Novelas reales que estremecen
Por los cuatro costados de Granma brotan novelas reales: un indio derriba del caballo a pedradas a un conquistador; un gran cacique, después de morir valientemente en la hoguera, lanza luces fantasmales por las noches... incluso hasta el día de hoy; un negro brioso clava su lanza en el abdomen de un pirata; un rico propietario quema su propia casona para que los enemigos españoles solo recojan a su entrada las cenizas humeantes desprendidas de las maderas preciosas.
Así es el alma y la vena de esta provincia, que continúa hablándonos de la necesidad del viaje al pasado y a los acontecimientos cumbres, esos que silenciosa o abiertamente repercutieron en el destino de Cuba. No en balde muchos la llaman «Primera por su historia» o «Provincia de las primeras veces».
En la zona de influencia de Bayamo (gran parte de la llanura del Cauto) surgió la primera obra literaria de este país (Espejo de Paciencia, de Silvestre de Balboa, en 1608); el primer mártir de Cuba (Hatuey, 1512), y brotó La Bayamesa (marzo de 1851), primera canción trovadoresca y romántica de la nación. Aquí tuvo lugar, en La Demajagua (Manzanillo, 10 de octubre de 1868) el estallido independentista liderado por Carlos Manuel de Céspedes; y, en Yara, un día después, el primer combate del Ejército Libertador.
Granma es también cuna de la primera victoria de los mambises, del Himno, la Revolución, la nacionalidad, el primer periódico genuinamente independentista y también de uno de los acontecimientos más sorprendentes para la Humanidad en el siglo XIX: la quema total de la ciudad de Bayamo, el 12 de enero de 1869.
¿Por qué fue en esta área donde cristalizaron todos estos episodios gloriosos? Esa respuesta está acaso en la historia anterior al siglo XVI, tal vez poco analizada por el común de los cubanos. Los acontecimientos vinculados a los indígenas de la comarca y a la fundación misma de la villa de Bayamo (segunda en Cuba) revelan detalles ineludibles.
SE VOLVIÓ LUZ
Con reiteración nuestro pasado se ha contado a partir de acciones de las guerras libertarias. A un fragmento importante vinculado con la existencia de nuestros aborígenes se les pasa por encima. Tal error es mucho más notable en el caso de esta porción del oriente cubano. Aquí los nativos, enmarcados dentro de la cultura subtaína, protagonizaron varios actos de rebeldía como oposición a la conquista, la colonización y la consiguiente fundación de la villa.
No son pocos quienes señalan que Bayamo, con una «población superior y más avanzada a las de su misma categoría», al decir del periodista ya fallecido Rubén Castillo Ramos, estaba fundado por los primitivos, de modo que los españoles solo hicieron un bautismo forzoso a la castellana.
El mismo nombre de Bayamo tiene una raíz india. Según los estudiosos, el bayam, identificado hoy por la güira o por la yamagua, era un arbusto a cuya sombra –de acuerdo con las versiones de los aborígenes– las fieras más salvajes se tornaban dóciles.
Esta población –algo olvidada en ocasiones– se había establecido en el lugar 300 años atrás (unos dicen más) y no era incivilizada. Desprovista de las costumbres nómadas, tenía conocimientos sobre la cerámica, las plantaciones y las construcciones de bohíos y caneyes.
Lo indígena está asimismo amarrado a la figura de Hatuey, llegado a estas tierras sobre el año 1510, procedente de Quisqueya. Él desanduvo por la región de Bayamo para hacerles ver a sus semejantes la codicia amarilla española y el posible exterminio de la raza aborigen. Su mensaje provocó la primera gran sublevación. El mismísimo Diego Velázquez tuvo que participar en la persecución, y en febrero de 1512 logró capturarlo en la costa sur de Oriente.
El recio cacique, de unos 50 años o más, fue trasladado al poblado aborigen de Yara, a unos 40 km del actual Bayamo, y como se negó a someterse a los dioses de los europeos, resultó quemado vivo ante la cruz. De este acontecimiento emergió la leyenda de la Luz de Yara, la cual posee dos variantes: una vinculada a la india con ese mismo nombre que, perseguida por los conquistadores se abrazó a Hatuey en el fuego y desprendió al quemarse un extraordinario haz; la otra relacionada con el jefe rebelde, quien durante las noches, después de aquel acto bárbaro, se pasea transformado en luz por los aires, el cielo y los contornos.
Luego hubo otras rebeliones como las del Cacique Cagua, en una de estas salió apedreado el célebre Pánfilo de Nárvaez.
La presencia de lo indígena era tan fuerte por estos contornos que en 1701 surgió el pueblo indio de Jiguaní, una demostración de que los aborígenes cubanos no fueron exterminados inmediatamente, como sugieren muchas personas hoy.
LIBERTADORES Y LUGARES SAGRADOS
Del actual territorio de Granma salieron una pléyade de personalidades, algunas de las cuales se convirtieron en padres fundadores de la nación como Carlos Manuel de Céspedes, Perucho Figueredo y Francisco Vicente Aguilera. Igual fueron libertadores al lado de ellos: Francisco Maceo Osorio, Rosa Castellanos (Rosa La Bayamesa), Candelaria Figueredo, Adriana del Castillo, Bartolomé Masó, Manuel de Jesús Calvar (Titá) y Franciso Javier de Céspedes. Estos tres últimos, como Carlos Manuel, llegaron a ser presidentes de la República en Armas, y los tres, por coincidencia, reposan en el cementerio de Manzanillo.
Pero también es obligatorio referirse a figuras que hicieron historia no solo en Cuba sino también en América: José Joaquín Palma, autor del Himno Nacional de Guatemala; Manuel del Socorro, padre del periodismo en Colombia; y Manuel Cedeño, quien luchó al lado de Bolívar.
No pueden desdeñarse tampoco nombres como los del poeta Juan Clemente Zenea, el académico y reformista José Antonio Saco, el bardo José Fornaris, la poeta María Luisa Milanés y el músico Manuel Muñoz Cedeño. Más cercanos en el tiempo están otras personalidades ineludibles en la historia de Cuba: Agustín Martín-Veloz (Martinillo), precursor del socialismo en la Isla; Paquito Rosales Benítez, primer alcalde comunista del país; el luchador Blas Roca Calderío, el Comandante del Ejército Rebelde Manuel «Piti» Fajardo y la Heroína de la Sierra y el Llano, Celia Sánchez Manduley.
Por todo eso, es lógico que la provincia cuente con más de 600 sitios históricos, que marcan las huellas de estos hombres y mujeres, pero también de otros seres excepcionales que se vincularon a este suelo. En un lugar del municipio de Jiguaní, llamado Dos Ríos, por ejemplo, ofrendó su vida en combate el Héroe Nacional, José Martí (19 de mayo de 1895).
Bayamo, capital provincial, estuvo ligada a la gesta del 26 de julio de 1953, pues 25 integrantes de la Generación del Centenario asaltaron ese día el cuartel Carlos Manuel de Céspedes.
Por Los Cayuelos (Niquero) desembarcaron Fidel y otros 81 expedicionarios del yate Granma; en Alegría de Pío (Niquero) tuvo su bautismo de fuego del naciente Ejército Rebelde, en las montañas granmenses nacieron Radio Rebelde y las comandancias de La Plata (Bartolomé Masó) y La Mesa (Buey Arriba), dirigidas por Fidel y el Che, respectivamente.
Hay muchísimos más lugares y acontecimientos que estremecen, pero no caben en estas líneas, una demostración de que en Granma cada rincón habla de leyendas, cada piedra late de historia y memorias.