Tupida vegetación de la selva
Mario, el guía, bebe agua fresca extraída de una liana selvática
Lancha haciendo rafting
Selva inundada
Orquídea Blanca, que los indígenas llaman "hijas del aire"
Contraste del agua blanca y las rocas graniticas
Miembros de la excursión cruzando río por una parcela
Indígena de la zona amazónica de Venezuela en el interior de su vivienda
Campamento Orinoquia

PUERTO AYACUCHO Llegué a Puerto Ayacucho procedente de Ciudad Bolívar, después de 11 horas de autobús. No obstante, el viaje fue muy entretenido porque me dediqué a observar a los pasajeros que iban subiendo y bajando, entre ellos muchos indígenas con sus compras. En una de las paradas vendían tortas de casabe (un producto de la yuca) y naivoa (delicioso dulce elaborado con azúcar, canela y queso, todo envuelto en casabe).

Por fin llegamos a Puerto Ayacucho, ciudad fundada en 1924 como entrada al Amazonas. Allí me espera mi guía, Mario Vogt, un alemán afincado en el trópico. El me mostró muchos de los secretos de la zona y de la forma de ser de los pobladores. Un buen guía en la selva es fundamental y Mario lo fue. Si bien los guías oficiales cuentan a su vez con la imprescindible ayuda de los guías indígenas, los únicos capaces de orientase en los laberintos selváticos.

Puerto Ayacucho no tiene mayores encantos. Hay alguna visita imprescindible como la Plaza de los Indios, nombre por el que todo el mundo conoce a la Plaza Rómulo Betancourt al lado de la Catedral, pues ahí se dan cita los indígenas todos los días para vender sus artesanías.

En el Mercado del Pescado lo venden fresco o ahumado. El tamaño de algunas piezas es muy considerable. Además hay otras mercancías curiosas; por ejemplo: un tipo de hormigas llamadas "bachaco culón” que se comen vivas. Otra visita imprescindible es subir al Mirador de Zamuro para disfrutar de una buena panorámica sobre los Raudales Atures, que durante la época de lluvias (mayo a noviembre) se convierten en los más anchos del mundo. PARQUE NACIONAL EL TUPARRO Los campamentos representan la principal opción de alojamiento. Me alojo en el Campamento Orinoquía cacaotravel@cantv.net, situado en un lugar fascinante en la propia orilla del Orinoco y a sólo 20 minutos de Puerto Ayacucho. El campamento es propiedad de la empresa Cacao Travel Group www.cacaotravel.com Mi primera excursión es hacia el Parque Nacional El Tuparro, que se encuentra en territorio colombiano. Para ello remontamos en barca el río que viene crecido, su nivel ha subido 12 metros respecto a la época de sequía. El cauce puede que tenga aquí una anchura de dos kilómetros.

En este universo anfibio el agua y la vegetación libran una batalla perpetua, avanzando y retirándose al ritmo de las inundaciones periódicas. La flor de la orquídea permanece en excelentes condiciones de color y textura durante tres meses, cualidad que la hizo excesivamente apreciada por los comerciantes. Seguimos hasta llegar a los míticos Raudales Maipures. A lo largo de seis kilómetros el río se encabrita: chorros, remolinos, piedras traicioneras hacen imposible la navegación. El sabio Humboldt los llamó la octava maravilla del mundo.

Por la derecha, ya en territorio colombiano, nos internamos en la selva inundada. Mi barquero se llama José Hidalgo Rodríguez, es un indio guajibo que tiene ese instinto especial de los indígenas para orientarse por laberintos de vegetación. Llegamos a Caño Lapa con la sensación de entrar en un mundo perdido. El torrente de Caño Lapa es completamente transparente por la falta de materiales en suspensión. Las formaciones rocosas son tan antiguas y tan duras, que los ríos y torrentes las pulverizan muy despacio.

Volvemos antes de que anochezca. Ahora navegamos más rápido con la corriente a favor. Da tiempo a adentrarse por el río Tomo, uno de los 200 afluentes del Orinoco, hasta un lugar frecuentado por los delfines de río o toninas se les llama aquí.

LAS CAMINATAS Las hay para todos los gustos, desde duras a simples paseos. Los guías advierten de las características de cada trayecto.

Junto con un indio curripako ,llamado Jaime Rojas, emprendemos una caminata de seis horas al Salto de Paria. Pasamos primero por una aldea piaroa (etnia que puebla mayoritariamente esta zona) donde me llama la atención su tradicional churuata cónica. Hay algunas plantaciones en terrenos que los indios consiguen desbrozando trozos de selva pero la tierra es pura arena. La selva ha permanecido imperturbable durante millones de años. Cuando camino en sus profundidades experimento la curiosa sensación de vivir en el presente y el pasado al mismo instante.

El guía indígena pertenece a una etnia especialmente experta en plantas silvestres. Con el machete hace un corte a un tronco y sale un jugo blanco que se hace chicle en la boca; otra mata sirve para aliviar el dolor de muelas, la mastico y noto una sensación anestésica local. El sendero sólo está obstruido por árboles gigantescos caídos exponiendo al aire unas pocas raíces huecas. Las lianas se retuercen como cables alrededor de troncos rectos. Por el suelo hay escasa maleza, debido a la poca luz que se filtra.

En otra ocasión, coincido con unos españoles del norte. Nos vamos de caminata guiados por Vidente González (piaroa). Sobraba algo de tiempo e hicimos una breve visita al Tobogán de la Selva, que debe su nombre a una gigantesca laja por donde corre un manantial de limpias aguas que se desliza 20 metros en un ángulo de 45º hasta terminar en una piscina natural.

RAFTING Durante la época de lluvias los Raudales Atures son más fuertes y veloces, transformándose en los más anchos del mundo ya que el Orinoco es el tercer río mundial más caudaloso con sus 200 afluentes y 600 subafluentes. Por ese lugar tan especial del planeta Jorge Buzzo ha diseñado un rafting como no hay otro. Además lo ha puesto al alcance de cualquiera. Cuando desde la orilla contemplaba esas olas envolventes de hasta 3 metros, esos remolinos y el consiguiente espumerío se me ponían los pelos de punta al pensar que iba a navegar por allí. Pero el miedo depende de la costumbre y el miedo se quita cuando Jorge agarra el timón y te mete por el lugar más emocionante con total seguridad. La empresa fundada hace doce años se llama Aguas Bravas (www.aguasbravas.net). En todo ese tiempo no ha tenido ningún accidente irremediable. Han diseñando un raf dotándolo de un potente motor para dominar un río de estas características y poder disfrutar durante 2 horas de 17 kilómetros de rápidos gigantescos.

Sinceramente, subimos quince viajeros con cierta cara de susto y bajamos quince viajeros radiantes de felicidad. Verdaderamente disfrutamos y sentimos el Orinoco.