En noviembre de 1782, los hermanos franceses Josseph-Michel y Jacques Montgolfier descubrieron que el fuego de la chimenea era capaz de elevar una bolsa de papel, fue así que se les ocurrió hacer los primeros globos. Después de varios intentos con globos pequeños, el 5 de junio de 1783 presentaron su invento ante cientos de personas en el pueblo francés de Annonay. Era un globo de tela forrado de papel, lleno con el aire caliente de una fogata, el cual se mantuvo elevado durante 10 minutos, alcanzando una altura de 1000 metros.
Meses más tarde, el 11 de septiembre de aquel año despegó de Versalles un globo tripulado por un pato, una oveja y un gallo. El vuelo duró 8 minutos y fue presenciado por el rey Luis XVI y el resto de la corte. Justo un mes después, Pilatre de Rozier y el Marqués de Arlandes fueron los primeros pasajeros humanos en volar en globo. Los globos aerostáticos comenzaron a ser conocidos hacia el año 1796, y a mediados del siglo XIX las ascensiones en globo se convirtieron en un espectáculo de entretenimiento.
El primer aeronauta de Cuba fue el francés proveniente de Nueva Orleans Eugenio Robertson. El 19 de marzo de 1829 se elevó en un globo aerostático desde la Plaza de Armas de La Habana, como parte de los festejos por la inauguración de El Templete, con lo cual ganó la nada despreciable cifra de 15 000 pesos. En 1830, el francés Adolfo Theodore, realizó tres ascensiones. Le siguió el cubano José Domingo Blinó, quien construyó su propio globo y preparó el gas hidrógeno para inflarlo, realizó una primera ascensión el 3 de mayo de 1831 y una segunda en 1833. Hubo otros entusiastas aeronautas como los norteamericanos Hugo Parker, quien voló el 10 de julio de 1842, y William Paullin, quien despegó el 27 de abril de 1845, así como el francés Victor Verdalle quien lo hiciera en febrero de 1850. Relevantes fueron los casos de Eugenio Godard, quien realizó varias ascensiones con bastante éxito, y el del excéntrico Boudrias de Morat quien partió desde el Campo de Marte el 22 de marzo de 1856.
Portugués de cuna, Matías Pérez, quien poseía un taller de toldos en la calle Neptuno y además era conocido como El Rey de los Toldos, fue el único de estos aventureros que pasó a la historia. Estudioso y un amante de la aeronáutica, compró a Eugenio Godard el globo, La Villa de París por 1200 du ros. El 12 de junio de 1856 el pueblo habanero se reunió para decirle adiós al portugués. Su globo tuvo buenos vientos y descendió a dos millas del Cerro. Pocos días después, obtuvo el permiso para realizar una segunda ascensión, fijada para el 28 de junio, pero transferida después para la mañana del 29. Luego de una larga espera debido a las inclemencias del tiempo, lo vieron volar sobre el Paseo del Prado y ser arrastrado hacia el mar por el viento, que lo hizo desaparecer tras las nubes.
Aunque se llevó a cabo una meticulosa investigación en Pinar del Río, La Habana y Matanzas, Matías Pérez nunca apareció. Algunos años después, en unos cayos próximos, se encontraron los restos de un globo aerostático, pero jamás se supo si se trataba de La Villa de París. Actualmente cuando alguien desaparece sin dejar noticia se dice que “Voló como Matías Pérez”. Fue el portugués Matías Pérez el primero en admirar las bellezas de la Isla desde el aire, sentando una pauta para los aeronautas de hoy en sus diferentes modalidades de vuelo.