- Pasión de los europeos.
DESDE HACE CINCO SIGLOS EL HABANO HA SERVIDO TAMBIÉN PARA DISTINGUIR LA POSICIÓN SOCIAL DE MUCHOS EUROPEOS, OTORGÁNDOLES UN SIGNO DE DISTINCIÓN Y BUEN GUSTO POR EL SOLO HECHO DE PORTAR ALGUNAS DE ESTAS JOYAS
Quizás no sea tanta coincidencia que, quinientos años después, un Gerard Depardieu que interpretó magistralmente al hombre que llevó el tabaco a Europa, el Gran Almirante Cristóbal Colón, fuera un apasionado fumador de Habanos.
Cuando vio por primera vez a los indígenas de las nuevas tierras echar humo por nariz y boca para comunicarse con los dioses, y llevó la extraña planta llamada tabaco en su primer viaje de vuelta al Viejo Continente, es posible que no supiera el Gran Almirante que esa planta revolucionaría las costumbres occidentales, quizás tanto como el descubrimiento de un Nuevo Mundo y el oro que fluyó a raudales atravesando el Atlántico.
Fueron los reyes y cortesanos europeos los primeros en rendirle culto al aroma del tabaco, y desde entonces muchos famosos han sido fanáticos entusiastas del fumar, y especialmente de los Habanos.
Muchos consideran que algunas de las obras maestras de la literatura europea de los últimos cinco siglos, deben buena parte de su genialidad al haberse inspirado sus autores entre volutas de humo.
La lista sería interminable si fuéramos a citar todos los nombres, pero en un rápido repaso sería imperdonable olvidar al escocés Robert Luis Stevenson y su afamada Isla del Tesoro; a Arthur Conan Doyle con su Sherlock Holmes; a los franceses Charles Baudelaire, Honoré de Balzac, Gustave Flaubert, Albert Camus, Jean Paul Sartre, Julio Verne, Emile Zolá o Alejandro Dumas; a los españoles Pío Baroja, José Ortega y Gasset, Benito Pérez Galdós, Camilo José Cela o Antonio Machado; al portugués Fernando Pessoa; a los ingleses George Gordon Byron o George Orwell; o a otros tantos escritores europeos como Joseph Conrad, Bertolt Brecht, James Joyce o Bertrand Russell.
Muchos de ellos, ya sea fumadores de cigarrillos o de tabaco en pipa, en uno u otro momento llevaron a su boca un Habano, para paladear el aroma y sabor de una lejana isla que descubriera Colón en 1492, y a través del humo, como hicieron los sacerdotes behiques, comunicarse con los dioses para pedirles inspiración.
No obstante, el mundo de las letras no ha sido el único apasionado del Habano. También otras artes encontraron seguidores de la magia vegetal torcida en las fábricas caribeñas, y algunos llevaron su afinidad al tabaco a tal punto, que su imagen es asociada con la de una pipa o un inseparable tabaco, como es el caso de lo pintores Pierre-Auguste Renoir, Edouard Monet o Pablo Picasso; y de músicos como Frannz Liszt, George Bizet y Maurice Ravel.
Otros famosos fumadores fueron personalidades del cine como Jean Paul Belmondo, Alain Delon y hasta un Marcelo Mastroniani; o los contemporáneos Jean Reno, o los ingleses Jeremy Irons y Pierce Brosnan, conocido por su papel del Agente 007.
Incluso mujeres como las actrices Sarita Montiel y Penélope Cruz, la modelo alemana Claudia Schiffer, o la transgresora escritora George Sand, seudónimo de la baronesa francesa Amandine Aurore Lucile Dupin, fueron asociadas en algún momento con el gusto por los Habanos y el fumar.
También los científicos han descifrado importantes enigmas para la Humanidad inspirados por el tabaco, como le ocurrió al sicoanalista Sigmund Freud, o al genial Albert Einstein, quien compartió amistad y pasión por los puros con el eminente ajedrecista Emmanuel Lasker.
Otros muchos políticos europeos de varias épocas destacaron por llevar entre sus manos un puro, desde Enrique VII de Inglaterra hasta el rey Juan Carlos de España, aunque quizás los dos más famosos por ser inseparables de sus Habanos sean el canciller alemán Otto Von Bismarck, que acostumbraba a seguir sus batallas con un buen cigarro en la boca; o el mítico inglés Winston Churchill, quizás el único estadista del mundo que tiene una vitola con su nombre.
Sin embargo, más allá de celebridades, artistas o políticos, de que gusten o no de fumar, todavía hoy el verdadero impacto del tabaco en la vida social europea está el status que otorga, en cualquier salón elegante, extraer lentamente una petaca y, con cuidado, como merece cualquier joya, escoger con atención un Habano y darle fuego.