Casi todo lo que pasa en la vida depende de como se mire. Sin embargo ciertas cosas son objetivamente de una forma. Eso piensas cuando desde una isla del Caribe ves cuatro islas más en el horizonte, son simplemente bellas.

Así puede verse Nevis en los días claros desde Statia, en la lejanía pero cercana, agrupada con otros "pequeños paraísos" que, envueltos en neblina misteriosa o bajo el claro sol, nos hace inevitablemente tener ganas de conocer qué hay más allá. Y este fenómeno también ocurre en lugares como Cuba, no tan pequeño, desde donde vemos las luces de Jamaica.

Quizá éste es otro elemento que hace al Caribe especial, la capacidad de ver en perspectiva, de darnos idea de la dimensión de las cosas y de la nuestra propia. Nos hace sentirnos capaces de conocer mucho más de lo que simplemente tenemos a mano, nos despierta el sentimiento del multidestino y la ensoñación histórica, ya que con muy poca imaginación aparecen piratas, barcos y habitantes de otros tiempos.

Sea por lo que sea, el mar Caribe es una constante inspiración que queremos seguir descubriendo.