Proyecto mujeres y vino: las sacerdotisas de Baco
Si antes era solo destinado al género masculino el acto de justipreciar un vino, hoy los movimientos de roles otorgan más poder, voz y liderazgo a las féminas, que ahora también se implican de lleno en la restauración, deviniendo notables representantes de la gastronomía y la culinaria, erigiéndose como valiosas sommelieres y amantes de productos gourmet.
También sucede así en Cuba, donde para impulsar una pasión que ya se vuelve raigal, y sobre todo aportar información y experiencia a las interesadas, surgió hace dos años el Proyecto Mujeres del Vino.
Aunque en otras regiones del mundo ya existían agrupaciones semejantes, la existente en la Mayor de las Antillas va sentando paradigmas con su quehacer. Comerciales, barmans, especialistas en Habanos, periodistas, entre otras, se dan cita cada mes para realizar este viaje al placer.
Tal como explica la sommelier profesional y una de las directivas del proyecto, Miriam Alfonso Sosa, se trata de un afán, una vocación que ha unido a sus protagonistas desde el primer día. La decisión de aunarse tiene como propósito central llevar al saber cubano, al hogar, la cultura del vino a través de las damas, teniendo en cuenta que la presencia femenina en la familia es esencial para aprender a comer, a alimentarse, a poner una mesa y disfrutarla, o sea, apreciar lo que se come y cómo.
Con gran pasión y mucha voluntad llevan adelante su ideal las Mujeres del Vino. Tanto las protagonistas de la agrupación, como aquellas que tienen un local propio, un restaurante o dirigen algún espacio gastronómico, han sido fuerza esencial para seguir impulsando los encuentros.
Por su parte empresas importadoras como Pucara, Freixenet, Duprasa Food, han sido seducidas por dicho empeño y apoyan frecuentemente estos espacios en cuanto a abastecimiento, facilitando así degustaciones muy expresivas, variadas y de altísimo nivel, donde siempre el paladar y la cultura son los mayores privilegiados.
De salud, identidad, geografía, agricultura e historia también se habla en estos encuentros. Una esencia tan rica y cromática como la del vino, no permite límites en la expresión y el aprendizaje, sino que pone en consonancia placer y sabiduría.
Ya sean establecimientos no estatales como el restaurante Divino o La Buena Vida, o entidades como El tablao de Pancho, la vinoteca del Miramar Trade Center, la Casa de la Música de Miramar, varios han sido hasta la fecha los principales escenarios de esta vocación sibarita que ya data de dos años.