en el "boom" de los habanos, tanto para caballeros como para damas.

Soñar en humos, pudiera decirse, cuando se logra llevar y fumar, por ejemplo, un buen Montecristo, Romeo y Julieta, Partagás, Hoyo de Monterrey, Por Larrañaga, o muy en exclusiva, un Cohíba, la marca promovida, en sus tiempos de fumador, por el presidente cubano, Fidel Castro.

Es algo sencillo de explicar, el asunto se mueve entre las prohibiciones y los precios. De una parte, mientras se recrudecen cada vez más las campañas anti-tabaco, sobre todo en países como Estados Unidos, donde por demás están prohibidos los habanos por asuntos políticos, los fumadores añoran más fumar.

Por otro lado, el casi prohibitivo costo de una pieza, que a veces puede llegar hasta los 50 dólares, realza la estirpe del comprador y, por supuesto, del fumador. Y como este mundo de complejidades tiene sus detalles peculiarísimos, entonces se impone una sola procedencia: Cuba.

No por gusto apareció el "boom" del habano, avalado por una delicada forma de elaboración cuyo pedestal se puede apoyar en el occidente de la mayor isla antillana (Vuelta Abajo, provincia de Pinar del Río) y en la labor de artesano realizada por los torcedores. Precisamente en esa región se produce el 70 % de todo el cultivo cubano, a golpe de gente de campo muy avezada en estos trabajos.

La historia, para bien, continua, trae por ese camino a celebridades hollywoodenses, empedernidos fumadores de habanos como Arnold Schwarzenegger, Whoopy Goldbedrg, Joe Pantoliano, Matt Dillon, Seymour Cassell o un casi mítico Jack Nicholson, entre la larga lista, donde también se inscriben el mítico primer ministro británico Winston Churchill, la diva mexicana Maria Félix y el comandante guerrillero Che Guevara, entre centenares de famosos.

No pocos directores de cine mencionan en sus filmes el producto o utilizan “cuban cigar” (habanos) en los diálogos o promueven la música cubana, que en definitiva todo es una misma cosa, lo único que si es diferente es el habano, con su corte de una treintena de marcas y centenares de vitolas o tipos.

Los artistas norteamericanos no son los únicos, porque también se incluyen franceses como Gerard Depardieu, quien ha visitado Cuba, fumado puros de aquí, y cargado una buena reserva para degustarla a su modo y gusto en su casa.

Pero esa es solo la punta del iceberg, como suele decirse. Senadores estadounidenses añoran tener y fumar un Cohíba, mitad porque muchos son verdaderos fumadores, otros por destacar su alcurnia, y muchos porque sencillamente se les tiene prohibido.

También es bueno recordar que si por un lado hubo en determinados períodos mermas en las cantidades de exportaciones de habanos, por las consabidas situaciones económicas de la Isla, ello agrandó los deseos y las demandas, y los fumadores se volvieron como locos por los habanos, sobre todo por los de más porte como los Doble Corona y los Churchill, qué decir de un Espléndido de Cohíba o un Montecristo A.

Esta moda fue, para colmo, calzada con las principales figuras del modelaje, una profesión de máxima espiral, y entonces aparecen en las portadas gente como Linda Evangelista, con su cara entre angelical y vampiresca, con una vitola entre sus finos labios, toda una tentación para el más apocado lector. O se sitúa en esas fotos una Demi Moore, que se caracteriza por degustar los habanos, con su variedad de personajes en pantalla y hasta la osadía de aparecer en una portada desnuda durante su embarazo,.. nada, asuntos de publicidad y voluptuosa filosofía…

Estos caminos, como dice el refrán, conducen a Roma... La esencia de las esencias está en los grandes salones de recepciones de Paris, Nueva York, Madrid, Roma y muchas urbes de relieve. ¿Y por qué no La Habana?.

LA MECA DEL HUMO La capital cubana se convierte en la Meca del humo, cuando cada febrero celebra su Festival Internacional con feria comercial, simposio, visitas a plantaciones y fábricas, encuentros, catas y los singulares concursos de Habanosommelier (selección, corte, encendido y propuestas de maridaje con platos) y el del Whisky para relacionar este espirituoso famoso con este no menos famoso cigarro.

Pero, por sobre todo, durante esa semana de fiesta la clave está en su cena final con una subasta de especialidades, muchas de ellas firmadas por el propio Fidel Castro, obras de arte en habanos y humidores, y la entrega de los premios Hombre Habano del Año, considerado el Oscar de los puros. Entre ferias comerciales y turísticas, el habano se viste de rey, trae tras de sí, como las mejores estrellas de cine, una serie de comentarios, de contraproducentes historias como litigios comerciales,

falsificaciones –¿Qué pieza valiosa no se ha intentado falsificar?- y mucho glamour. Su reinado se enseñorea sobremanera en la vida de sociedad, vestido de etiqueta, de cuello y corbata, porque cuando se bebe un Dom Peringnon, un Oporto, y un ron cubano, un auténtico ron cubano, sea un alemán, el puntual británico, o el jaranero caribeño, se respira por los cuatro costados la clase.

Este cigarro se encuentra en 100 países de los cinco continentes, menos en Estados Unidos, y se reconforta con una potente y cultural franquicia como La Casa del Habano con 95 establecimientos en todo el mundo, donde además de venderse, se ilustra su cultura e historia, y se prueba con rones y cafés cubanos.

Por lo tanto, la conversación de los aficionados a este puro se desgrana desde el muy occidental escenario del Viejo Mundo, hasta Arabia (donde el islamismo prohíbe fumar y beber). Los encopetados, la gente de alcurnia, debe prender un habano, no un puro de otra procedencia porque el brillo lo aporta el habano.

Algunos, para indicar que su negocio es próspero, a la hora de cerrar un trato, o bien ponen sobre la mesa un Cohíba, o simplemente invitan a fumar puros cubanos a su interlocutor.

La Clase es la Clase, es un ave con un rumbo siempre ascendente que requiere de gran vuelo en medio de calma o temporal y exige a veces sacrificios, en otras ocasiones congratula, como a la hora de hacer el ritual de encendido de un habano, con una varilla de cedro y con ese deseo confeso de exhalar el aroma de la planta, apretada entre los sueños y las virtudes de una larga lista de quienes tienen mucho que mostrar.