Nacimiento de lo Cubano. La Música y la Danza
Los aborígenes, “de pelo sedoso como cola de caballo”, al decir de Colón, los bermejos, como aparecen descritos en las crónicas, cobrizos o indios que habitaron la Isla en épocas de conquista y colonización, neolíticos, porque sólo trabajaron la piedra, no dejaron supervivencia de su cultura material o espiritual que pueda considerarse determinante en el proceso de integración de nuestra cultura. En la actualidad, ninguno de sus valores mantiene una vigencia influyente.
Primero fueron diezmados despiadadamente (poca resistencia pudieron ofrecer al invasor), luego por generaciones sucesivas fueron idealizados, al punto de crearles poemas épicos e historias de martirologio infundado. Lo peor de todo, en el tono más paternalista.
Por supuesto que los indios –los llamados guanajatabeyes, taínos y siboneyes, que no son otra cosa que los grupos de origen arahuaco- no resistieron el trabajo arduo de las minas, y junto con el esfuerzo físico, el agobio espiritual los hizo tomar distintos caminos hacia la muerte. Hubo suicidios en gran escala que contribuyeron a la desaparición definitiva de estos pobladores originarios.
Los intentos de reconstruir la vida aborigen, sus costumbres, sus técnicas, la música y los bailes, no han hecho más que contribuir a una imagen irreal y subjetiva de nuestra cultura. La máxima expresión de música, canto y baile de los indios cubanos, como de los de todas las Antillas, era un rito mágico, con pantomima y narración épica, llamado areíto.
En torno a él se ha especulado bastante. Hasta nuestros días ha llegado este esfuerzo y todavía, en pocos sitios, por supuesto, vemos el gusto por recrearse en esta expresión que sólo fue observada por los cronistas, pero ni siquiera estudiada con precisión.
Contra estas idealizaciones hay una realidad. Si se quiere cruda, pero al fin y al cabo nuestra. El indio aportó una toponimia que aún encuentra vigencia en toda la Isla. Ríos, valles, cerros, cuevas, poblados, llevan nombres aborígenes tan familiares a nosotros como los nombres de origen español. Aportó apenas un producto comestible: el casabe. Y un instrumento musical: el guamo (caracol en forma de cobo que todavía emplean nuestras mujeres campesinas en las tareas de la agricultura para llamar a sus maridos al almuerzo o a tomar café, por ejemplo).
La superstición, el fanatismo, el lucro, la piratería, la corrupción general, caracterizan el siglo XVII. Pocas, casi inexistentes, son las reseñas que conocemos de esa época. Más bien anécdotas superficiales, que no pueden sentar pautas ni dar información seria. Lo más valioso: las descripciones de Alejo Carpentier en lo tocante a la música popular y a las danzas que existían entonces.
Dice Carpentier: Cuba poseía ya en el siglo XVII, instrumentos y danzas idénticas a las que aún podemos ver hoy en sus bailes populares. La Isla formaba parte del vasto sector continental sometido a influencias africanas, exportando danzas que tenían más fuerza y poder de difusión, que las que importaba.
Su aportación no era particular, participando de una actividad generalmente comparable en los países que habían recibido esclavos negros en número crecido. Es casi seguro que se conociera ya, el ritmo designado más tarde bajo los nombres de ritmo de tango o ritmo de habanera. En cuanto a la rumba, estaba ya en el ambiente con todas sus características. Junto a esos bailes africanoides, existía el zapateo de origen netamente andaluz.
Las diferentes músicas y danzas españolas se manifiestan en Cuba transformándose en un proceso de transculturación que las devuelve a España con un sello netamente acriollado. Así, las famosas zarabandas y chaconas y las indianadas amulatadas. Asimismo ocurría con los valores éticos y religiosos de España, que convergían con los africanos de otra naturaleza y carácter.
Valores bien variados, pues en rigor ni España ni África contaban con una unidad étnica ni cultural. España acababa de constituirse como estado unificado bajo los Reyes Católicos. Era, como África, un gran mosaico de formas culturales. Un estrato de la población nacía con fuertes rasgos criollos: el estrato humilde de ascendencia africana. Esclavos u horros que se dedicaron a las tareas más desgraciadas del cultivo de la tierra y en algunos casos, donde hubiera ingenios, de la caña, que en siglos posteriores se convertiría en infierno para el hombre africano de condición esclava.
Pero las fuentes del folklore no constituyeron un atractivo para los viajeros del siglo XVII. Pasa casi inadvertido este siglo, al que algunos historiadores han denominado de la piratería, y entra el siglo XVIII en el que se van percibiendo, con más claridad, los rasgos de una idiosincrasia, de un folklore criollo mezcla de dos antecedentes fundamentales: el español y el africano, que se prolongan hasta nuestros días, y a los que se unirán más tarde otros componentes, como el chino, a partir de esa rica cultura milenaria, tan pródiga en expresiones artísticas, a ese mundo de símbolos culturales tan diversos y antiguos , oscilantes siempre entre la danza y el canto, porque pocos pueblos como el chino han mostrado a lo largo de su historia ser poseedores de una imagen cosmogónica tan representativa del cuerpo y de la voz.
Nada une más a los pueblos que la cultura. Cuba ha sido un laboratorio permanente de alquimias interculturales. Como país del Caribe, nuestras experiencias más raigales se han contaminado entre sí, creando un cuerpo de valores único e indivisible, modelo de una unidad que se manifiesta en su diversidad. La danza y la música están ligadas indisolublemente por nutrientes vasos comunicantes. ¿Cómo aislar una de la otra? Imposible, porque ambas van unidas por una célula genética de origen común. Cuba canta y Cuba baila, aún en sus más dramáticas estaciones. Nos salvamos cantando y bailando. Canto y baile que han sido emblemas de nuestra cultura, sólido soporte de la tan llevada y traída cubanía.
La danza y la música se complementan en el movimiento, plasticidad y ritmo perpetuo, expresión del cuerpo y del espíritu. Danza y música en una sola corriente subterránea de fundación. Expresión histórica de pueblos y naciones, modos de llegar al arcano de la salvación, a la liberación total del ser. El ser que danza y canta ostenta todos los rostros, recorre todos los caminos, entra en armonía con la naturaleza de la que es parte consustancial y la encarna en su más completa dimensión.
* Selección de textos a partir de Nacimiento de lo Cubano (1964) en: La Fuente Viva, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998 y Cubadisco 2006, Palabras pronunciadas en la Gala Homenaje a los Nominados, 15 de Abril de 2006.
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