«No soy de los que ponen en cuarentena las virtudes del pueblo cubano. Conozco su historia y eso me basta para mantener perennemente encendida la fe de sus destinos. Ningún relato más reconfortante y aleccionador que el de sus sacrificios, abnegaciones y bizarrías. De sus lágrimas, sudores, bravuras y afanes brotó la nación…

En Cuba, por fortuna, como en todas partes, lo que más vale es el pueblo. Siempre está en su sitio y siempre está presto a lidiar por la libertad y el decoro, incluso de los que pueden vivir, sin recato ni protesta, en la coyunda y la ignominia».

Tomado del libro El Canciller, de Manuel González Bello, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1999.