- Inventora de felicidad.
¿QUÉ SERÍA DE LOS SERES HUMANOS SIN LA MÚSICA, SIN LOS COLORES, SIN EL ARCOÍRIS, SIN EL OLOR DE LA HIERBA RECIÉN CORTADA?, SE PREGUNTA CON INSISTENCIA LA COREÓGRAFA Y DIRECTORA LIZT ALFONSO. POR ELLO SE DEDICA AL ARTE, A LA CULTURA, A COLMAR DE GOCE EL ALMA
Jamás un tabaco ha rozado sus labios, pero Lizt Alfonso sabe apreciar perfectamente lo que significa el aroma embriagador del mejor puro del mundo, su fragancia evocadora. Para esta gran artista es arte casi todo lo que inspira o nace de ese singular producto derivado de una planta que tomó de esta fértil tierra no solo sus nutrientes, sino también sus tradiciones y cultura.
«Siempre me ha parecido algo así como un acto de magia la manera como las mujeres —porque ellas asumen mayoritariamente ese oficio centenario— ponen en práctica esa técnica, totalmente a mano, del torcido del tabaco...», reconoce la directora de Lizt Alfonso Dance Cuba, una de las más sobresalientes instituciones culturales de la Isla, porque representa mucho más que una impresionante compañía y grupo musical.
«Igual me impresionan los diferentes colores, las muchas tonalidades que pueden tomar los Habanos, los cuales contrastan con imaginativas anillas, reconocidas a nivel planetario por su alto valor histórico y porque constituyen verdaderas joyas artísticas. Los coleccionistas se enloquecen con estas... Es lo que sucede con las bellas impresiones litográficas que desde el siglo XIX han distinguido a las cajas que resguardan ese tesoro que nos llena de orgullo», dice Lizt, cuya afamada compañía estará nuevamente en la gala del Festival del Habano.
Solicitada una y otra vez para que provoque esa mezcla de admiración y goce total que despierta en quienes son testigos de sus elegantes espectáculos, Lizt intenta siempre buscar un espacio en su apretada agenda para no dejar de ser parte de un evento que considera de trascendencia.
Y ello, sin abandonar su admirable quehacer como coreógrafa, que obliga a pensar en ella si se trata de una gala digna de Jefes de Estados reunidos en La Habana, o si se requiere darle el toque que le falta a un video como el superpopular Bailando, protagonizado por Enrique Iglesias, Gente de Zona y Descemer Bueno.
La Alfonso sabe asimismo que no puede descuidar el significativo trabajo comunitario que realizan con cientos de niños y jóvenes por el cual la Unicef la declaró su Embajadora de Buena Voluntad, ni dejar de sorprender a sus muchos seguidores en los cinco continentes, quienes aguardan con ansias que por fin se estrene Latido, el espectáculo con el cual LADC, la única compañía danzaria cubana que ha logrado actuar en la prestigiosa ceremonia de entrega de los Latin Grammy, seguirá celebrando sus 25 años de fructífera existencia.
—Siempre has estado dentro de esos convencidos de que la cultura salva…
—Por supuesto, no me cabe la menor duda de que la cultura, el alma de los pueblos, es la que los está manteniendo en pie en medio de tantas guerras, hambrunas, desesperación y tristeza. Porque lo más seguro que le suceda a quien acuda a ver un espectáculo de Chavela Vargas o Joan Manuel Serrat o al Ballet del Bolshoi, es que salga del teatro con el espíritu lleno, regocijado, con deseos de entrarle a la vida de frente y pensando que todavía somos capaces de cambiar, en alguna medida, el orden de las cosas, que el mundo, aunque no lo parezca, es movible. Sí, la cultura salva. ¿Qué sería de los seres humanos sin la música, sin los colores, sin el arcoíris, sin el olor de la hierba recién cortada?
«El mundo sería totalmente distinto si todos nos levantáramos con ese espíritu con que nos convoca Serrat: Hoy puede ser un gran día/ imposible de recuperar/ un ejemplar único/ no lo dejes escapar».
—¿Cómo surgió la idea de formar la compañía?
—La idea siempre estuvo... Bueno, a ver, mi primera intención fue entrar como coreógrafa a una de las compañías del país. Tenía magníficas relaciones con Iván Tenorio, Alberto Méndez..., y traté de acercarme al Ballet Nacional de Cuba, pero las puertas se cerraban. Entonces no me quedó más remedio que buscar el modo de expresarme como artista, de lo contrario moriría. Por suerte los creadores tenemos la facilidad de transformar cualquier frustración que pueda surgir en algún momento en una obra.
«Me puse a trabajar bien cerca del Ballet Teatro de La Habana con Caridad Martínez, pero ese proyecto desapareció. Cuando me gradué de Teatrología comencé con la maestra Laura Alonso en Prodanza, donde creé la génesis de lo que hoy es Lizt Alfonso Dance Cuba y que entonces se llamó Danzas Ibéricas.
«Igual te aseguro que cuando estaba en el preuniversitario, y hasta quizá un poquito antes, les decía a mis amigos que fundaría una compañía y triunfaría en Broadway. Por supuesto que siempre me hacían saber que estaba loca. O sea, la idea existía desde hace mucho, y debes creerme si te afirmo que cuando creé la compañía estaba más loca todavía (sonríe), porque era el año 1991, iniciaba el Período Especial. No teníamos qué desayunar, pero nos sobraban las ganas de bailar y estábamos llenos de ese espíritu que se necesita para poder seguir adelante. Y mira cómo valió la pena».
—Cada vez con mayor frecuencia se reconoce el trabajo que en Lizt Alfonso Dance Cuba se lleva a cabo con los niños...
—Debo decir que en este 2017 se cumplirán 25 años de haber creado los talleres vocacionales de la compañía, es decir, la escuela amateur. Ni siquiera surgió en el seno de esa maravillosa sede con la que ahora contamos, sino donde radica la Sociedad Estudiantil Concepción Arenal. Nos motivó en un principio la necesidad de pensar en el futuro. Pero para quienes estábamos convencidos de que la calle no trae nada bueno, no resultó difícil decidir que en lugar de hacer una selección rigurosa, debíamos aceptar a todos los que quisieran entrar. Era preferible que estuvieran en un salón aprendiendo baile y música, lo que equivale a ganar en disciplina, rigor, a tener un objetivo en la vida, a mirar más lejos... De paso educas a la familia, y hasta a los vecinos que los rodean...
«Recuerdo que en el primer año la cifra no superaba los 60 muchachos. Al curso siguiente se duplicó y así hemos ido creciendo hasta los 1 200 que en la actualidad asisten a la escuela: de todos los colores, religiones, procedencias sociales... Porque ellos son eso: niños a los que debemos ofrecerles todas las oportunidades del mundo para que determinen hasta dónde quieren llegar.
«A partir de esa idea dijimos: bueno, vamos a crear un Ballet Infantil, donde se eligen a quienes realmente poseen aptitudes para convertirse en profesionales. Y ya ahí empiezas a ejercer, por supuesto, una exigencia mucho mayor. Los mejores pasan luego al Ballet Juvenil y posteriormente a la carrera profesional, que ya va para tres graduaciones... Sí, trabajamos sin descanso, pero con la convicción de que siempre se puede hacer mucho más».