El Caribe antes de Colón
Una mirada al paraíso del Caribe nos obliga a hurgar en la rica historia de la región y sus habitantes originarios, de quienes se dice fueron grupos muy pacíficos, sin escritura y lejanos de lo que hoy llaman civilización.
Los estudios arqueológicos y antropológicos contemporáneos dan cuenta, sin embargo, de los misterios y grandezas de las culturas gestadas en los antiguos territorios antillanos bañados por el mar; ellos fueron testigos durante siglos de sucesivas oleadas humanas. Esos grupos, muy distintos de los europeos en fisonomía –hombre y mujeres semidesnudos, de tez amarilla-cobriza y espeso pelo lacio-, estadío de desarrollo y cosmovisión, fueron considerados seres inferiores, carentes de espíritu y alma; de ahí que la conquista de las nuevas posiciones en ultramar se caracterizara por el dominio y/o exterminio (genocidio) con espada y cruz en mano.
Si partimos de una de las clasificaciones más difundidas en la literatura especializada, el gran Caribe, como le llaman a toda la región salpicada por este, incluye a los antiguos territorios mesoamericanos como la parte mexicana de Yucatán, Honduras y Nicaragua, donde se asentaron muy temprano los grupos que coexistieron con los aztecas y los mayas. También habría que sumar el norte de América del Sur (Colombia,Venezuela y Guyana).
Antes de 1492, fecha en que el almirante genovés Cristóbal Colón creyó haber descubierto las lejanas tierras orientales, lo que hoy ocupa el Caribe estaba habitado por los antepasados de las familias lingüísticas arahuaca (arawak, arahuacos) y caribe. Los arawaks poblaron casi la totalidad de las islas y territorios de las Antillas mayores y menores, mientras las tribus caribe invadieron y sometieron a esos grupos por algún tiempo, y luego se desplazaron hacia las áreas pequeñas y el continente .
De aquellos que dieron nombre al mar, puente histórico por excelencia de dos porciones del continente americano, se cuenta que no eran tan pacíficos como los arawaks; mostraban su beligerancia durante las campañas de conquistas y en el contacto con otras etnias. Fueron de los que más resistencia opusieron a los conquistadores españoles. Difícil ha resultado para los expertos fijar con exactitud, mediante los fechados radiocarbónicos, la antigüedad de los primeros habitantes en las Antillas; recientes descubrimientos arqueológicos en la Isla puertorriqueña de Vieques, remontan la presencia de diferentes culturas a tres o cuatro mil años A.C.
Arqueólogos insatisfechos perseveran en la búsqueda de nuevas señales culturales, pues sostienen un fechado más temprano para la región, de unos 10 000 años A.C , lo cual se cruzaría con las hipótesis más generales del poblamiento de América.
Todos los estudios coinciden en señalar que fueron los arawaks y caribes los primeros en atravesar ese gran corredor marítimo desde el norte de Sudamérica, hacia el otro extremo continental. Para los arqueólogos e historiadores se trataba de las culturas subtaínas, taínas y de otras denominaciones, en correspondencia con el grado de complejidad, diseminadas por Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Aruba, Jamaica, Antigua y otros enclaves antillanos, hasta el Caribe venezolano y Guyana. YA ESTÁ PRESENTE LA CERÁMICA El Caribe fue, desde sus inicios, escenario de constantes migraciones sucesivas, y lo evidencia su composición demográfica antes de Colón, durante la colonia (española, portuguesa, inglesa, francesa y holandesa) y los tiempos modernos. Esto hizo de la región, según afirma la investigadora cubana Yolanda Wood, “una encrucijada de culturas, espacio de intensa multiplicidad de orígenes”.
El proceso de colonización llevado a cabo por españoles, ingleses, franceses, holandeses y portugueses en la zona del gran Caribe, integrada por más de 30 territorios, conformados posteriormente en naciones independientes, terminó con el exterminio casi total de la población autóctona, la cual legó el nombre a todo lo que rodeaba el entorno circundante (ríos, montañas, animales, plantas y otros fenómenos naturales).
Los arahuacos, llamados también aruacos, arbacos y arawaks , constituyen una familia lingüística expandida a través del Amazonas, por Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, hasta Trinidad y en Sudamérica, desde su costa norte del Orinoco, hasta Perú y Paraguay.
Cazadores y recolectores que empleaban el sílex como elemento distintivo de la actividad humana y que se caracterizaban por la ausencia de implementos de concha y hueso, encabezan la relación de quienes fueron llamados “los primeros padres de los caribeños”.
En el inmenso y polifacético universo arahuaco sobresalió la cultura subtaína, que aunque ceramista, tuvo expresiones culturales menos complejas que la taína. Con una cerámica de pobre decoración e incisiones rústicas, no llegaron a desarrollar la talla en madera a gran escala; su juego de pelota, entendido como esquema habitacional, no presenta construcciones importantes en el área. Tampoco su organización religiosa alcanzó el umbral del sistema ceremonial taíno.
Antes de esbozar la siguiente etapa de estadío alcanzado por esas comunidades, vale comentar algunas de las confusiones que se presentan en el uso indiscriminado de los términos arahuaco y taíno. El primero apunta a una clasificación etnocultural y lingüística, mientras el segundo se relaciona con la cultura material y espiritual, y es empleado en estudios arqueológicos.
Los hallazgos más representativos de la cultura taína -considerado el grupo cultural más avanzado- se ubican en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Poseían un conocimiento a fondo de la agricultura y juego de la pelota con grandes centros ceremoniales.
Realizaban sorprendentes trabajos en piedra y concha. También sobresale una cerámica complicada en sus formas de decoración, elaborada con todo tipo de material. De los cimientos de esa cultura, emergió una estructura social compleja constituida en cacicazgos, y el desarrollo del sistema de cultivos en “conucos”, montículos redondeados, hizo a sus portadores protagonistas de una verdadera revolución neolítica en el Caribe.
Varios autores mencionan, además, a los Igneri, arahuacos sometidos después por los caribes, un grupo cercano a los taínos en algunas costumbres, que poblaron Trinidad, Islas Vírgenes, Puerto Rico y República Dominicana; asimismo a los Ciguayo-Macorix, de la Española; a los subtaínos, en Puerto Rico, Jamaica, parte de Cuba, parte de las Bahamas y de Haití y a los lucayos, habitantes de las islas Bahamas, clasificados como subtaínos en transición hacia el grupo taíno. UN HILO QUEBRADO, “UNA HISTORIA INCONCLUSA.. Descritos como seres pasivos, los taínos tuvieron dominio de la siembra, la pesca y la alfarería. Los ídolos tallados en madera dan fe de sus creencias en el Sol y la Luna, como astros de la fertilidad, la continuidad de la vida, la reproducción. El casabe, base de la dieta aborigen , una especie de torta de pan obtenido de la yuca o mandioca rallada, condimentada con carnes de animales salvajes y pescado, pasó a ser incorporado a la alimentación en algunas regiones del Oriente de Cuba y Antillas Mayores.
El tabaco fue dominio de los taínos que lo utilizaban para mascar sus hojas, debido a las reconocidas propiedades curativas; aspiraban el humo durante las ceremonias y rituales religiosos encabezados por el behíque. Los dibujos grabados en las paredes de las cuevas revelan un mundo de reflexiones, temores y misterios acerca de los fenómenos naturales. Tales observaciones nos acercan profundamente a la espiritualidad del hombre precolombino; pero sus significados reales quedaron petrificados por la acción del tiempo sin poder precisarse su sentido o simbolismo.
La impronta de los primeros habitantes del Caribe quedó, sin embargo, en la rica industria lítica de piedra, concha, los objetos de madera, técnicas de elaboración de instrumentos para la caza, agricultura y pesca, y en la adoración a sus dioses; también, en una riqueza cultural espectacular, reflejada en la cerámica fina, diseños geométricos, adornos y otros.
Los recientes estudios en sitios de Puerto Rico, revelan la gran importancia de esa zona para el conocimiento de las culturas precolombinas del Caribe, en tanto la isla sirvió de puente cultural entre las pequeñas y grandes Antillas. Para los arqueólogos, la reconstrucción de la historia precolombina de las Antillas y el Caribe, pasa por el estudio de los yacimientos de Vieques, un eslabón clave en la cultura “taína” de los arahuacos.
Curiosos ordenamientos megalíticos, supuestamente utilizados por los nativos de esas tierras en observaciones astronómicas, constituyen un sorprendente descubrimiento, si se tienen en cuenta la época y una cultura considerada hasta entonces irrelevante, en comparación con las civilizaciones maya y azteca. Se trata de alineaciones de piedras sin labrar, colocadas de tal forma que permitieran a los arahuacos mil años antes de nuestra era, identificar la llegada de la temporada de cosecha, los cambios de estaciones y el advenimiento de los temidos huracanes.
De tratarse ciertamente de un calendario de piedra, como presumen las evidencias arqueológicas y las consideraciones de los investigadores, los remotos antepasados de los arawaks dejarán de ser considerados simples inventores del casabe, el arco y las flechas.
Esos signos de una cultura apagada y exterminada con sangre, que milagrosamente sobrevivieron tras el decursar del tiempo y las acciones implacables de la madre Naturaleza, nos hablan de que los primeros caribeños fueron quizá grandes genios y tuvieron capacidad suficiente para vencer a las adversidades del medio.