EL DISCRETO ENCANTO DE LO SEÑORIAL -HOTEL FLORIDA - Marqués de prado ameno
Cuenta la tradición que estando cazando en su natal España, Don Manuel de Cárdenas, Marqués de Prado Ameno, se perdió en medio del bosque. Caía la noche y no encontraba el camino. Casi desarmado, vio a dos grandes lobos que corrían directamente a su encuentro. Encomendándose a Dios, se dispuso a defender su vida… pero los animales pasaron por su lado sin siquiera mirarlo. Desde entonces, el escudo de armas de los Marqueses de Prado Ameno ostenta como blasón familiar la figura de dos lobos negros, y un lema que ha acompañado a las distintas generaciones de la familia: «La muerte menos temida da más vida». Esa frase, junto a la Virgen de la Macarena, santa patrona de los Marqueses, todavía hoy da la bienvenida a quienes llegan al Hotel Marqués de Prado Ameno, en pleno corazón de La Habana Colonial. Sus habitaciones climatizadas, que poseen los servicios necesarios para satisfacer al huésped más exigente, conservan a su vez ese aire colonial que emana de la antigua residencia, rescatada hace apenas un año por la compañía Habaguanex y convertida en un hotel mágico, donde quienes llegan vuelven una y otra vez a repetir su estancia. El Hotel Marqués de Prado Ameno se haya contiguo el Hotel Florida, una de las insignias de la hostelería cubana, cuya construcción data de 1836, y que desde 1885 a 1952, fuera uno de los mejores de La Habana. El Hotel Marqués de Prado Ameno, a pocos pasos de la calle Obispo, arteria raigal de la colonial Habana, resume historia y elegancia señorial, desde la exposición de los utensilios encontrados durante su restauración, los frescos originales rescatados en sus paredes, el mobiliario de época, hasta los salones tematizados como el dedicado a Juan Francisco Manzano, poeta negro que obtuviera la libertad gracias a su talento. No puede faltar, para completar el ensueño, la deliciosa gastronomía cubana e internacional, pero sobre todo la típicamente española de la Taberna El Molino, que recibe a los comensales con platos como el bacalao a la vinagreta, la tortilla gallega, los pescaditos fritos a la andaluza, la parricheta de camarones o la Langosta Bordelesa al vino del Penedés. Todo ello se puede degustar en la misma taberna o bien en el colorido y refrescante patio interior, que recuerda los ambientes de las casas españolas, donde uno puede distenderse completamente, en uno de esos raros lugares de La Habana mágicamente resguardados del calor tropical y del bullicio de una gran ciudad.