Entre las delicadas brumas azuladas del buen habano, surgen las sorprendentes creaciones de exquisito gusto e imaginación desbordante. Son estos los elementos que signan las ediciones de Arte y Moda, ejecución de un proyecto anual de Rafael Méndez, en el cual una selección de reconocidos diseñadores cubanos crean sus trajes inspirados en obras de pintores, porque no son versiones de pasarela, sino la esencia misma de la obra recreada, arte al arte.

En su edición 2006 la metamorfosis de marquillas, esas litografías destinadas a identificar y embellecer la presentación del producto de la centenaria industria del tabaco, ha devenido en paradigma de vestuario y accesorios, en los que predominan riqueza cromática, formas, símbolos y detalles de la iconografía identitaria de las diferentes marcas.

Las figuraciones del siglo XIX y el XX motivan, inspiran y compulsan a convertir la imaginería en atrevido vestuario de extrema actualidad, en los que se emplean elementos y tejidos que acceden por vez primera al mundo de la moda.

Esta colección homenaje al arte del tabaco consta de veinte trajes entre los que se insertan, como atributos de excepción, seis creaciones tomadas de obras de los destacados pintores Nelson Domínguez, Flora Fong, Isabel Santos, Yosvany Martínez y Michel Mirabal, y el orfebre José Rafart, en diseños concebidos por Maray Pereda, Salomé Morales, Otto Chaviano, Jorge Luis González, Liang Domínguez y el propio Mirabal. El carácter de excepcionalidad radica en que los motivos no parten solo de memorables marquillas, sino de los ámbitos más diversos relacionados con el arte y el placer del tabaco.

Resulta interesante que de las catorce marquillas representadas, tres de ellas corresponden a producciones actuales: Romeo y Julieta, marca que se identifica desde el siglo XIX y que en esta ocasión Maité Duménigo anima con un traje de líneas neo-enacentistas, para una imagen contemporánea de los personajes de Shakespeare; Cohíba, el trazado geométrico, los elementos cromáticos en un imaginativo conjunto de Jesús Frías (CHUCHY); y San Cristóbal de la Habana, modelo arquitectónico y contrastes cromáticos del barroquismo colonial realizado en patchwork con el pespunte a la vista de Alina Núñez.

En las restantes marquillas está la huella de maestros del diseño como Rafael de León, Habanos 1830, inquietante y ambigua imagen del elegante, en el contraste de la camisa de suave textura con la casi férrea estampa del resto del conjunto; Piedad Subirats, La Gloria, imagen art déco, en un vestido que sugiere el haz de varillas, visión de la república atrapada con elegancia y frescura.

También jóvenes diseñadores han asumido y ejecutado las demás marquillas. Rigoletto, de Ignacio Carmona (NACHY), realizado al crochet con espejos y abalorios, toda una fiesta de la imaginación, se acompaña de una máscara elaborada por el pintor Vicente Rodríguez Bonachea; con La Flor Cubana, Mario Freixas logra un conjunto de singular eclecticismo para lo que emplea macramé, cuentas de cerámica, bordados y aplicaciones; mientras Vasija de cerámica(XIX), Eidania Pérez Casas y Lourdes León, es un sencillo conjunto en azules que se integra con una sombrilla en papier maché.

Encontramos además La flor de José Suárez Murias, Alberto Leal; La Flor de Cuba, Obniel García y Fidel Aguilera; Venus, de Rolando Rius; Santa Damiana, Yordanka González; La Historia del tabaco, Salomé Morales; y Perla del Océano, Rosa Díaz y Bertha, Anissa Pradere.

El toque final, la fotografía de Elker Soto, que con un profesionalismo admirable ha plasmado desde diversos ángulos el diseño del traje y la gracia de los modelos que lo exhiben, es memoria fiel de un loable desempeño.