Tres Emblemas de la coctelería cubana
Valga tener por amigo a quien, con acierto, sabe conjugar su oficio de servir con la vocación de cultivar el intelecto. Es al barman José Alfonso Castro Gómez, miembro de la Asociación de Cantineros de Cuba en Varadero y autor de dos oportunos libros, Ron, cócteles y cantineros de Cuba y El bar y sus herramientas, a quien también debemos importantes investigaciones sobre las históricas polémicas que en el presente trabajo procuraremos resumir, con la mayor justeza posible.
Porque tratar con grandes siempre presupone ser cuidadoso en lo que se dice. Y grandes para la gastronomía criolla son el Daiquirí, el Cuba Libre y el Mojito, que no por azar ni por engrosar textos aparecen en prestigiosos recetarios internacionales, a la vez que conocidos y reconocidos universalmente. Las cosas se complican al discernir sobre cómo, cuándo y dónde se originaron.
El Daiquirí o la toponimia indiscutible
Ciertamente, el Daiquirí natural estuvo muy popularizado en La Habana desde los primeros años de la República mediatizada por el notable cantinero Emilio González, “Maragato”, quién entonces trabajaba en el Hotel Plaza. Y con posterioridad, el catalán Constantino Ribalaigua Vert, “Constante”, famoso cantinero del actual Bar-Restaurante La Florida, comenzó a ofertarlo en su variante frappé. Asimismo, contribuiría a su exaltación de manera decisiva el norteamericano Premio Nobel de Literatura en 1954 y gran amigo de Cuba, Ernest Hemingway, quien expresara: “La bebida no podía ser mejor, ni siquiera parecida, en ninguna otra parte del mundo”.
Pero el texto de la misiva que a continuación se reproduce, compendia explícita y categóricamente la disputada paternidad sobre esta joya de la cantina cubana.