El universo en la cerámica
No pocos han comparado al ceramista con el orfebre y también con el alquimista medieval que pactaba con el demonio para quebrar las leyes de la naturaleza. Particularmente, pienso en el valor humano de toda obra de creación en su doble carácter: utilitario y como producto del espíritu; de ahí que el traspasar los umbrales de esa especie de templo donde se rinde tributo diario al arte y a la amistad, que es el taller de la calle San Lázaro, en el que Raciel Feria y su equipo de trabajo cuecen el barro para transformarlo en variedad de piezas artísticamente trabajadas, haya constituido para mí una grata experiencia.
Es precisamente en este marco donde ocurrió el primer encuentro con la obra del artista; la naturaleza toda, con su fuerza telúrica, se me develaba en la variedad de motivos representados en platos y piezas escultóricas. Sol, luna, mar, tierra, aire; variedad de peces, algas y caracoles; exóticos pavos reales y muy en especial, las flores: todo un universo aparece integrado en este horizonte plástico, fuente de un original mundo técnico y metafórico.
Un canto a la Madre Naturaleza En el transcurso de nuestra conversación, me fueron revelados algunos aspectos que por sí mismos explican conceptualmente su arte; "ningún ser humano debe estar ajeno al mar; siento que parte sustancial de mi obra es el producto de un duelo o quizás mejor, un pacto con Yemayá: el motivo reiterado del agua, la necesidad de penetrarme de sus misterios y esencias, de captar y expresar artísticamente sus variados matices de azules, de arrancarle toda su espuma y transparencia, ha devenido para mí una especie de reto". Es esta la causa por la cual muchas de sus composiciones tienen como principal motivo este elemento.
La flor -máxima expresión de lo hermoso y humano- en su variedad de tipos, matices, colores y formas, es también un tema reiterativo; con ella se eleva al cosmos del espíritu y la poesía. De ahí que exprese que uno de sus más caros propósitos sea el de "captar la vitalidad de la naturaleza". Ofrecerla a los ojos y a la imaginación, es lo que desea; nunca ha sido su intención agredir. Por lo tanto: ni fuertes ni violentos contrastes; ni la angustia expresionista ni el retorcimiento gestual; tampoco la ironía caricaturesca; en su lugar, la delicadeza de la imagen, la armonía, la frescura de sus tonalidades pasteles; todo se reúne sobriamente en esta obra que es "un canto de gracia al agua, al sol, a la luna, a las flores, por permitirnos disfrutar la vida".
Su exposición dedicada al Día Mundial del Medio Ambiente, posee el real valor de un mensaje ecológico : el arte ha de contribuir a la protección del entorno que rodea al hombre; para ello, además de su función propiamente estética, deberá poseer otra educativa, de ninguna manera reñida con la primera.
Trayectoria artística
La trayectoria artística de Raciel Feria está marcada por la huella de varias etapas que él considera cruciales. Así descubrimos aquella primaria, de sus años de infancia en el pueblecito de Banes, provincia de Holguín, donde jugaba con fragmentos y objetos evocadores de la alfarería aborigen: De esta manera, en la hoy llamada "capital de la arqueología cubana", fue desarrollándose su respeto hacia la obra artística e histórica de nuestros antepasados.
Después vendría un segundo período, cuando se forma como instructor de arte y se traslada a La Habana, donde divide su tiempo entre los festivales de aficionados y el taller de cerámica del Parque Lenin. Estudia Historia del Arte, lo que complementa su experiencia autodidacta. Feria considera ésta como una de las etapas más bellas de su carrera artística, pues todo su esfuerzo se vuelca en la formación de nuevos valores. Declara que en ese tiempo no realiza, al menos en apariencia, obra creativa; sólo se prepara para el futuro. Así, mientras en el año 1976 dirigía las Artes Plásticas en La Habana, fue adquiriendo experiencias y brindándolas, relacionándose, informándose; en fin, que este tiempo constituyó una especie de tregua necesaria para el talento creador.
Según propias reflexiones, hubo un tercer momento caracterizado fundamentalmente por su labor en el Fondo de Bienes Culturales y el Centro de Diseño Ambiental, junto a valiosas personalidades de la cultura con quienes compartía la hermosa tarea de dirigir, en especial, la ambientación de instalaciones destinadas al turismo. Desde el año 1980 hasta nuestros días, este ha sido el principal empeño del artista. En hoteles de La Habana, Varadero, Cayo Coco y Cayo Guillermo, se observa en piezas, objetos y murales, la impronta de este artífice que, por encima de afanes personales de gloria, ha colocado la que considera su primera y más necesaria vocación: la de promotor cultural. El hecho de conjugar arte, turismo y dirección, elementos aparentemente incompatibles, lo indujo a una mayor autoexigencia.
En la medida en que ha ido acumulando conocimientos, la obra artística particular de Raciel Feria ha crecido en valores. Hoy, su última exposición El Cuarto Mundo muestra cómo se conjugan en ella las fuerzas o elementos de la Madre Naturaleza, para ser recreados y trascendidos plástica y poéticamente, en ese particular cosmos donde señorea la belleza en una luna de invierno, o en la gigante ola cuya espuma descubre las esencias de lo imperecedero. Con la tenacidad típica del orfebre, este mago del pincel pule, esmalta, pinta, trabaja cada pieza, para encontrar la textura ambicionada, la imagen exacta que le permitirá develar su real esencia interior.
Resumen de su trayectoria En 1998 cursó adiestramiento en diferentes técnicas artísticas de la cerámica en Faenza, Italia; también en la Cooperativa de Cerámica de Imola, en el mismo país.
En 1999 estuvo presente en un intercambio de técnicas artísticas para la realización de cerámica artesanal en Colombia.
A partir del año 1962 ha participado en más de 25 exposiciones colectivas y más de 15 personales en La Habana, Holguín, Varadero...
Sus obras integran colecciones en Cuba y el exterior; muchas de ellas se hallan en algunas privadas en Francia, Estados Unidos, España, Italia, Canadá, México, Santo Domingo, Japón, Ecuador, Brasil, Alemania, etc.
En 1976 es nombrado Director Provincial del Centro Metodológico de La Habana.
Desde 1978 hasta 1990 funge como Coordinador Provincial de Artes Plásticas y Diseño de Provincia Habana.
Ha tenido activa participación en la labor de ambientación de los hoteles Tryp Cayo Coco y Club Med, Sol Club Las Sirenas y Paradisus, en Varadero; también en el Habana Libre y Cayo Santa María, entre otros.
En la ambientación del hospital Julito Díaz, así como en la del Polo Científico del Consejo de Estado y la del Parque Metropolitano de La Habana está presente la impronta de su estilo.