Cartagena de Indias... y Santa Marta. La ruta del ORO
Recorrer los museos del oro de Cartagena y Santa Marta, en Colombia, es pasear entre la historia y la leyenda. La sensación de que inmensos tesoros en oro y piedras preciosas se escondían en estos vastos territorios comenzó a configurar la leyenda de El Dorado.
Los aluviones de los grandes ríos colombianos Magdalena y Cauca conforman un amplio complejo de placeres auríferos, el más importante yacimiento de Suramérica, explotado desde los tiempos más remotos. La primera expedición al Zenú fue enviada desde Urabá (cerca de la frontera colombiana con Panamá) en 1515, a la que siguió otra mayor en 1534, mandada por Pedro de Heredia, entonces gobernador de Cartagena de Indias. Descubrir el oro en las tierras del Zenú fue fácil para los conquistadores, pues a simple vista observaban las colinas artificiales que sobresalían en las sabanas, y eran las tumbas donde sus habitantes depositaban el ansiado oro. El tesorero de Cartagena -quien formó parte de la expedición de Heredia- menciona la presencia de los túmulos funerarios, que se convirtieron desde entonces en el primer interés de los conquistadores en la zona: "Dimos en el camino a la ida en un pueblo que se dice el Cenú, no de mucha población, así en él como en la comarca de él, en el pueblo se hallaron treinta mil pesos de oro, y asimismo supimos de los indios que se tomaron allí que mucha cantidad de montones de tierra que alrededor del pueblo había eran todos sepulturas y todas tenían oro". En las cercanías de un gran templo Zenú los españoles advirtieron la presencia de campanillas de oro suspendidas de los árboles: "Cerca de este santuario (Finzenú) estaba una montañuela de diferentes árboles muy gruesos y más delgados, en cuyas ramas estaban puestas en hilera muchas campanas de oro fino no bien talladas, pues eran a la forma de almirez de boticario y algunas tan grandes." (Simón 1.) La sociedad, conocida como Sinú, era anfibia y registró su mayor auge entre los siglos V y X d.C. Su extensa red de canales artificiales entre los ríos San Jorge, Sinú, Cauca y Magdalena les permitía controlar el régimen de inundaciones de uno u otro río, conduciendo el excedente de agua a sus salidas naturales, aprovechando el sedimento y tejiendo una gran red de comunicaciones fluviales. La seducción de la naturaleza La representación orfebre y cerámica de los zenúes, que podemos ver en el Museo del Oro de Cartagena de Indias, está centrada en la admiración de la naturaleza. Aparecen allí seres reales de varios tamaños e indumentarias, tocados a veces con sombreros tejidos y objetos en la mano para indicar su rango u ocupación. Hay aves de llamativas crestas y plumas vistosas, aves acuáticas, felinos y caimanes. Existen cuatro tipos de piezas que se muestran como las más características y de más amplia distribución en la orfebrería de las llanuras del Caribe: los remates de bastón, las orejeras de filigrana fundida, las narigueras con prolongaciones horizontales y los pectorales mamiformes.
Museos de Cartagena, patrimonio histórico La región del gran Zenú abarca territorios de los actuales departamentos colombianos de Bolívar, Sucre, Córdoba y parte de Antioquía. En Bolívar se encuentra la más preciosa ciudad colonial de América, la célebre Cartagena de Indias, fundada en 1533 por Pedro de Heredia. Cartagena de Indias fue la verdadera capital de la Suramérica colonial. Cartagena de Indias ha sido declarada por la UNESCO "Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad". La Plaza de Bolívar es el centro del casco histórico. A un costado se encuentra el Palacio del Santo Oficio de la Inquisición, que fue establecido en Cartagena en el año 1610 y duró dos siglos extendiéndose su jurisdicción por casi todo el Caribe. El edificio fue construido en 1770 y hoy es la sede del Museo Histórico y de la Academia de Historia de Cartagena. Enfrente del anterior está el Museo del Oro Sinú (Tel.: 65 52 12), ocupando una casona colonial restaurada. Está dedicado a mostrar la cultura Sinú: utensilios, maquetas, fotografias aéreas de los antiguos sistemas de canalización, cerámica y orfebrería. El Museo participa en proyectos como el de la reconstrucción de parte del sistema hidráulico prehispánico zenú. Se intenta aprovechar la tecnología zenú para recuperar estas fértiles tierras inundadas la mayor parte del año. La tecnología de hace más de dos mil años nos sirve para el desarrollo del siglo XXI.
Tayronas La espiritualidad a través del oro
Santa Marta es la más antigua ciudad hispánica de Colombia. Su emplazamiento fue escogido por la seguridad de su bahía a orillas del Caribe. En un bonito edificio colonial llamado Casa de la Aduana se encuentra el Museo Arqueológico, que exhibe una colección de piezas de la Cultura Tayrona. En una ala del edificio, colecciones de cerámica, collares, maquetas de ciudades tayronas y paneles fotográficos muestran ritos de los actuales pobladores indígenas de la Sierra de Santa Marta. La cámara acorazada del museo guarda piezas de oro de valor excepcional. La penumbra de la sala, contrastando con la iluminación de las vitrinas, crea un halo misterioso que potencia el valor espiritual que emana de las piezas. El museo se encuentra en la Calle 14, en pleno centro de la ciudad. Su horario de apertura es de 8 a 12 y de 14 a 18 horas. Tel. 21 09 53. La Sierra Nevada de Santa Marta constituye el macizo montañoso más alto del mundo junto al mar. Arranca desde la orilla del Caribe y alcanza alturas de 6.000 metros con nieves perpetuas. Los antiguos indígenas se asentaron en los diversos pisos térmicos, desde el nivel del mar hasta los 2.800 metros de altitud, mientras que en los fríos páramos y elevados lagos de origen glacial tuvieron sus lugares de culto. La arqueología ha logrado ubicar 200 asentamientos tayronas. El más visitable es Pueblito, pues la Ciudad Perdida queda a tres días de marcha. Los restos arqueológicos nos hablan de una cultura bastante desarrollada en campos como la ingeniería urbanística y la orfebrería. Los tayronas construyeron poblaciones enteras cimentadas sobre la roca sin emplear materiales cohesivos.
EL ORO, PUENTE CON EL OTRO MUNDO Para los indígenas, el significado de las piezas de oro era doble. Por un parte, servía como enlace entre el mundo de abajo, el de la tierra, y el de arriba, donde estaban los dioses y que a la vez era el mundo original antes de que el tiempo apareciera y con él la muerte. Por otro, las representaciones de seres humanos, de animales reales y fantásticos y de combinaciones de hombres y bestias intentan recobrar ese momento anterior a la muerte, cuando todos los seres estaban hechos de oro. Los colgantes tayronas integran en su representación hombres y animales, fusión que correspondía tanto a identificaciones totémicas como a la intención mágica de apropiarse de los poderes de los animales representados. Los tayronas utilizaron el proceso llamado de la cera perdida para fundir piezas de oro. Con cera de abejas se moldeaba el objeto a reproducir. Se le añadían, también en cera, los canales necesarios para la entrada del metal fundido. El modelo se cubría luego con sucesivas capas de arcilla. Después de secarse, el molde era puesto al fuego y la cera se derretía dejando hueca la forma en su interior. El metal fundido era vertido al molde y, una vez frío, se rompía para extraer la pieza metálica. Se le cortaban los conductos y se corregían los defectos.