Taínos los primeros padres
De comportamiento pacífico, estos indígenas fueron el grupo más numeroso de los que habitó la antigua isla de Quisqueya, y el que mayor influencia ha dejado en el pueblo dominicano
Quien recorra hoy las paradisíacas playas de Dominicana, o asista al espectáculo inmenso de lugares como la Cueva de las Maravillas, quizás no le cueste trabajo imaginar aquel día de 1492, cuando los inmensos barcos al mando del Almirante Cristóbal Colón se acercaron al corazón del Caribe, La Quisqueya, como la nombraban sus habitantes.
La isla, que originalmente se llamara Babeque, Quisqueya e incluso Haití, estuvo habitada en sus inicios por grupos indígenas primitivos venidos del Orinoco, costa de Venezuela, en pequeñas embarcaciones. Estos tres grupos, que se difundieron por todo el Caribe, eran los arawaks, los caribe y los taínos, estos últimos el más numeroso, que habitaba el centro de la isla, y el que más huella dejó en la cultura actual de los dominicanos. Al ser descubierta por Colón, este rebautizó la isla como «La Española», y sus aborígenes, que por la creencia de haber llegado al nuevo mundo los llamó indios, fueron esclavizados para trabajar en la búsqueda del preciado oro.
Así fue como se produjo la casi total extinción de los primeros pobladores de esta isla maravillosa, que al llegar los conquistadores estaba habitada mayormente por los taínos, pertenecientes al grupo indígena de los arahuacos.
De comportamiento pacífico, este pueblo se dedicó a la agricultura, la caza, la pesca, y a cultivos como la yuca, maíz, batata…, que junto a la recolección de frutos silvestres formaban su dieta básica, que ha dejado algunos vestigios culinarios, como el famoso casabe, especie de torta semejante al pan, que se hace con harina de yuca.
Los taínos también usaban pendientes colgantes en la nariz, en las orejas, lucían brazaletes y tobilleras, pelo corto sobre la frente, trenzas colgantes y piel aceitunada, elementos indígenas que se conservan hoy en los rasgos identitarios del pueblo dominicano y su cultura.
La existencia pacífica de los taínos terminó con Fray Nicolás de Ovando, primer gobernador de la isla, quien realizó en el cacicazgo del Jaragua, del cacique Caonabo y la reina Anacaona, la más brutal e inhumana masacre realizada en la historia, conocida como la Gran Matanza del Jaragua. Después de la extinción de los pobladores del lugar, Ovando mandó a construir en este terreno la que sería la primera ciudad colonial.
Ya para el año de 1509, cuando la colonización de Ponce de León empezó, muchas atrocidades de los españoles, enfermedades y suicidios mataron a los taínos que quedaban.
En 1516 eran tan pocos, que el padre Bartolomé de las Casas obtuvo una Orden Real para liberar a los que quedaban, y solo así pudieron salvarse algunos descendientes que continuaron la raza.
Mucho de su legado, a pesar de la cruel extinción a que fueron sometidos, todavía está presente en el idioma, en la agricultura, la cocina tradicional, conocimientos en el área de la medicina, la artesanía, la arquitectura, creencias espirituales, vida familiar, fiestas, cultura popular, nombres, frases, pueblos, ríos… que quedaron grabados para siempre en la Quiesqueya actual.
De hecho, según un estudio del Instituto de ADN de Puerto Rico, los dominicanos y las dominicanas, tanto en la región este como en la región sur, poseen de un 40% a un 60% de sangre taína y de un 40% a un 80% en cuanto a rasgos culturales, música, espiritualidad y costumbres culinarias. Hoy día la cultura dominicana lleva intrínsecas esas tradiciones que aquellos hombres, sin saberlo, legaron a la posteridad, y que el dominicano entrega más de cinco siglos después, convertida en uno de los elementos que más atrae al visitante que llega a esta porción de la isla, y queda encantado por la lujuria de sus paisajes y la calidez de su gente.