Tres Joyas del Occidente Cubano
Pinar del Río, la provincia más occidental de Cuba, es bien famosa por ser “la tierra donde se cosecha el mejor tabaco del mundo”. Es una región de permanente sorpresa para el turista que gusta de los misterios de la naturaleza, cargada también de leyendas antiguas y modernas, trágicas y hasta peligrosas. La majestuosidad de sus montañas y las mil tonalidades de su vegetación hacen que todos los viajeros coincidan en resaltar el occidente de Cuba como una de las zonas más bellas de la Isla; influidos también por la espectacular riqueza de la flora y fauna –terrestre y marina– que atesoran sus costas. Tres joyas de su extremo más occidental merecen visitarse: Guanahacabibes, María La Gorda y Cayo Levisa. Acerquemos la mirada a esos bellos parajes, donde la vida bulle a su paso.
GUANAHACABIBES Es una de las regiones de la provincia donde se han tejido –y se tejen– las más coloridas historias: navíos españoles que cargados de tesoros procedentes del Nuevo Mundo, naufragaban en medio de terribles tormentas, o eran asaltados por bravos piratas y filibusteros que escondían en sus playas los tesoros; bucaneros caribeños que burlaban toda vigilancia para traficar con sus mercancías. Y por sobre todas las cosas, notoriamente célebre por su rica e impresionante biodiversidad, que gana cada día más admiradores.
Para llegar a la península es necesario viajar desde Pinar del Río hacia el suroeste a través de la región tabacalera, atravesada por el río más caudaloso de la provincia: el Cuyaguateje. Algunos de los medios de transporte más utilizados en el pasado pueden verse aún en el trayecto. La región también posee abundantes bosques y produce maderas preciosas para la construcción de muebles, artesanías –y humidores– así como maderas ligeras para la fabricación de carbón vegetal, el principal combustible doméstico del lugar. La península está formada por dos cabos: Corrientes y San Antonio, que forman al sur el Golfo de Corrientes, lugar amplio y tranquilo del Mar Caribe. La costa sur es relativamente alta, con farallones salpicados por preciosas playas coralinas de blanquísima arena; la norte, sin embargo, es baja, fangosa y mayormente poblada por manglares.
En 1987, las 101 500 hectáreas de la península fueron declaradas Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO, y luego en el 2001, recibió la categoría de Parque Nacional. La entrada del Parque Nacional está flanqueada por la Estación Ecológica y el Radar Meteorológico de La Bajada. Este último, además de los servicios meteorológicos, también ofrece alojamiento y comida para el turismo y backpacking. La Bajada es una pequeña comunidad de alrededor de 100 habitantes, dedicados principalmente a trabajos forestales con una cultura de conservación de la naturaleza que sorprende al visitante. Cerca de la Estación Ecológica llama la atención el ganado vacuno de la raza Ancoli pastando en el lugar. Fue introducida por los españoles en el siglo XVII y se ha desarrollado muy bien allí, de modo que actualmente representa el reservorio genético más puro que se conserva de esta raza.
El Parque Nacional de Guanahacabibes es un paraíso donde habitan más de 600 especies de plantas, 15 de ellas endémicas, algunas en peligro de extinción; 150 especies de aves que incluyen buhos, cartacubas y zunzunes, entre otras; además cuenta con 30 tipos de mamíferos, 21 de reptiles y 19 de anfibios. Sumamente abundantes son los invertebrados, y especial atractivo tiene la espeleofauna. Sorprende la gran cantidad de iguanas y jutías que llaman la atención por sus dimensiones, y con un poco de suerte se podrá apreciar el paso de venados que salen a pastar con el ganado silvestre de la zona.
Es la península uno de los sitios más importantes de anidación de las tortugas marinas en la isla de Cuba. Numerosos estudiantes participan como voluntarios en el patrullaje de las playas como parte del Proyecto Universitario para el Estudio y Conservación de las Tortugas Marinas en Cuba, que dirige el Centro de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana.
Hacia el oeste, a 59 kilómetros se localiza el Faro Roncali, torre majestuosa del Cabo de San Antonio construida en 1849, según reza en la placa que corona su entrada, y que con sus dos destellos cada 10 segundos, anuncia a navegantes marítimos y aéreos el extremo más occidental de la Isla de Cuba. La leyenda de la conservación de este patrimonio se está esparciendo por estas tierras, para que la Península de Guanahacabibes siga siendo un paraíso natural del Caribe.
MARÍA LA GORDA Desde La Bajada, última comunidad costera cubana, 14 kilómetros hacia el este, se encuentra el Centro Internacional de Buceo “María la Gorda”. Está ubicado en las inmediaciones de Cabo Corrientes, y aunque ha sido concebido sobre todo para buceadores, es una maravillosa opción para ecoturistas y vacacionistas. La instalación posee confortables habitaciones climatizadas, teléfono y tv satelital, un excelente restaurante, variadas ofertas de recreación, y sobre todo playas de increíble belleza con atardeceres memorables, aguas transparentes y fondos abundantes en corales. Con una historia que se remonta en el tiempo, se desconoce con certeza la identidad de la que le diera nombre: si una indígena venezolana traída a la fuerza en un barco pirata y abandonada luego a su suerte, o la hija de un navegante español que naufragara en la zona. Lo cierto es que María la Gorda sentó plaza a la vera de la ensenada y para sobrevivir se dedicó a suministrar comida y diversión a los marinos de cuanto navío se aventuraba por aquella esquina de Cuba, en cuyas aguas se estima yacen más de 100 galeones españoles hundidos, y donde se habla de fabulosos tesoros ocultos, como el procedente de la ciudad mexicana de Mérida.
Muy bien protegida, tranquila y famosa por sus transparentes fondos marinos, clasificados entre los primeros del mundo, la plataforma marina del Canto del Veril se encuentra a unos 300 metros de la costa, y los 50 puntos de buceo quedan cercanos. En ellos se puede admirar una flora marina de belleza indescriptible, dada por la gran variedad de gorgóneas que allí habitan, así como contemplar los paredones sumergidos cubiertos de colonias de coral negro, que constituyen la mayor reserva en toda la Isla. También abundan las aves: más de un centenar de especies anidan en el lugar, especialmente el carpintero, la cotorra y el tocororo, así como aquellas que, de paso, residen por un tiempo en la zona.
CAYO LEVISA A 27 kilómetros de La Palma, en el extremo norte de Pinar del Río, en el embarcadero de Palma Rubia, se abordan las lanchas hacia Cayo Levisa, que se encuentra a tres millas náuticas de tierra firme. Bañado por el Mar Caribe, de pequeña extensión, la cuarta parte de su territorio son playas vírgenes de fina arena blanca. Entre la gran diversidad de especies marinas que habitan sus aguas se destaca un número importante de pequeñas rayas o mantas –levisas- que dan nombre al lugar. La vegetación tropical, que va desde los cocoteros en su costa norte, al intrincado mangle en el sur, y la proximidad de una espléndida barrera coralina, le confieren a Cayo Levisa una diversidad de ecosistemas que, sumados a la historia de buques hundidos en la zona y leyendas de corsarios y piratas, lo hacen sumamente interesante para el buceo en sus distintas modalidades. Allí se han desarrollado veintitrés puntos de buceo con características diferentes, que satisfacen los intereses del más exigente submarinista. El cayo no está poblado, pero posee cuarenta confortables cabañas climatizadas, con teléfono y tv satelital, restaurante, snack bar, tienda y el centro de buceo y recreación, que cuenta con catamarán, kayacs, bicicletas acuáticas y equipos de snorkel. Como complemento al maravilloso ambiente de tranquilidad y relax, se organizan excursiones a la barrera coralina, y visitas a los cayos cercanos. En Cayo Paraíso, lugar virgen donde se practica la pesca, se recuerda aún la presencia del célebre escritor norteamericano y Premio Nóbel de Literatura Ernest Hemingway, asiduo visitante de estos parajes durante sus años de estancia en Cuba.
Alejado del bullicio citadino, al paisaje se suma el carácter cordial y afable de los que atienden las instalaciones, que brindan sus servicios con eficiencia y amabilidad. Es difícil despedirse de este sitio de ensueño; sólo la promesa de un seguro regreso nos reconforta a la hora de partir.