Al volante de su Chevrolet Bel Air 1955 Máximo Rafael Franco Castro cruzó la meta luego de poner todo su empeño en cada tramo del Rallye de la Regularidad 2009. Detrás quedaban meses de preparación y numerosos rivales. Esta competencia premia, como indica su nombre, la regularidad en el cumplimiento de un itinerario y no la velocidad pura. Es por ello vital la maestría de la tripulación, chófer y copiloto, y la simbiosis de ambos con el auto. Para lograrla es primordial el buen estado del vehículo, y el Chevy´55 de Máximo no destaca por sus adornos, por un trabajo de pintura deslumbrante, ni estridencia alguna por el estilo. En realidad la sobriedad exquisita de su aspecto está respaldada por una mecánica cumplidora y fiable, con el elemental motor seis en línea funcionando como un reloj suizo. Comoquiera que el recorrido es secreto hasta el momento de la largada, Máximo y su copiloto -su propio hijo Alejandro, de 21 años- basaron su preparación en un estudio minucioso del mapa de la Ciudad, memorizando avenidas, calles y cuanto detalle consideró podría aliviar su tarea durante el evento y poder concentrarse entonces en la lectura y análisis de los instrumentos de a bordo y el cronometro. De esta forma logró una mayor precisión en el cumplimiento de las diferentes etapas, las cuales eran evaluadas por jueces tanto visibles a los competidores en puntos establecidos, como otros puntos intermedios y secretos, para verificar el cumplimiento en todo el momento de las condiciones exigidas. Los resultados, sin dudas, han sido excelentes. Ganar este año fue dificil, pues ya los participantes acumulan experiencia y los controles son más rigurosos, pero Máximo se nos confiesa enamorado de esta competencia y ya se encuentra elaborando estrategias para el próximo año, veremos….

El Chevrolet Bel Air 1955 de Máximo Un Chevrolet Bel Air 1955 había sido el sueño de toda la vida de Máximo, y logró hacerlo realidad hace apenas cuatro años. Se tomó toda clase de detalles en su adquisición, verificó con toda rigurosidad que hasta ese momento solo había tenido un dueño, el cual por su profesión –dueño de la antigua Funeraria del rural pueblo de Caimitos, a unos 30 kilómetros de la Ciudad de la Habana- lo mantuvo por muchos años en su garaje sin apenas rodarlo. Este increíble señor aún vive en los altos de la antigua Funeraria, la cual ya no está en funciones y cuenta con claridad la adquisición, a principios de 1956, de este auto en viaje que aún recuerda, pues fue preciso “ir hasta la Habana”, lo cual era toda una hazaña en la época. El sobrio Bel Air una sola vez ha sido sometido a reparación de su motor, allá por los años ochenta, al igual que toda la vestidura de su interior, la cual se hizo exacta a la original. Por todo esto Máximo trata a su Chevrolet Bel Air con verdadero mimo, lo lava personalmente y con estricto método, y cuando alguna de sus piezas sufre cualquier daño no escatima esfuerzos en su reparación, como el caso reciente del accionamiento del claxón, el cual demoró cuatro días completos - sin hacer otra cosa- en poder componer, luego de una rotura. Convencido, como muchos especialistas, de que el Bel Air 1955 ha sido el “mejor Chevrolet construido jamás” asegura que conservará este auto hasta el final de sus días. Confiesa que admirarlo es contemplar la realización de un sueño …y veamos ¿cuántas veces nos sucede esto en la vida?