Al conversar con Jorge Hidalgo Pimentel es conveniente dejar la prisa a un lado. Su hablar pausado entreteje historias, vivencias de naturaleza múltiple, sabiduría, pasión por lo que hace. No es de trabajar por encargo, ni por eso de que la musa lo visite con mayor o menor frecuencia. Hidalgo labora sin cansancio, sin importar cuándo o ante quién se exhibirán las piezas. Tal vez por eso, recorrer sesenta años de vida artística haya sido meta ambiciosa para la exposición con la cual el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín dio cierre a su programa del 2018 y abrió las puertas a nuevos compromisos, no menos exigentes, con el arte.
Visiones y presagios deviene antología que recoge desde los primeros tanteos del autor, en la década de los cincuenta, hasta sus obras más recientes. En el recorrido se trata de advertir la génesis y divertimentos del trazo expresionista, la línea gruesa, la preferencia por una figuración a veces grotesca que va cediendo paso a una formulación donde el color, las texturas y el suplemento verbal dan como resultante una lírica visual de valores propios.
El criterio curatorial se propuso entablar diálogo con diferentes zonas de la creación con la cual el artista ha interactuado por experiencia propia o cercana, como la literatura y la música. Así, la inauguración resultó atractivo performance donde la sonoridad del proyecto Electrozona se mezcló con los tambores batá de la Compañía Folklórica La Campana, mientras los escritores Rubén Rodríguez y Luis Yuseff, con la maestría de un depurado oficio literario, se adentraron en las desgarraduras, reverdecimientos y esencias del alumbramiento artístico para quien crear constituye un acto de fe. El espacio de la galería y el catálogo funcionaron entonces como una gran nganga.
La selección de más de un centenar de obras, entre pinturas, dibujos y grabados, a cargo de las especialistas Bertha Beltrán y Lissett Creagh, privilegió, como hilo conductor, un discurso articulado a través de elementos de la religiosidad popular cubana y caribeña. La santería, el palo monte, el espiritismo de cordón, entre otras expresiones y motivos, se entremezclan, traducen una búsqueda incesante de identidad, esa que le fuera revelada a Hidalgo en su natal Mejías de Barajagua, donde interactuaron su ascendencia asturiana y dominicana, mitos y ritos de asentamientos antillanos, la leyenda de la niña bruja o aquella sobre el hallazgo de la Virgen de la Caridad.
Este interés fue creciendo al formar parte del núcleo fundacional de la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba, que le propició conocer a más de una nación caribeña, el carisma de su gente, pero también una historia común de dominación y acciones emancipatorias que no termina. De ahí que pueda evocar con igual fuerza al negro Mackandal como a Martí, improvisar un romance del chupacabras desde una estela maya o conjugar, en excelentes collages, la carga simbólica de lo real maravilloso que Carpentier sintetizara en sus novelas.
Esta temática ha convivido paralelamente con otra de relación suspicaz con el contexto, en la cual se pone de relieve una figuración deudora de lo goyesco, de Antonia Eiriz y hasta del mejicano Cuevas. En una y otra, se hace latente el examen social, subyacente en la mirada del autor. Intelectual inquieto que no abandona su condición de lector voraz, observador participante, practicante confeso y estudioso de esas prácticas populares.
 A sus 77 años, Hidalgo aprende con humildad y lega una obra amparada en la savia de culturas ancestrales presentes en la cotidianidad de nuestros pueblos. Su nombre también rubrica poemarios y obras suyas ilustran numerosas publicaciones de poesía y narrativa. Holguín se precia de contarle entre sus principales referentes artísticos.

The first wall of Kike Valderrama
Recorrer sesenta años de vida artística haya sido meta ambiciosa para la exposición con la cual el Centro Provincial de Artes Plásticas de Holguín dio cierre a su programa del 2018 y abrió las puertas a nuevos compromisos, no menos exigentes, con el arte.
Visiones y presagios, de Jorge Hidalgo Pimentel, deviene antología que recoge desde los primeros tanteos del autor, en la década de los cincuenta, hasta sus obras más recientes. En el recorrido se trata de advertir la génesis y divertimentos del trazo expresionista, la línea gruesa, la preferencia por una figuración a veces grotesca que va cediendo paso a una formulación donde el color, las texturas y el suplemento verbal dan como resultante una lírica visual de valores propios.
A sus 77 años, Hidalgo aprende con humildad y lega una obra amparada en la savia de culturas ancestrales presentes en la cotidianidad de nuestros pueblos. Su nombre también rubrica poemarios y obras suyas ilustran numerosas publicaciones de poesía y narrativa. Holguín se precia de contarle entre sus principales referentes artísticos.