Tiburones, El señor de lasprofundidades
¿De veras es tan fiero el tiburón como lo pintan? Por sí o por no, manténgase alejado y admírelo. Si el león es el "rey de la selva", el tiburón es el "señor de los mares". ¿O acaso otro habitante del océano ha sido protagonista de tantas historias, leyendas, filmes de horror y hasta canciones?
Lo primero que viene al caso decir es que existen alrededor de 350 especies de tiburones diseminadas por todos los océanos. Hasta en los helados mares del Ártico hallamos cuando menos una: el tiburón boreal (Somniosus microcephalus). Pero en general, los tiburones son moradores de los mares templados y cálidos, lo que quiere decir que las aguas del Mar de las Antillas, o del Caribe, como prefiera llamarlo, son para ellos un paraje ideal. Tampoco las corrientes de agua dulce están del todo excluidas, pues algunos gustan de penetrar ocasionalmente en ríos y estuarios, en tanto existen especies que son propiamente de agua dulce, las cuales han sido identificadas en el lago Nicaragua, en el Ganges, en el Zambeze, en el Amazonas y varios puntos más de la geografía tropical y subtropical. Además de ser la maquinaria más potente y saludable de los mares, el tiburón es también la mejor ensamblada, la mejor dotada por la Naturaleza para enfrentar adversidades de todo tipo. Las líneas hidrodinámicas del tiburón -de esqueleto no óseo, sino cartilaginoso- resultan lo más cercano a la perfección para el desplazamiento en el medio acuoso. En la natación son insuperables por sus condiciones de resistencia, elasticidad y velocidad. Otro detalle interesante es el de la talla que alcanzan. Los hay desde pequeños, apenas unos 20 centímetros en la edad adulta, como el Squaliolus laticaudus, hasta gigantescos, como el tiburón ballena o damero (Rhincodon typus), que a veces llega hasta los 20 metros. Pero lo más común es que los miembros de estas familias se muevan en un rango más reducido: desde cerca de un metro hasta algo más de tres o cuatro metros. En este grupo suelen estar las especies más frecuentes. De la colección de tiburones que pueden encontrarse en el Mar Caribe, mencionaremos algunos de ellos. El tiburón de siete branquias (Heptranchias perlo) tiene la peculiaridad de poseer siete aberturas branquiales, y su hermano el cañabota o marrajo (Hexanchus griseus), seis aberturas. Estas dos especies son interesantes por cuanto los tiburones, por lo común, presentan sólo cinco aberturas branquiales. El tiburón blanco (Carcharodon carcharias), de aguas océanicas, muy robusto, capaz de superar los seis metros; el dentado azul (Isurus oxyrinchus), de ese intenso color en el dorso y los costados, y con una talla de alrededor de tres metros; y el conocido tiburón tigre (Galeocerdo cuvieri), que suele sobrepasar los tres metros y alargarse casi hasta seis. Además de activos depredadores, los tiburones disponen de una hilera de dientes "funcionales" y de varias de dientes de "sustitución" para el caso de pérdida o fractura de los primeros. Moradores del Caribe lo son también el cabeza de martillo (Sphyrna zygaena), y sus muy cercanos parientes las cornudas (Sphyrna tiboro y Sphyrna mokarran), ambos de cabeza expandida hacia los lados, y otros muchos, porque en el área caribeña se contabilizan alrededor de 45 especies de ellos. Uno de los temas que más apasiona acerca de estos animales es el de su agresividad y los ataques al hombre, asunto sobre el cual los especialistas han expuesto diversidad de criterios y tratado de separar los elementos hiperbólicos incorporados por la ficción. Sucede con los tiburones lo mismo que con los felinos; el estímulo de la alimentación suele conducirles a desarrollar la agresividad como natural instinto para garantizar la supervivencia. Aunque no todos son peligrosos, díficil resulta delimitar entre la peligrosidad potencial de unos y de otros, sobre todo si les molesta. El tiburón blanco o jaquetón, el llamado tigre, las cornudas, el azul y varios más son indudablemente peligrosos y en algunas latitudes se les considera devoradores de hombres, sobrenombre quizá un tanto dramático, aunque ilustrativo del cuidado que con ellos debe tenerse. Si los tiburones ofrecen al hombre la desventaja de su mala reputación, le aportan, como recurso pesquero susceptible de ser explotado, muchísimos beneficios. De ellos se aprovecha todo, literalmente. De la piel se obtiene un cuero excelente, el aceite del hígado, por su propiedades medicinales resulta hoy día muy apreciado, las aletas son plato exquisito entre los pueblos asiáticos y la carne es consumida por la población o utilizada en la elaboración de harina de pescado. Si estos grandes escualos no tienen nadie a quien temer entre sus congéneres, sí tienen en el hombre y en la sobreexplotación, su mayor amenaza. Es el hombre quien se interesa por ellos no sólo desde el punto de vista comercial, sino biológico. La oportunidad de conocer mejor a tan formidables criaturas es tentadora.. Claro, no le estamos sugiriendo que vaya al encuentro directo de estos escualos, pero sí que los disfrute en su medio natural y con la debida protección que le garantizan las instalaciones de cualquiera de los acuarios de las costas caribeñas, o las amplias claraboyas y cámaras de un submarino turístico.