Por el camino más corto
Erróneamente, la imagen que todavía prevalece cuando se piensa en Cuba como destino de vacaciones es la de paradisíacas playas en las que exponerse a los rayos del Sol, explorar apacibles y transparentes aguas o disfrutar de la recreación propia de los hoteles ubicados en el litoral. Sin embargo, son cada vez más los que llegan a la Isla seducidos por los encantos de su naturaleza. Formado por más de 4,000 cayos e islotes, el archipiélago cubano destaca por la belleza de sus conjuntos orográficos y la diversidad de su flora y fauna, integradas por unas 8,000 especies vegetales, 900 tipos de peces, casi 300 de aves, unas 4,000 variedades de moluscos y alrededor de 7,000 de insectos. Los errores y experiencias de otros Estados hacen más corto el camino a Cuba en su esfuerzo por expandir la modalidad relacionada con el turismo de naturaleza. Actualmente puede afirmarse que se aprecia un enriquecimiento de la conciencia ambientalista de las personas. Mientras, se insiste en el desarrollo sostenible como la única manera de garantizar un producto de calidad a las futuras generaciones y las leyes y decretos vigentes demuestran la voluntad del gobierno cubano de preservar, por sobre todas las cosas, el medio ambiente. Un diagnóstico realizado alrededor de un lustro atrás con el concurso de las diferentes entidades turísticas, da cuenta de que Cuba posee un potencial de 4,000 habitaciones en espacios naturales, pero hasta la fecha apenas existe una cuarta parte de esa cifra. Se trabaja ya en más de un centenar de ofertas de sendero, caminatas y recorridos, la correspondiente señalización informativa y prohibitiva, y en la formación cultural de las personas que velarán por el cuidado del medio, lo que hace de la nación caribeña un destino preparado para enfrentar la diversidad del mercado. Regiones como Viñales, Las Terrazas y Soroa, en Pinar del Río; Península de Zapata, en Matanzas; Guajimico, en Cienfuegos; Topes de Collantes, en Sancti Spíritus, y la Sierra Maestra, en Granma y Santiago de Cuba, concentran básicamente los mayores recursos para la expansión del segmento y de hecho, muestran una clara evolución. Coincidentemente, los mercados que más se inclinan por esta actividad en el mundo hoy en día son Canadá, Alemania, Francia, España e Italia, principales emisores de visitantes para Cuba, los que mueven cada año hacia espacios naturales a más de 40 millones de turistas. Como otro dato ilustrativo, a causa de lo que los expertos llaman el envejecimiento de la oferta de sol y playa, el turismo de naturaleza en el mundo se ha convertido en un producto cada vez más interesante, que antes de los trágicos sucesos del 11 de septiembre del 2001 crecía a un ritmo promedio anual de un 15 a un 20 %.
PINAR DEL RÍO No es por mero chovinismo que a Pinar del Río se le denomina la Catedral Natural de Cuba. En este paisaje de gran perfección, el 11 % de la totalidad de las especies son autóctonas y pueden apreciarse ejemplares como la Palma corcho (fósil viviente), el ceibón, el roble caimán y la palmita de la sierra, árboles caducifolios, arbustos muy leñosos, plantas carnosas. Pero en el mundo animal, especialmente en el de las aves, el endemismo alcanza el 50 %. Desde el siglo XIX la belleza natural de la región que produce el mejor tabaco del mundo atrajo a los pobladores de La Habana, quienes acudían a visitar La Cueva de los Portales, a recibir los beneficios de las aguas termales y mineromedicinales de San Diego de los Baños y también a contemplar el Valle de Viñales.
VIÑALES Declarado Monumento Nacional primero y Paisaje Cultural de la Humanidad después, el Valle de Viñales clasifica como el mejor exponente del conjunto de valles cársicos del país y tal vez, como el paisaje cubano que más ha recorrido el mundo. En su interior se levantan los mogotes, elevaciones de cimas redondeadas y laderas verticales, cuyas cavidades cavernarias y riachuelos interiores conforman uno de los más importantes sistemas espeleológicos del planeta. Una pequeña ciudad parece anclada en el siglo XIX. Su conjunto urbanístico mantiene el sabor de otros tiempos y el poblado se muestra lleno de encanto y autenticidad. SOROA A unos 70 kilómetros al oeste de La Habana, posee una rica flora, variedad de árboles, arbustos, orquídeas silvestres y helechos. Entre su fauna destaca una de las ranas más diminutas del mundo y se han reportado alrededor de 70 tipos de aves, varias de ellas autóctonas. Famoso es su Orquideario, con 750 especies de orquídeas, 100 de ellas cubanas, y otras plantas. Muy cerca de él, en el salto de agua del río Manantiales, puede tomarse un refrescante baño y apreciar, a determinadas horas del día, los siete colores del espectro por el reflejo de los rayos solares.
LAS TERRAZAS Dentro de la Sierra del Rosario, primera Reserva de la Biosfera reconocida en Cuba, Las Terrazas ocupa un espacio natural de unas 5, 000 hectáreas; allí se desarrolla un proyecto de economía rural sostenible, basado en la explotación turística racional de las riquezas naturales, apreciable en la comunidad del mismo nombre y con una singular arquitectura. Especial atractivo aportan a la zona las ruinas de antiguos cafetales franceses del siglo XIX.
PENÍNSULA DE ZAPATA Apenas un pequeño palmo de las 477, 000 hectáreas que comprende la Ciénaga de Zapata pertenecen al hombre; la mayor parte, tal vez por su carácter inhóspito para la especie humana, la ha mantenido en su poder la sabia naturaleza, cuyos valores exclusivos despiertan aquí interés internacional. Reserva de la Biosfera (UNESCO) y Humedal de Importancia Internacional (Convención RAMSAR), la región es considerada el humedal más rico y mejor conservado del Caribe insular. Miles de personas recorren cada día estos parajes en busca de su historia, cultura, playas, cenotes, caletas, ríos y lagunas navegables, flora y fauna, elementos irrepetibles en el resto del archipiélago cubano. La diversidad y alto grado de endemismo, resultan especialmente fascinantes para ecologistas y para quienes habitualmente practican la observación de aves y el senderismo. En general, en la Ciénaga habitan 160 especies de aves, incluyendo las migratorias, y en ese gran total sobresalen 18 de las 22 endémicas de Cuba, tres de las cuales corresponden solo a estos parajes: el Cabrerito de la Ciénaga (Torrearnis inexpectata), la Ferminia (Ferminia cerverai) y la Gallinuela de Santo Tomás (Cyanolimnas cerverai). La fauna terrestre y acuática agrupa además, 12 tipos de mamíferos, 31 de reptiles (entre ellas el cocodrilo cubano y el americano), más de un millar de invertebrados (con alrededor de 100 variedades diferentes de arañas). Pero hará falta un poco de suerte para hallar en otros esteros de los ríos y lagunas, dos ejemplares de vertebrados amenazados de extinción, como los encontramos aquí; esto es, el Manatí (Trichechus manatus) y el Manjuarí (Atractosteus tristoechus), pez arcaico. La vegetación concentra alrededor de 900 especies, 110 familias botánicas, 18 formaciones y 5 plantas endémicas, lo que convierte a ésta en una de las zonas verdes más importantes de Cuba. En la porción central del territorio, algo más elevada, se desarrolla un bosque en el que abundan árboles maderables, mientras el resto del humedal está cubierto por manglares, arbustos y herbazales de ciénaga.
GUAJIMICO A mitad de camino entre la ciudad de Cienfuegos y la villa colonial de Trinidad, en la costa sur central de la Isla, Villa Guajimico constituye el principal refugio para los que viajan a esta hermosa provincia en busca de su naturaleza. Cienfuegos posee el segundo jardín botánico de Cuba y uno de los más ricos de América, creado a principios del siglo XX bajo los auspicios de la universidad de Harvard (EE.UU.). Abarca 97 hectáreas, 7 de las cuales son de bosque natural reservado, y exhibe una de las colecciones de Ficus y Palmas más completas del mundo. Pero el muestrario general sobrepasa las 2,000 especies de plantas, un 70 % de ellas exóticas, que representan 670 géneros y 125 familias, en su mayoría arbóreas, por lo que resulta igualmente interesante y atractivo para los curiosos e investigadores de la botánica tropical. Al noreste de la ciudad se levanta el Escambray con sus empinadas elevaciones pletóricas de flora y fauna autóctonas, manantiales, saltos de agua, cuevas, pozas, miradores naturales y valles intramontanos, apropiados todos para vivir emocionantes aventuras y practicar algunos deportes de montaña. Imperdonable sería marchar de aquí sin visitar específicamente lugares como El Nicho, el Valle de Yaguanabo, la Cueva de Martín Infierno (Monumento Nacional) y el Pico San Juan. Si en cambio lo que se procura es entrar en contacto con la vida rural, contemplar un ordeño manual de vacas, beber leche fresca, degustar quesos y frutas tropicales y pasear a caballo hasta encontrar la desembocadura del río San Juan o una acogedora playita en una caleta de la costa, entonces deberán encaminarse los pasos hacia la Hacienda La Vega.
TOPES DE COLLANTES Históricamente Topes de Collantes, en pleno corazón de la Sierra del Escambray, ha sido considerado un destino de salud por las instalaciones dedicadas a mejorar la calidad de vida, que existen en esas montañas del centro-sur de Cuba. Pero el tiempo ha demostrado que el mayor potencial turístico de la región radica en su propio entorno. Este no es un lugar para enfermos, como se ha pensado, y lo primero que deben tener en cuenta las personas es que para venir hasta aquí hay que estar sano, de lo contrario no podrán conocer todas las bellezas del Gran Parque Natural Topes de Collantes. A 800 metros sobre el nivel del mar, la región encierra valores de interés para el turismo de naturaleza, ecológico, científico, de estancia y recorridos. Las 23,000 hectáreas del Gran Parque, reservorio de numerosas especies endémicas de la flora y la fauna, están divididas a su vez en 8 pequeños parques, que tomaron como centro los principales atractivos naturales de la zona. Apenas 20 kilómetros separan este entorno de la villa colonial de Trinidad, declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
SIERRA MAESTRA Millones de años antes que el hombre y previo a él, otros seres habitaron la contrastante geografía de Granma, donde ya la naturaleza perfeccionaba los paisajes que hoy provocan mohines de admiración y placer lo mismo entre quienes exploran los parques nacionales Turquino y Desembarco del Granma, como los fondos marinos próximos al litoral. Cuesta arriba, los bien delimitados senderos de la Sierra Maestra facilitan el encuentro con las tres mayores elevaciones del país, los picos Suecia (1,734 metros sobre el nivel del mar) Cuba (1,872 m) y Real del Turquino (1,974 m), el cual da nombre al citado parque. Sus 17,450 hectáreas sirven de hábitat a una flora diversa con un gran endemismo; numerosas especies de aves, algunas exclusivas de la región, reptiles, moluscos terrestres y mamíferos. La temperatura promedio de la Sierra oscila entre los 16 y los 20°C, la humedad relativa es elevada y las precipitaciones, abundantes en el verano, aumentan el caudal de los ríos que descienden entre las montañas; allí, los saltos de aguas y las pozas invitan a una zambullida. Durante el recorrido por las montañas, los excursionistas pueden conocer el modo de vida de los campesinos de la serranía y sus manifestaciones culturales, degustar las comidas autóctonas y las frutas tropicales, y visitar varios de los sitios históricos vinculados a la última de las guerras de liberación de la Isla, que terminó el 1 de enero de 1959 con el triunfo de la Revolución Cubana. Entre estos se halla La Plata, donde radicara la comandancia del Ejército Rebelde.
PARQUE NACIONAL DESEMBARCO DEL GRANMA Al pie de la montaña, el sistema de terrazas marinas mejor delineado y conservado del planeta, los valores de la flora y fauna, la presencia de más de 40 sitios arqueológicos de la cultura aborigen, sucesos históricos relacionados con las guerras de independencia de la segunda mitad del siglo XIX y la propia gesta de mediados de la centuria pasada, asimismo, más de 60 kilómetros explorables en cuevas y cavernas, fueron suficientes para que la UNESCO reconociera el 3 de diciembre de 1999 al Parque Nacional Desembarco del Granma como Patrimonio Natural de la Humanidad. Difícil resulta resumir todo cuanto puede apreciarse en los ocho senderos interpretativos de los tipos arqueológicos, geomorfológicos, naturales e históricos diseñados por la empresa de Flora y Fauna del Ministerio de la Agricultura en la provincia, teniendo en cuenta la capacidad de carga física del terreno en cada caso. Guías especializados explican, en distintos idiomas, la evolución de los suelos de la región sur oriental de Cuba, desde hace 30 millones de años hasta la actualidad y las características de los bosques semidesiduos vírgenes. La destreza de los senderistas es puesta a prueba en la ascensión y el descenso de acantilados de hasta 100 metros de altura y el paso a través de sistemas cavernarios; esfuerzo que se ve recompensado al detenerse para contemplar la vegetación del lugar y los paisajes únicos. Las rutas muestran también un faro y su vivienda construidos en 1871, sitios frecuentados por corsarios y piratas, una fosa de 77 metros de profundidad y 55 de diámetro, pictografías, retos para los amantes del alpinismo, rarezas como la orquídea más pequeña del mundo, el mayor cactus del país, que rebasa los cuatro siglos de vida, la Lagartija de hojarasca (fósil viviente), especies endémicas y migratorias de la avifauna y la riqueza de la flora. En fin, que Cuba es un gran jardín botánico que a la vez de constituir una poderosa fuente de aventura y disfrute de la naturaleza, representa un valioso universo para la exploración y la investigación científica en las diversas ramas de la ciencia natural.