Pozo azul, río San Cristóbal.
Río San Cristóbal.
Pequeños saltos del río Santa Cruz.
Paso de Quitacalzones.

Distante a un kilómetro de la comunidad Ciro Redondo en el municipio de San Cristóbal, conocido al oído del campesino como Cinco Pesos, en el centro de la Sierra del Rosario, se ubica uno de los accidentes geográficos más notables de la región Vueltabajera, el cañón del río Santa Cruz.

Al llegar al mirador de Las Lajas, situado a orillas de la carretera de montaña en camino hacia Rancho Mundito, se descubre el valle formado por esta corriente fluvial que se abre paso a través de vastos territorios calcáreos, formando el conocido desfiladero; camino utilizado durante años por los campesinos de la intrincada región, para llegar a la llanura Sur.

La corriente fluvial toma nombre de una antigua hacienda ganadera, enclavada en la llanura meridional. En Las elevaciones de Rangel, aparecen las primeras aguas provenientes de ricos manantiales que le alimentan en su bregar.

Desde el espectacular mirador, los pinceles de la naturaleza describen con las más variadas tonalidades la vegetación que crece por doquier; aparecen formaciones que van desde el bosque siempre verde hasta la vegetación de mogote, cuyas especies cuelgan de las paredes verticales teñidas de blanco, ocre, amarillo, una mezcla difícil de ser reproducida por el estilo de los más connotados artistas plásticos, quienes dejan para la posteridad obras majestuosas. El descenso se produce por un camino amplio y de fácil acceso, contorneando pendientes, cimas, depresiones; dejándose ver algunas plantaciones de cultivos de subsistencia que por estos lares, plantan los campesinos muy cerca de sus rústicas pero acogedoras viviendas, donde los caminantes viven parte de las tradiciones campesinas; espacio propicio para el descanso o para beber un sorbo de agua.

Avanzados unos cinco kilómetros, arribamos a sus riberas; una primera impresión nos hace pensar que aguas abajo el río no fue capaz de tallar en la roca caliza, una quebrada cársica, custodiada por paredones verticales que sobrepasan los trescientos metros de alto, coronados por montañas que rebasan cotas de quinientos metros, dando aún más majestuosidad a estos parajes.

En los paredones, se pueden observar los diferentes niveles por donde corrían en épocas pretéritas, aprovechando las fisuras, grietas y fallas, las aguas en su acción erosiva formando milímetro a milímetro, durante millones de años, el paisaje cársico que hoy se observa.

Cada recodo, sorprende con un nuevo espectáculo. Por momentos, ambas paredes se aproximan obligando al caminante a tomar dos posibles y únicas alternativas: Una, la de convertirse en alpinista, desplazándose por las cornisas del cañón, para sobrepasar las pozas naturales que se suceden durante el trayecto, o mucho más sencillo, lanzarse a nadar en sus aguas. Los pasos más significativos, popularmente son conocidos como Caja de Agua, El Indio y Quita Calzones. Este último es el más aventurero, compuesto por una acequia cuyas paredes y fondo están formadas por rocas calizas en pequeños estratos; sus laderas verticales se unen hasta dejar sólo unos siete metros entre ellas, el color oscuro del lecho de agua delata profundidades superiores a los tres metros.

A cada paso en ambas márgenes, se abren innumerables cuevas que van desde una simple oquedad o solapa hasta la existencia de importantes cavernas. Recoge la historia, que en el año 1984, aparecieron en una gruta, en la margen este, a unos diez metros sobre el nivel del río, los restos de lo que fuera un cimarrón, que bajo el padecimiento de una enfermedad infecciosa y quien sabe qué otro tormento, muriera, al parecer en condiciones agonizantes. Dentro de los subterráneos más importantes del área se destacan las cavernas: Tres Nombres y Los Perros. La primera, enclaustramiento por tres días para dos espeleólogos durante 1984, que fueron sorprendidos en el interior de la cavidad, por una crecida, del río, atrapándolos en un punto donde la aguas, por suerte, nunca los alcanzó.

Ya al final de la travesía, un borbotón de frescura hídrica, brota perennemente entre grandes bloques, como si la montaña brindara al sediento caminante un poco de sí, como fraternal despedida del inolvidable recorrido. El entorno entrega, no sólo en su cañón, sino en toda su área, múltiples y variadas leyendas, historias y accidentes geográficos de alto valor. Así, se descubre el cañón Abreu, nombre que recibe una cañada que baja del este, hacia la llanura sur, formando siete niveles de cascadas fósiles en camino estrecho de apenas tres metros de ancho, labrado en las rocas; la belleza que le circunda es impresionante, predominando los esbeltos jagüeyes (Ficus sp.), que en debatida lucha por sobrevivir han tejido impresionantes redes con sus raíces sobre las rocas. La accidentada topografía desfiladero arriba, fue tomada por los esclavos fugitivos que huían de la crueldad esclavista. Rápidamente, tan agreste paraje se convirtió en uno de sus principales bastiones. Precisamente fue el contexto donde se movía la cuadrilla de la Madre Melchora, legendaria cimarrona que burló infinidad de veces a sus perseguidores.

El cañón del río Santa Cruz es uno de los más enigmáticos y paradisíacos lugares de la geografía vueltabajera, donde estudiosos, historiadores, naturalistas y artistas encuentran su realización.